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La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas. |
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Criaturas de la oscuridad. Por Scott Corrales. |
No hay quien olvide esas primeras películas de horror que se pasaron en el cine o por la televisión y que nos hicieron temerle a la oscuridad, a los cementerios, a los lugares yermos o —en el caso de la genial Psycho de Hitchcock— a las cortinas de baño. Con el paso del tiempo, los maestros del suspenso y del horror pasaron a tramas más complejas que se fundamentaban en gran parte en crónicas verídicas de lo sobrenatural, en el satanismo, el vudú, en las innumerables historias de aterrizajes y persecuciones por platillos voladores y en fechas más recientes, las espeluznantes crónicas de secuestros.
Algunas de estas representaciones cinematográficas, como El Exorcista de William Friedkin, llegaron a causar verdaderos problemas físicos en los espectadores (aunque en gran parte debido al uso de ruidos subliminales por este director) y en los cines estadounidenses y británicos no faltaba el predicador o clérigo dispuesto a asesorar a los que salían de las salas. Pocos años después aparecerían las películas de gore y el género del horror en la gran pantalla volvería a cambiar de aspecto.
Pero a pesar de las cinco o seis décadas de películas de horror que llevamos a cuestas en términos culturales, hay verdaderas historias de horror en las crónicas de lo sobrenatural que jamás han sido pasto de ningún guionista y que seguramente harían que más de uno de nosotros durmiese con las luces encendidas...
Horror y miedo en el estado de
Ohio
Alguien debió haberse dado cuenta de que las cosas iban mal cuando los
carpinteros amish renunciaron a sus trabajos.
Corría la primavera de 1981 y los carpinteros amish —de mirada aguileña,
barbados, ataviados en sus clásicas ropas azules y sombreros negros— habían sido
contratados para realizar labores de reparación en la granja de la familia
Roberts en las afueras de Rome, estado de Ohio. Para obtener la madera
requerida, los amish se propusieron talar parte de la arboleda adyacente a la
granja, trayendo consigo grandes caballos para arrastrar la leña.
Los taciturnos amish quedaron sorprendidos cuando, al día siguiente, las bolsas
de alimento equino que habían llevado a la zona para alimentar a las bestias
aparecieron desgarradas con su contenido desparramado por la tierra. Al día
siguiente, los habitantes de la granja escucharon disparos.
Al salir a ver lo sucedido, vieron que los amish salían de la
arboleda con uno de sus caballos, que tenía una gran y sangrienta desgarradura
de pulgada y media de profundidad en el costado. Los carpinteros se negaron a
hablar sobre el suceso, comentando muy parcamente que “habían disparado contra
unas víboras”. Trajeron un animal nuevo para ayudar en las faenas, pero a los
pocos días abandonaron el proyecto sin mediar palabra. No se les volvería a ver
por buen tiempo.
Lo cierto es que algo raro venía sucediendo en las inmediaciones de la granja
Roberts desde hacía un año. Cazadores habían hallado un ciervo con la panza
desgarrada y el mismo granjero Roberts había hallado cuatro patos decapitados en
el bosque a la vez que aparecieron enormes huellas con garras en el terreno.
Todo esto apuntaba hacia algo que ni la familia Roberts, ni los investigadores
que acudirían a ayudarlos, serían capaces de imaginar.
La situación estalló la noche del 25 de junio de 1981, cuando el granjero y sus
hijos vieron que había una “cosa” parada en el patio delantero de la granja,
cerca del pinar. La “cosa” era negra y con ojos rojos resplandecientes,
corriendo en cuatro patas mientras que perseguía a los animales. Mientras que
uno de los hijos alumbraba la macabra silueta con una linterna, el granjero
Roberts disparó con su escopeta de calibre .410; “la cosa” emitió un grito agudo
y aterrador, desapareciendo hacia el oeste sobre los campos sembrados como si
estuviese volando. A pesar de que ya no podían verla, era posible escuchar los
gritos que provenían a la distancia.
A la noche siguiente, mientras que el granjero miraba la televisión, escuchó
ladrar a sus perros hasta que los ladridos se trocaron en gemidos. Cuando salió
a investigar, pudo constatar que uno de los perros intentaba meterse debajo de
una podadora de césped para escapar de algo. Al apuntar la linterna a varios
metros, la fuente del pánico que motivaba al can a actuar en semejante forma se
hizo claramente visible: era una figura parecida a un gorila con ojos rojos
flameantes, emitiendo gruñidos. Roberts pudo verle la cara y los colmillos
claramente, aunque su enorme estatura de casi 3 metros le causó más espanto.
