Marie-Therése Guinchard y Pierre Paolantoni son dos
investigadores franceses que en la década de los 70’ recogieron sus
experiencias de una entrevista realizada con Moricz en un raro libro, Los
Intraterrestres Existen. El trabajo de los franceses es importante porque es
una de las pocas oportunidades donde Moricz, que en el libro está camuflado
bajo el nombre de Yan, se explaya acerca de las motivaciones que lo
inspiraron a emprender la búsqueda de los tesoros escondidos en las
profundidades.
Antes de introducir al lector en el relato, se hace necesario mencionar
algunas incongruencias detectadas. Por ejemplo: no hay especificación en
cuanto fechas, solo algunos supuestos o precisiones vagas. Tampoco resulta
muy clara la posición adoptada por Juan Moricz de negar su identidad; y por
último la introducción del factor ufológico-intraterrestre que agrega más
confusión a la narración. A pesar de estas alertas, el libro resulta válido
y es un testimonio que merece ser conocido.
Desde los primeros capítulos lo autores señalan el “carácter fantástico de
la historia”, que es contada en tercera persona por Yan, “arqueólogo
húngaro, venido directamente de su país natal para poner al día el fabuloso
tesoro de Atahualpa, el inca vencido, traicionado, asesinado por las hordas
españolas del siglo XVI”. “Vuelvo sobre mis pasos, consciente de la
dimensión de mi descubrimiento, Decido pues hacer todo lo necesario para
explorar a fondo la ciudad bajo los Andes, pero con el material y el equipo
requerido para una empresa de tal naturaleza”
“Necesité un mes para volver a la ciudad // Informé a mis amigos del
fabuloso descubrimiento y les expliqué la urgente necesidad de organizar una
expedición, con víveres, luces portátiles, armas, etc. ... El costo de la
operación, las dificultades de acceso al lugar, los peligros conocidos y
desconocidos, hacían vacilar a todos aquellos en los cuales confiaba //
Quedaba pues, desesperado en la misma puerta de lo desconocido sin poder
entrar cuando José (el abogado) [1]
aceptó ayudarme. Ciframos el costo de la expedición y gracias a él logramos
reunir el capital. // Para preservar la paternidad de mi hallazgo, hay que
oficializarlo. Sin esperar otra cosa que un apoyo moral, pedí audiencia a
los Ministros de Cultura y Turismo.
// “El descubrimiento de una civilización subterráneo no sería divulgado
oficialmente hasta no tener las pruebas irrefutables, palpables de su
existencia, por ejemplo, con objetos, documentos o fotografías que
atestiguaran la autenticidad de mi relato. Solo entonces, las autoridades
organizarían una nueva expedición // Este descubrimiento será el suyo – me
dijo el Ministro de Cultura – pero no las grutas, puesto que encontrándose
en nuestro territorio, incumbe a nuestro gobierno decidir su explotación.
Se entiende que sabremos recompensar sus servicios en su
justo valor. En el fondo no me creía, pero no quería correr el riesgo de
pasar al lado de lo que podría ser una fortuna para el estado. Su
representante insistió mucho en que la operación se organizara con la mayor
discreción, sin llamar la atención de un poderoso país vecino y de los
periodistas en busca de noticias sensacionales “.
Después de 10 días de caminata por la selva junto al “abogado”, Moricz,
arriba a la Jibaría de sus amigos. Allí tiene una entrevista con el gran
jefe de la aldea a quién ruega para que permita que su hijo, Genaro, lo guíe
hasta las cuevas como la vez anterior.
“El orgullo del viejo cede ante la evocación de sus ancestros que le digo,
hallarían cobarde a su hijo comparado conmigo, puesto que estoy dispuesto a
arriesgar la vida por encontrar la civilización subterránea. Nos advierte
los peligros que vamos a correr y nos cuenta la historia de los
intraterrestres, tal y como la aprendió de su padre”.[2]
“Los habitantes de las cavernas son Dioses – afirma- Han dominado la fuerza
de la tierra y la del sol. Poseen el rayo que mata con el que puedes
perforar las montañas. Su reino se extiende más debajo de las raíces de la
selva virgen, Mi padre ha visto cuando andaba cazando, abrirse la tierra y
elevarse al cielo una estrella brillante. Nunca llegaréis al lugar sagrado
si las sombras que lo habitan no quieren.
