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La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas. |
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¿Cómo hubiese sido la vida profesional de Steve Jobs de haber nacido en la Argentina? Por Fernando Gutiérrez. |
Ya lo dijo el filósofo: el hombre no se puede entender sin su
circunstancia. Y es por eso que los genios que cambiaron el mundo no sólo deben
ser analizados a la luz de su ADN de creadores, sino también por el entorno
social en el que les tocó vivir (que puede potenciar su obra tanto como
conspirar contra ella).
¿Habría Diego Maradona llegado a ser el mayor futbolista de la historia si, en
vez de haber nacido en la Argentina, le hubiese tocado nacer en un país sin
cultura futbolística, como la India, por ejemplo?
Y los pensadores griegos como Sócrates, Platón y Aristóteles,
¿podrían haber desarrollado su obra si en vez de tener un entorno humanista como
el de Atenas hubiesen vivido en el contexto represivo y oscuro de la Edad Media?
De la misma forma, cabe la pregunta de si el llorado y venerado Steve Jobs
habría alcanzado su estatura de Da Vinci contemporáneo si en vez de haberse
criado en el corazón de Silicon Valley le hubiese tocado en suerte vivir en un
lugar menos amigable para la cultura entrepreneur, como es el caso de la
Argentina.
El genio y su circunstancia
Y es que no es casual que los grandes revolucionarios de la
era digital sean estadounidenses o que, siendo extranjeros, alcancen sus logros
después de haber emigrado al país del norte. Allí (lejos de lo que se suele
suponer), el "american dream" no es resultado espontáneo de dejar las fuerzas
creadoras liberadas a su arbitrio.
Por el contrario, hay una fuerte cultura nacional de promover estas empresas y
donde la mano del Estado juega un rol fundamental. Así, durante décadas las
compañías de Silicon Valley gozaron de beneficios impositivos, porque en la
visión estratégica del Estado se había determinado que la computación jugaría un
rol central en el liderazgo estadounidense.
También el ámbito universitario generó una articulación con el mundo de los
negocios, como en ningún otro lugar del planeta, de manera que la investigación
tuviera un correlato natural en la actividad empresarial.
Y, no menos importante, en Estados Unidos existe toda una rama de la industria
financiera dedicada al fondeo de empresas en su fase inicial, con la figura de
los fondos de "venture capital" que, a cambio de porciones accionarias, ponen
sus fichas en proyectos nuevos y de futuro incierto. El propio Estado, con la
agencia Small Business Administration, juega un rol protagónico.
Finalmente, toda la cultura popular -expresada en revistas, películas y
publicidad- apunta a ensalzar la figura del entrepreneur como "role model" para
los jóvenes con inquietudes. Lejos de la caracterización de villanos que el
empresario tiene en otras latitudes, en Estados Unidos puede alcanzar el estatus
de ídolo popular. Y como contexto más amplio, un país con bajos niveles de
inflación, donde expresiones como "default" o "confiscación de depósitos" no
están en el diccionario.
Apple entre el "rodrigazo" y la ciencia ficción
En semejante entorno, un genio como Steve Jobs tiene el
camino más allanado para desarrollar al máximo su potencial creativo. Pero, ¿y
si hubiese nacido en la Argentina? El joven Steve (que más probablemente se
habría llamado Esteban) habría vivido los años formativos de la adolescencia en
el inicio de la década de los '70.
Un entorno fuertemente politizado, en el que posiblemente habría perdido varios
días de clases en medio de paros y asambleas. Pero, a decir verdad, tampoco fue
una época tranquila en Estados Unidos, donde los movimientos pacifistas y de
lucha por los derechos civiles tenían a las universidades como cuarteles
generales. Y, si bien los jóvenes no tenían como aspiración transformarse en
empresarios, el entorno de la Argentina de aquellos días era particularmente
creativo, y todavía con un nivel académico competitivo a nivel mundial.
Concedamos, entonces, que la etapa educativa no habría sido un problema para la
versión del Jobs criollo y que éste podría haber desarrollado su inquietud por
la computación, como así también su pasión por el diseño.
Las primeras experiencias laborales de Jobs fueron como empleado de verano en
Hewlett Packard (donde conoció a su socio Steve Wozniak) y Atari, donde gracias
a un proyecto especial para una máquina de video juegos consiguió una paga de
u$s 5.000 y el germen de una idea para una computadora personal.
En la Argentina de aquel tiempo, Jobs no habría tenido un entorno laboral tan
estimulante. El célebre juego "Pong" de Atari era desconocido (faltaría al menos
un lustro para que arribara) y el divertimento de los jóvenes en los salones
eran los "flippers", bastante lejos de la era digital. Probablemente un
estudiante de ingeniería de la época no habría tenido mejor opción que postular
en la telefónica estatal Entel, que ya sufría el efecto de sus limitaciones
financieras (las tarifas de servicios públicos eran el clásico "ancla" contra la
inflación).
