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La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas. |
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“El progresismo tiene una visión muy maricona de lo que es la seguridad pública”. |
El ex interventor de la Policía Aeroportuaria habló con LPO y calificó las medidas de Nilda Garré como una “normalización edulcorada de la Policía Federal”. En las antípodas de la mano dura, Saín cuestionó a la flamante ministra de Seguridad porque no avanzó con “una intervención civil sobre la cúpula” de la fuerza. Además, criticó al progresismo: “terminan haciendo lo mismo que la derecha, les dan el mando a los comisarios y ruegan a Dios que no suceda nada que afecte sus carreras políticas”.
Fue parte de la renovación peronista en la década del ochenta
junto a Juan Pablo Cafiero, quien luego lo convocaría para ser viceministro de
seguridad de la Provincia de Buenos Aires. Corría el año 2002 cuando asumió y
Luís Genoud dejaba el cargo en medio de la crisis desatada por el asesinato de
Kosteki y Santillán.
Doctor en ciencia sociales, investiga desde hace años con herramientas de la
sociología y la ciencia política a la institución policial y su vínculo con la
política en Argentina. Uno de sus últimos trabajos fue “El Leviatán Azul” que
ahonda en los pactos entre las fuerzas policiales y el poder político.
Aunque actualmente está vinculado al espacio de Martín Sabbatella, aliado al
gobierno nacional, Saín no se calla sus críticas contra el kirchnerismo. “Al
principio yo era el mimado de ellos, el tipo que estaban formando para ser
ministro de seguridad, pero después en el gobierno te dejan sólo y bancátela. Y
así fue, soporté embates y quilombos”.
Después de casi cinco años como interventor de la Policía de Seguridad
Aeroportuaria, su renuncia a fines de 2009 causó cierto recelo entre los
kirchneristas de paladar negro. “Cuando renuncié, muchos en el gobierno lo
vieron como una displicencia terrible. Yo terminé ese ciclo en la gestión
pública y volví a la universidad, a la vida académica: así de simple. Pero
parece que eso es algo que a los obsecuentes les cuesta mucho entender”.
-¿Cree que la creación del ministerio de seguridad
es una medida ad hoc o parte de una estrategia premeditada?
-La creación del ministerio es resultado de la emergencia, de una lectura de los
acontecimientos de Villa Soldati que pusieron en evidencia la inviabilidad del
esquema que venía marcando a fuego durante siete años al kirchnerismo. Ese
esquema fue otorgarle la gestión de la seguridad publica a las cúpulas
policiales. Eso es algo que padecí yo también en la Policía de Seguridad
Aeroportuaria. Al delegarnos el manejo de la seguridad, pudimos contar con
autonomía y discrecionalidad para armar un esquema y un modelo nuevo en las
antípodas de la Policía Federal.
Esta vez el gobierno ha leído que el problema era muy serio. El hecho puntual
que lo desencadenó fue saber que la policía estaba fraguando las pericias
realizadas tras los dos primeras muertes en el Parque Indoamericano. Le estaban
haciendo creer al gobierno que se trató de armas tumberas disparadas sectores
enfrentados entre los ocupantes. El juez comenzó a esclarecer en la causa que
los disparos venían de la Federal y que la línea de mando en la comisaría de la
zona estaba cortada. Ese fue el detonante.
-¿Los tiempos de la gestión de
Nilda Garré estarán marcados por las elecciones presidenciales del año próximo?
-Habrá que ver qué se propone, lo que hemos visto hasta ahora es que no
emprendió el camino adecuado, que hubiera sido la intervención civil sobre la
cúpula de la Policía Federal. Eso hubiera garantizado que el poder político se
apropie de cuatro cosas fundamentales para conducir y domesticar una estructura
policial: la estructura de pases y ascensos, el sistema operacional de
inteligencia y desarrollo logístico, la ejecución presupuestaria para controlar
los cheques y presupuestos de la institución y el sistema de control interno que
hoy es ficcional porque lo maneja la propia cúpula, entonces se investiga sólo
lo que la cúpula quiere. Esa última razón explica por qué la Policía Federal
sólo tuvo 33 sumarios en todo el año pasado por infracciones graves.