El sabio anciano miró largamente el fondo de mis ojos y colocó sus dos manos
sobre mi pecho. Sólo tú podrás oír sus voces. Tú, sólo, pues conoces la
lengua de nuestros padres. Pero ten cuidado con los que tus ojos van a ver.
No podrán soportar el resplandor de los metales que brillan como el fuego.
No debes tocar nada. No debes llevarte nada, ni un átomo de ese metal de
fuego aunque creas que estás solo, sus miradas te seguirán a dondequiera que
vayas”.
El descenso de Moricz a la Cueva.
“Una escala de espeleólogo nos permite pasar los pies sobre el suelo
resbaladizo de excrementos de pájaros nocturnos que habitan este agujero
vertical (Tayos) // Nuestros dos guardias armados, los jíbaros y nosotros
mismos, palas y picos en mano, en poco tiempo limpiamos unos cuantos metros
de pasillo // No advertimos ningún rastro de cemento. Estas piedras se
ajustan unas con otras al décimo milímetro.
En compañía de José y de un guardia, rehacemos el camino
que recorrimos la primera vez y que nos lleva a la primera sala iluminada
... por la columna de cristal. // un disco que cubre la superficie del techo
se dibuja encima de nuestras cabezas, un disco claro, cuya débil claridad
invade paulatinamente todo el espacio de la gruta ... No es una luz de día;
sino una especie de dulce fosforescencia que baña la inmensa sala sin
permitir la más mínima zona de sombra. ... ¿Por qué prodigio de ingenio se
puede crear semejante flujo luminoso?”.[3]
“Se oye el estruendo de un torrente, el agua irrumpe de pronto dentro de
nuestra galería ....” // “ ... La caída del agua obtura completamente la
salida // Decido cruzar el agua .. Pasado el muro de agua me hallo en un
promontorio sobre el que rompe el agua. Ante mi una caverna inmensa se abre
sobre la selva virgen... cuyas proporciones aproximadas son de veinte metros
de ancho por treinta de largo. La altura máxima debe estar entre diez y
quince metros // Siguiendo el curso de la cascada descendemos hasta la parte
más baja de la caverna”
En este punto de la narración los dos exploradores dan con un osario, donde
reposan miles de esqueletos sin cabezas.
“Bajo nuestros pies, a través del agua que desborda el lecho principal de la
cascada, veo piedras ajustadas, pulidas, gastadas debido a la erosión del
agua. Son las losas que dibujan un camino hacia los bordes del bosque de la
caverna // Cogidos de la mano, tanto es nuestro temor de caer el vacío,
penetramos juntos, o casi, por la angosta puerta a un minúsculo pasillo que
se prolonga hacia el interior de la montaña // Cegado por las ráfagas de
viento y agua, busco apoyo con las manos en el suelo, para alejar de mi
mente la penosa sensación de ya no reposar sobre la tierra firme...”
“Escarbo la tierra húmeda. A unos diez centímetros, mis uñas tocan la roca.
Es plana y lisa. .. aparecen losas // nos deslizamos al interior no sin
dificultad ... Uno tras otro, bajamos por una escalera de escalones iguales.
Una escalera sin fin. El haz de luz de mi lámpara, ahora más débil se pierde
en las tinieblas sin encontrar obstáculo ... // Al pie de la escalera
tomamos una trayectoria horizontal. Se trata de una galería sin construcción
aparente. El piso es de tierra. La roca gris de la escalera es aquí negra y
reluciente. Sin embargo no es obsidiana, pero es tan pulida en ciertos
lugares que se refleja la luz de nuestra lámpara”
“Después de más de un kilómetro de marcha silenciosa, damos la vuelta hacia
el oeste, donde la galería desciende en suaves pendiente. Llevábamos como
una hora caminando, cuando desembocamos en una gruta oscura. Nos decepciona
comprobar que esta es una cavidad sin mano de obra y techo muy bajo... tiene
también un pequeño lago en medio, pero ninguna caída de agua...esta vez si
es un callejón sin salida.”