Supongamos que, de todas formas, el Steve argentino se conoce con Wozniak en
Entel y que, tras pedir dinero a familiares (el "capital semilla" no existía
entonces, como casi no existe hoy), ocupaba algún garage de Almagro, Palermo o
Villa Urquiza para dedicarse a hacer su computadora personal.
No pocas dudas lo habrían asaltado al ocurrir el "Rodrigazo", como se llamó al
plan de junio de 1975 que devaluó la moneda en 160% y llevó la inflación encima
del 180% anual.
Así, el dinero obtenido por la venta de su furgoneta Volkswagen habría rendido
mucho menos de lo previsto originalmente. Por otra parte, esto le habría llevado
a pensar que el costo de comercialización de su primer proyecto, la Apple 1,
pensado en u$s 666,66, un precio sin dudas excesivo para una población cuyos
ingresos se habían reducido a la mitad en términos de dólares.
Surfeando la tablita
Pero Jobs era un hombre que no se daba fácilmente por
vencido, así que cabe suponer que no se dejaba intimidar por el poco amigable
entorno para los negocios. De manera que presenta su computadora personal. Es
abril de 1976, el país acaba de iniciar un nuevo período dictatorial y el nuevo
ministro de Economía se llama José Martínez de Hoz.
En estos años el entrepreneur argentino planifica su expansión comercial, y en
un entorno de represión policial y fiebre mundialista, da a conocer su Apple 2,
con la que se propone imponer el concepto de computador como elemento de consumo
masivo.
En esos años la Argentina le habría dejado algunos puntos a favor, como la
apertura comercial que le habría facilitado la compra de insumos del exterior
para su proyecto. El tipo de cambio subsidiado de "la tablita" habría abaratado
su producto en términos de salario, pero también le habría puesto la presión
competitiva de la gran avalancha de artículos importados, en una época en que el
"made in Taiwán" se incorporó al habla popular.
Pero su peor dificultad habría sido tal vez poder fondear sus costosos
proyectos. Jobs podría haberse dirigido al Banade, el banco de fomento de la
época que cobraba tasas "blandas". Pero las Pyme de sectores innovadores eran
vistas como algo muy riesgoso y tal vez no habría calificado. Es probable que la
opción de abrir el capital en la bolsa de valores no hubiese estado en la cabeza
de un Jobs argentino, como sí la está en la de los entrepreneurs
estadounidenses, para quienes el momento de "hacer pública" a su empresa es
sinónimo de consagración.
Así, en vez de ver el nombre Apple listado en Wall Street en 1980, el Jobs
criollo habría tenido que resignarse a pagar altas tasas en un sistema bancario
donde imperaba la "bicicleta financiera". O, más probablemente, habría pensado
que la catapulta para el desarrollo de su compañía debería venir por la vía de
un buen contrato con el Estado.
Es que sólo con un cliente cautivo y con muchos recursos podría Steve haber
imaginado un proyecto como su computadora Lisa, cuyo precio de mercado era la
friolera de u$s 9.995.
Pensándolo bien, esa iniciativa jamás habría visto la luz. La megadevaluación
dispuesta en 1981 por Lorenzo Sigaut, sucesor de Martínez de Hoz, habría
funcionado como un convincente desincentivo.
¿Sería famoso nuestro Jobs criollo en 1981, al punto de merecer la tapa de la
revista Gente, o al menos de Somos, así como el Jobs estadounidense apareció en
"Time"? No eran comunes las tapas con empresarios, en tiempos dominados por
Guillermo Vilas y Susana Giménez. Aunque no sería del todo descabellado que
Gente lo hubiese seleccionado para estar en las filas de atrás en el número de
"personajes del año".
Tecnología devaluada
La revolución de la primera Macintosh, a comienzos de 1984
habría encontrado a Steve contento por los aires de la primavera democrática,
aunque con una economía maltrecha y tal vez con dificultades para exportar a
Gran Bretaña, todavía con las secuelas de la guerra por las Malvinas.
La famosa campaña de lanzamiento que ligaba a la Mac con el libro "1984" habría
estado a cargo de David Ratto, el legendario publicista que había saltado a la
fama masiva tras haber creado la campaña de Raúl Alfonsín.
Los años de salida de Apple y de los nuevos emprendimientos en Next y Pixar
habrían encontrado a Jobs en medio de la Argentina hiperinflacionaria de los
'80. Una vez más, el financiamiento para su nuevo proyecto hubiese lucido
difícil: no parece probable que la venta de su parte en la Apple argentina le
hubiese dejado a Jobs dinero suficiente para comprarle Pixar a George Lucas en
u$s 10 millones.