Para comparar: el sistema de control de la Policía de Seguridad Aeroportuaria,
que es el único que es externo, tuvo 50 sumarios por faltas graves en dos meses
de vida. Eso ya muestra que el control del sistema real de auditorias es el un
elemento clave para controlar la institución.
-¿Pero remover a toda la cúpula no fue encaminar la
institución hacia una “normalización”?
Tal vez, pero no se optó por el camino de la intervención, se fue a un camino de
“normalización edulcorada”: se fueron un decena de comisarios y asume un hombre
de la estructura de la conducción anterior. El ex director general de orden
público, Enrique Capdevila, bajo cuya conducción estuvieron antes todas las
unidades de infantería y caballería. Esas fuerzas protagonizaron desalojos
violentísimos, con denuncias de violaciones a los derechos humanos, torturas y
de incluso el uso de picanas en algunos casos. Hay que ver los informes de la
Defensoría del Pueblo de la Ciudad para dar cuenta de esos hechos. No están
poniendo a ningún outsider sino a un persona del núcleo duro, cuyo principal
antecedente es su vínculo directo con el secretario legal y técnico (Carlos
Zanini).
-¿Piensa que se actuó así por miedo a romper con el
autogobierno de policía?
-Yo creo que si. Es el temor a que haya una suerte de desestabilización por
parte de la Federal en el marco de la campaña electoral 2011. Si bien todo
indicaría que Cristina va a ser reelecta y desde Nuevo Encuentro apoyamos esa
opción, ese temor es el temor histórico. De todos modos, creo que el núcleo duro
del kirchnerismo comulga con ese modelo delegativo: es lo que han hecho en Santa
Cruz durante la década que gobernaron. Se trata de una concepción. Es también el
ideario que talla a la derecha argentina pero lamentablemente es el modelo del
kirchnerismo también. No es sólo que tienen miedo a una contestación mafiosa de
la corporación.
-Néstor Kirchner había intentado introducir cambios
en un primer momento.
-Si, el primer año de gestión de Kirchner hubo todo un ensayo bajo el ministerio
de Gustavo Béliz de apropiarse de los circuitos de conducción pero que
rápidamente fue abandonado cuando la Federal mostró los dientes con una
seguidilla de asaltos en Palermo, que convencieron al Kirchner de llegar a un
acuerdo tácito para que haya una suerte de pax y de no injerencia del gobierno
nacional en los asuntos de la propia corporación. A cambio, Kirchner logró que
la Federal desarrolle apropiadamente su política de no reprimir las propuestas
sociales.
Progresismo y Seguridad
-¿Cuál diría que es la política,
si es que tiene alguna, del progresismo en materia de seguridad?
-El progresismo no es una etiqueta universal. Hay sectores progresistas en
materia de derechos humanos que en materia de seguridad publica tienen una
visión conservadora. Del centro a la derecha todos están pidiendo responder con
palos. Y habrá una actitud de esos sectores para fogonear eso, tratar de
esmerilar la legitimidad de Cristina a través de esos conflictos. Pero también
hay una serie de desinteligencias del oficialismo que alimentan eso.
-¿Fueron los propios errores del gobierno los que
dieron el margen para que resurja el discurso de la mano dura?
-Seguro. El desconocimiento de la situación social en el Parque Indoamericano,
de la problemática de tierra y vivienda, o la no resolución del asesinato de
Mariano Ferreyra. Ahí están los vacíos que deja el gobierno que terminan siendo
llenados por la derecha macrista o duhaldista, o por la estupidez del Partido
Obrero.
-¿El progresismo no quiere, no sabe o no puede tener
políticas eficaces en materia de seguridad?