“Irrumpimos en la gruta que habíamos abandonado unas horas antes. Nuestras
lámparas alumbran un gran boquete. El lago se ha secado ... Detrás de esa
pared existe otra sala de donde venían esas manifestaciones sonoras que no
se parecían a ningún fenómeno natural ... Había en él modulaciones agudas y
graves, solo posibles de ser emitidas por animales o seres humanos” .[4]
Después de innumerables peripecias encuentra una puerta.
“A menos de dos metros, se abre una puerta que da a la plataforma. No la había visto! // Nos queda saber si cuando la gruta se llena de agua, y por consiguiente el lago, es ordenado o no es más que un fenómeno natural. Si es ordenado, es evidente que han querido eliminarnos sin conseguirlo, mientras ahora nos abren la vía. ¿Hacia qué otras trampas quieren conducirnos?. ¿Hemos merecido por fin entrar en la ciudad prohibida? ”
“En la oscuridad tres formas aparecen a mi derecha y tres
a mi izquierda ... Son formas humanas, de estatura menor que la media normal
contemporánea. Su cabeza es alargada y huidiza hacia el cráneo. ¿Portan
cascos o un tocado de gran tamaño?.[5]
“Dando la vuelta alrededor de las sombras, descubro un inmenso pórtico,
cuyas columnas encuadran la entrada de una galería. // Sentimos la curiosa
sensación de caminar sobre un haz luminoso en movimiento, del que emergen
nuestras cabezas // La fuente de luz proviene del fondo de la caverna. Una
especie de espejo giratorio proyecta sus rayos hacia mí.
Avanzo hacia el centro de la sala ... a mí alrededor y hasta donde la vista
alcanza veo un amontonamiento de oro centellante // A mis pies, por todos
lados, inmovilizados en las poses más naturales, esqueletos humanos
enteramente recubiertos de una fina capa de oro. Máscaras, collares y
brazaletes, adornan a los que fueron sin duda los más altos dignatarios de
esta misteriosa civilización”.
Descubrimiento de las planchas metálicas.
“En medio de la caverna de la que apenas veo la bóveda que aparece como un
cielo sin estrellas ni luna, se halla un pupitre de piedra pulida. Encima
abiertos, los unos al lado de los otros enormes libros de hojas de oro ...
Apenas me atrevo a rozar sus doradas páginas sobre las que están grabado
unos jeroglíficos”.
Los intraterrestres se comunican con Moricz.
“Repentinamente me veo de nuevo en las tinieblas. Toda la luz ha desaparecido. Un perfume que recuerda al incienso impregna el ambiente. // El tiempo ha suspendido su vuelo ... un resplandor lejano aclara progresivamente un podium .. se distinguen cuatro siluetas. Son hombres de talla menor a la media normal. Están vestidos con largos mantos o capas, cuyo material centellea bajo la luz. Vestiduras metálicas o ¿fibras mezcladas con hilos de oro?
Cada uno de ellos lleva sobre el pecho un triángulo
plateado. Sus rostros están descubiertos. Aunque están bastante lejos, puedo
distinguir sus rasgos ... ojos en forma de almendra alargada. El conjunto
del rostro es oviforme, y a pesar de ello el mentón parece cuadrado. La
frente alta. El cabello cubierto con una banda del mismo material que la
capa, adornada con una piedra preciosa. Los ojos me parecen oscuros”
“Frente a estos seres que pertenecen a otro mundo y, no obstante, tan poco
diferente a los terrestres no siento ninguna inquietud. Quisiera hablarles,
pero ¿en que idioma? ¿Español? ¿Magyar? ... Titubeo todavía, cuando una voz,
una voz que resuena dentro de mí, como una voz interior, se hace escuchar”.[6]
“Extranjero tu audacia te ha permitido superar las pruebas. Tú eres el
primero que ha tenido el privilegio de llegar por nuestra voluntad hasta
nosotros ... nuestra civilización domina desde siempre la fuerza del sol y
la de vuestro planeta: Tierra ... en esos libros indestructibles, la
historia de todas las civilizaciones está consignada: las de arriba y las de
abajo.