Y, desde ya, el estallido hiperinflacionario de 1989, con el trasfondo de la
renuncia anticipada de Alfonsín y la llegada de Carlos Menem, no parecían el
mejor momento para lanzar su proyecto "Cubo". La computadora tenía un costo de
u$s 6.500 para una población que cobraba en devaluados australes.
Probablemente con sus ahorros transformados en Bonex, por el plan de compra
compulsiva de títulos estatales puesto en marcha en diciembre de 1989, a Jobs le
habría resultado cuesta arriba también hacer su proyecto siguiente de Next,
lanzado en 1991, cuando por primera vez una computadora vino preparada para
conectarse a la Web.
Y no sólo las finanzas jugaban en contra. La palabra "Internet" era desconocida
en la Argentina, donde sólo un pequeño grupo de adelantados estaba al tanto de
que se estaba formando una red de redes. Pero ciertamente parecía ciencia
ficción, en un país donde el atraso del sistema de telecomunicaciones se había
transformado en el centro de la agenda política.
En cuanto a sus proyectos de cine, las cosas tampoco hubiesen sido fáciles. El
entorno de los primeros años '90 lucía más amigable, tras la estabilización del
plan de Domingo Cavallo. Pero el costo de una película como Toy Story no
aparecía todavía como algo factible de soportar en la Argentina.
A diferencia del verdadero Jobs, que se asoció con Disney, su versión criolla
habría pedido un crédito al instituto estatal y buscado alguna asociación con
los recientemente privatizados canales de televisión. Aun suponiendo que la
pudiese haber terminado, luce altamente improbable que haya podido recaudar los
u$s 360 millones en un año, ni ganado el premio Oscar.
Más bien, en 1995, Steve estaría preocupado en la Argentina por el devastador
"efecto Tequila", que le habría obligado a recortar severamente su plantilla de
personal en un año en el que el desempleo llegó al 18 por ciento.
iPod en el corralito
Los tiempos del regreso con gloria a Apple y del lanzamiento
de la iMac con la que Jobs volvió a revolucionar el mercado coinciden con el
final de la fiesta y los primeros síntomas de la gran recesión argentina.
De todas formas, en 1998, cuando lanzó la iMac, todavía había una euforia
consumista, gracias al dólar subsidiado de la convertibilidad, que habría
permitido (como de hecho ocurrió) un buen nivel de ventas del nuevo producto en
el mercado local.
Es probable que la colorida campaña publicitaria de la iMac hubiese estado a
cargo de Agulla & Baccetti, la agencia estrella de la época.
Y es también altamente probable que Jobs le hubiese vendido su empresa a Juan
Navarro, el conductor del fondo de inversión The Exxel Group, quien por esos
años desembolsó sumas millonarias para quedarse con una gran lista de empresas
argentinas, entre las que se encontraban Supermercados Norte, Casa Tía, Freddo,
Musimundo, Oca, Coniglio y muchas otras.
Las valuaciones eran tan altas que es difícil pensar que alguien hubiese
resistido la tentación. Pero Jobs tenía una pasión a prueba de balas y
seguramente habría dicho que no. En ese caso, sus proyectos posteriores a la
iMac lo habrían encontrado en medio de la profunda recesión que caracterizó a la
llegada de Fernando de la Rúa. Y una de sus creaciones más preciadas, el
revolucionario iPod, habría sido lanzado pocos días antes de que Domingo Cavallo
hubiese anunciado el corralito "por un período de 90 días".
El Steve argentino no habría podido usar sus cuentas bancarias para pagar deudas
ni insumos de su nuevo proyecto. Y, tras la llegada de Eduardo Duhalde, sus
deudas habrían quedado dolarizadas mientras gran parte de sus ingresos estarían
pesificados, por lo que es probable que Apple, así como una gran cantidad de
empresas argentinas, hubiese sido parte del mayor default privado de la
historia.
Sus proyectos de la última década, como el iPhone y la tableta iPad, habrían
encontrado al genio argentino en un entorno de fuerte recuperación, aunque no
del todo exento de problemas.
La importación de insumos para hacer sus productos con titanio lo habrían
llevado a la situación de negociar con Guillermo Moreno por la liberación de
artículos trabados en la Aduana. Y la extendida práctica de tercerizar el
ensamblado de los productos a zonas de bajo costo habría chocado con el plan de
concentrar toda el armado de bienes tecnológicos en Tierra del Fuego.
Los días finales de Jobs habrían estado repletos de motivos para la reflexión
sobre lo complejo que resulta ser genio, entrepreneur, innovador y decidido...
en la Argentina.
Fuente: iProfesional