-El progresismo tiene una visión totalmente maricona de la seguridad, una visión
sociologizante que indica que la seguridad se va a alcanzar cuando se reforme la
sociedad y mientras tanto no saben qué hacer. Deben aprender que, en democracia,
si la gestión de la fuerza publica no se hace con una firme voluntad política,
dentro de los parámetros democráticos y legales, lo harán las propias fuerzas
corporativas que las administran de modo autoritario. El resultado es que el
progresismo termina asumiendo un modelo retrogrado y conservador pero con culpa.
En algunos casos prefieren no gobernar para no tratar estos temas: a todos les
encanta llegar al gobierno hasta que se encuentran con que deben enfrentar estos
temas y terminan haciendo lo mismo que la derecha: otorgándole el gobierno a los
comisarios y rogándole a dios que ese comisario lo haga con moderación y no haga
nada que afecte a sus carreras políticas. Ya lo vimos con Fabiana Ríos en Tierra
del Fuego.
-Parte de la opinión pública y de
los medios de comunicación critican cuando se reprime pero también cuando no se
reprime. ¿Qué hacer ante ellos?
-Cuando un funcionario publico sabe lo que hace y tiene una concepción clara y
responsable de lo que esta haciendo, la opinión pública es de palo, le importa
un bledo. Y muy particularmente aquella que plantea salidas represivas sobre
conflictos que magnifican lo mas reaccionario de la clase media, que ocultan las
ilegalidades de la clase media: compran de bienes y servios en el mercado de la
prostitución, las drogas y autopartes por ejemplo. Son los vacíos discursivos
los que permiten la legitimidad y la resonancia del discurso de la derecha mas
retrograda y represiva.
Las políticas de Garré
-¿Cómo analiza las primeras medidas de la ministra
Nilda Garré hasta el momento?
-Veo que hay un autismo político muy fuerte, un encerramiento en el núcleo
político más próximo. Ausencia de vínculos con actores que son aliados naturales
de una agenda progresista como los miembros del Acuerdo para la Seguridad
Democrática, una actitud que es suicida. Hay que hablar con la gente que sabe.
-¿A quiénes de refiere?
-Miré, acá hay dos equipos preparados que tienen experiencia de gestión en
materia policial: el equipo de León Arslanian y mi equipo. No consultar, no
tomar un café para repasar algunos temas me parece más que suicida, una actitud
sencillamente estúpida.
-¿Y por qué cree que no lo llaman ni lo consultan?
-Es llamativo. Garré puede tener alguna inquina personal con Marcelo Saín, - que
de hecho la tiene-, puede tener desconfianza con Arslanian o el temor de que el
CELS le marque la cancha, pero es muy difícil jugar solo, tenés que consensuar
con aliados. En especial cuando institucionalmente es aún tan endeble: hoy en
día la asignación presupuestaria va vía jefatura de gabinete, una debilidad
institucional enorme. Un pliego licitatorio de una adquisición grande y compleja
no demora menos de ocho meses, eso Garre lo sabe. En un contexto así, las
cúpulas más conservadoras de la Federal se deben están riendo.
-¿Cómo evalúa el despliegue de la gendarmería en
algunas zonas del conurbano?
-Si lo que va a hacer gendarmería es una suerte de maniobras disuasivas en
barrios peligrosos, entonces eso no va a poner en tela de juicio el dominio de
la bonaerense ni su poder territorial, ni las cajas. Parece ser más de lo mismo.
Además de no ser una función que deba cumplir la gendarmería. El envío de
gendarmes es un despliegue mayúsculo: están movilizando a casi un tercio de la
fuerza.
Ese no es el rol de la gendarmería; eso es reconocer que la estructura bonaerense esta colapsada y que el gobernador es un inútil. Lo que esta diciendo implícitamente la Presidenta es: “como Daniel Scioli y su gente no da pie con bola, yo tengo que mandar gendarmes porque frente a la campaña electoral que viene me van a terminar esmerilando con el tema de la seguridad pública”. Entonces lo que está haciendo el gobierno nacional es subsidiar los errores y vacíos de Scioli en su principal bastión electoral.
Fuente: Política OnLine.