El granjero volvió por su escopeta, gritó a sus hijos, y los
varones de la casa salieron a disparar contra el “monstruo”, que se alejaba
hacia el oeste. Con esto comenzaría uno de los episodios más extraños y
controvertidos de la fenomenología paranormal estadounidense, un caso en el que
los OVNI y los seres peludos conocidos como Yeti, Bigfoot o Sasquatch se darían
cita en los extensos pastizales de Ohio. Investigadores rechazarían la
verosimilitud de cualquiera de los dos aspectos según su óptica personal, pero
la combinación de elementos era innegable y sucedería en muchos otros casos.
Durante el resto del verano de 1981, Roberts y sus hijos tuvieron numerosos
encuentros cercanos contra los gigantes de ojos flamígeros, teniéndolos lo
suficientemente cerca como para aportar detalles sobre su aspecto: la estatura
promedio era de tres metros, su pelambre oscuro podía variar entre pardo y
negro. El rostro y la nariz eran achatados y simiescos. Tal vez el detalle más
espeluznante era el de los colmillos amarillentos que sobresalían varias
pulgadas de la mandíbula inferior.
Los encuentros fueron terribles, resultando en noches enteras de tiroteos dignos
de una película de horror. El granjero y sus hijos se apostaron en el tejado
para abrir fuego contra los intrusos, que en la noche del 28 de junio de 1981
aparecieron en un grupo bastante nutrido, algunos de ellos portando “luces
azules” que ondeaban en la oscuridad del bosque.
Una de las descargas de escopeta consiguió impactar contra uno de los gigantes, que pareció caer en las aguas del aljibe que estaba en los predios del granjero, pero nada apareció al día siguiente. ¿Qué eran estas cosas? ¿Supergorilas de alguna especie? ¿Seres interplanetarios? ¿Los poderes y principados contra los que nos advertían los textos religiosos?
Se
apersona el Sheriff“Roberts manifiesta que durante la noche del miércoles y el jueves de la semana pasada, él y su familia fueron despertados por gruñidos extraños y actividad en los patios delantero y trasero de su casa. Cuando fueron a revisar, pudieron ver un animal grande de color negro, estatura aproximada de 2 a 3 metros. Cada vez que alumbraban al ser con una linterna, o intentaban abrir fuego contra él, se escapaba corriendo hacia el bosque.
El animal volvió anoche y estaba en el campo norte detrás de la casa. Roberts y su hijo persiguieron al animal hacia un claro en la empalizada, donde afirmaron haber visto tres pares de ojos grandes. Dispararon varios tiros contra los animales y esperaron hasta que rayara el alba para investigar. Revisé la zona junto con [Roberts] y no pude ver señas de tejido ni sangre.
[Roberts] dice haber llamado a nuestra oficina y la del guardabosques Kelly y se le informó que no había nada que hacer a menos que pudiese obtener una huella. El granjero mencionó haber perdido cuatro patos y un pollo desde el comienzo de la actividad, y nos advirtió sobre otros incidentes en los que caballos propiedad de leñadores amish habían sido víctimas de ataque, así como otros animales domésticos.”
“Es digno de notarse que durante todas estas correrías en la noche, un objeto volador sobrevoló la granja a unos 200 pies (61 m) de altura. Tenía la configuración de una caja de cigarros. Los miembros de la familia que estaban apostados en el tejado en aquel momento observaron que tenía luces azules a su alrededor, con una luz roja más brillante en su centro.
El objeto parecía provenir de las profundidades del bosque, pasando sobre la arboleda, volando lentamente sobre la granja y cruzando la calle hacia el suroeste, pasando sobre los maizales... El padre disparó contra el objeto mientras que volaba sobre sus cabezas, apuntando hacia la luz roja. Creyó haber escuchado el sonido de una bala que hacía impacto contra algo hecho de vidrio.
El objeto siguió volando sin haber acusado daño alguno, salvo que la luz roja ya no podía verse. Ningún miembro de la familia recuerda haber escuchado sonidos provenientes del aparato y están seguros de que no se trataba de ningún avión o dispositivo hecho por la mano del hombre”.
Le iluminé con la luz de mi linterna; el cuerpo de la criatura proyectaba
su sombra sobre los restos del gran árbol. Podía apreciarse el resplandor de
su pelambre negro a la luz de la linterna... a estas alturas (3 a.m.) todos
estábamos muy confundidos y frustrados por lo que estábamos viendo. Después
de que se alejara la gran criatura, el haz de la linterna cayó directamente
sobre el rostro del ser a la derecha, el que estaba casi al ras del suelo.