Puesto que nuestros conocimientos van más allá de estos
muros de piedra // Os consideramos como hermanos, ni inferiores, ni
superiores, solo distintos... Muchos entre vosotros conocen el secreto.
Ellos os ayudan hace siglos sin que lo sepáis // Vuelve al lugar de donde
viniste. El camino que abrirse ante ti, será más fácil y de lejos guiaremos
vuestros pasos. No toques nada que no te pertenezca, de lo contrario, nunca
más encontrarás el camino que lleva a tu sol”.
Andreas Faber Kaiser, que fuera uno de los primeros investigadores en
hacerse eco de este trabajo, intentó entrevistar a Guinchard y Paolantoni
para que confirmaran la veracidad de lo narrado por Moricz, pero los
franceses nunca atendieron sus reclamos.
En La Cruz del Diablo, su único artículo sobre la Cueva de los Tayos,
Andreas cuenta su odisea:
“En 1987 telefoneé a Pierre Paolantoni a su casa de París. Me interesaba
contactarle dado que catorce años antes también él había obtenido
información de primera mano de Janos Moricz –que por cierto cambió hace años
su nombre original húngaro de Janos por el español Juan. Quedé con Pierre en
que nos veríamos personalmente en la primera ocasión que yo tuviera de
viajar a París.
Cuando meses más tarde se dio esta ocasión, telefoneé
previamente para acordar una cita. Atendió al teléfono su mujer Marie-Therese:
que no hacía falta que fuera a verlos, dado que al día siguiente de mi
primera llamada, Pierre Paolantoni había sido ingresado de urgencia en una
clínica por haber sufrido un ataque cardíaco. Precisaba reposo absoluto y no
quería ni oír hablar del tema. Durante el invierno de 1991 acudí repetidas
veces al domicilio de los Paolantoni en París, pero jamás logré hablar con
ellos cara a cara.”
Si la historia resulta difícil de digerir, juega a su favor que su principal
protagonista nunca desmintió el relato, caso contrario de lo sucedido con el
best-seller de Daniken, El oro de los dioses, que terminó desacreditado en
público. Se sucederían otras expediciones y en cada una de ellas se
reafirmaría la existencia de los moradores de las profundidades.
Notas:
[1] El abogado que no se menciona, es el Dr. Gerardo Peña Matheu, otra figura clave en la vida de Moricz y que en la actualidad sobrevive como uno de los pocos testigos de esta historia. También es importante remarcar el pensamiento del estado ecuatoriano en cuanto al descubrimiento y de la parte que supuestamente le correspondía al húngaro, que en todo caso resuelve el enigma de por qué Moricz luego sería tan evasivo en cuanto a no querer revelar el verdadero sitio del tesoro, conducta que mantendría hasta el final.
[2] Es interesante observar la relación que Moricz estableció con los Jíbaros, no solo por el extraordinario descubrimiento acerca del idioma magyar (que ya dijimos era considerado el antiguo húngaro arcaico), sino la percepción que de sí mismo tenía, llevándolo a decir: “pertenezco a otra raza y he llegado hasta ellos hablando su propia lengua. Puedo pensar que me consideran un ser excepcional”. Por otra parte surge por vez primera el asunto “intraterrestre”, donde se habla acerca de los misteriosos habitantes del enclave subterráneo.
[3] Moricz sugiere como fuente de energía la presencia del radium.
[4] Sonidos como de cantos religiosos son escuchados a través de las paredes. ¿Alucinaciones? Inquietud en Moricz y Peña y miedo a morir encerrados. Fenómenos extraños que tienen como protagonista al lago.
[5] ¿Proyecciones?
[6] Telepatía.