Jamás podré olvidar esa experiencia. Llegué a verlo arrastrándose para
refugiarse de nuevo en la arboleda.”
En agosto de 1981 llegarían los “refuerzos” bajo la forma de William
McIntyre, el controvertido director del grupo MARCEN e investigador del
fenómeno Bigfoot en el estado de Maryland. McIntyre y Larry Peters, otro
asociado, propusieron usar jaulas con conejos muertos como la carnada para
atraer a estas criaturas... aunque los cadáveres llevarían dentro de ellos
cápsulas de cianuro para matar a cualquiera que los consumiese. Propusieron
el uso de bengalas, cilindros de ácido hidrofluórico a presión y escopetas
de varios calibres para la protección del grupo, y también un crucifijo,
“por si resultaban ser demonios”.
La llegada de los expertos adicionales —avezados investigadores del fenómeno
Bigfoot en todas sus manifestaciones— se produjo justo cuando la situación
llegaba a su punto crítico. Las aves de corral del granjero Roberts seguían
siendo víctimas de los ataques de los seres misteriosos, y las mismas
fuerzas desconocidas habían hecho todo lo posible por derribar un nuevo
establo que Roberts y su prole intentaban construir en otra parte de la
granja.
Los ataques furtivos ya no se limitaban al patio y las proximidades de la
arboleda: la caja de fusibles de la casa, localizada en el sótano, había
sido destrozada por “algo” que dejó las impresiones de sus nudillos en la
superficie de la caja como consecuencia de un puñetazo tremendo.
Peor aún era el problema que aquejaba a uno de los hijos del granjero
(Pilichis no especifica su edad ni nombre). Existía una especie de
“afinidad” o “engranaje” entre los seres extraños y el joven, algo que
resultaba profundamente alarmante para Roberts y los demás miembros de su
familia.
Y este detalle recordaba poderosamente a los investigadores al célebre
caso de Uniontown, Pennsylvania, que había ocurrido en 1975. Durante este
incidente, en el que participaban seres peludos y ovnis por igual, el hijo
de un granjero de dicha población rural aparentaba haber sido “poseído” por
uno de los seres peludos, cayendo al suelo, hablando en voces grotescas y
gruñidos cada vez que su familia y amigos se le acercaban.
Otros vecinos de los Roberts comenzaban a acusar la actividad extraña, que
ahora también comenzaba a sentirse en la ribera opuesta del Río Grande. Uno
de estos vecinos, al ser entrevistado por los investigadores, afirmó haber
escuchado los extraños sonidos “como de jabalíes” provenientes de la
arboleda. Al salir a investigar con su linterna, el alboroto parecía
amainar.
La noche del 21 al 22 de agosto de 1981, los investigadores colocaron sus
jaulas con conejos envenenados en un campo que había sido arado con
anterioridad por el granjero. Los conejos estaban atados a las jaulas con
cordones de paracaídas capaces de aguantar un peso de mil doscientas libras.
A eso de las 9:30 p.m., los investigadores detectaron la presencia de ojos
rojos en la arboleda, atraídos tal vez por el olor de los conejos y por una
grabación en cinta continua de conejos gritando. La presencia de los seres
se vio acompañada por luces fantasma de color blanco azulado.
Los ojos eran tan numerosos que Pilichis temió que la granja se vería
abrumada por los seres; McIntyre, vigilando la arboleda desde la protección
ofrecida por el establo en construcción, pudo ver una sombra que salía de
entre los árboles. “¿Eres humano o animal?” gritó el investigador, a lo que
la sombra emitió una serie de gruñidos. Sin titubear, el investigador abrió
fuego con su escopeta de alta fuerza. La sombra gritó y se alejó profiriendo
alaridos, perdiéndose entre los árboles.
Al amanecer, los investigadores descubrieron que dos de los conejos habían
desaparecido y que las cuerdas de paracaídas estaban deshilachadas. Huellas
de tres y cinco dedos rodeaban las jaulas.
La actividad decayó en torno a la granja de los Roberts de ese momento en
adelante, aunque no se pudo constatar que el cianuro en los conejos hubiese
surtido efecto alguno. Se produjeron otros eventos en la zona,
principalmente en la comunidad de Rock Creek y posteriormente en East
Jefferson, Ohio, este último siendo investigado por el veterano escritor y
escéptico Jim Moseley.
Fuente: Arcana Mundi