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La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas. |
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Un discurso secreto de Juan Domingo Perón. Por Sergio Julio Nerguizian. |
En la Biblioteca Privada del Presidente Perón en el Congreso
de la Nación, existe un folleto numerado 0390 (B.P. 673), fechado en 1953 que
contiene el discurso pronunciado por el entonces Presidente de la República
Argentina en la Escuela Nacional de Guerra. En el ángulo superior izquierdo se
lee "Reservado" y, hasta 1967, no fue dado a conocer públicamente, sino recién
después que el propio Perón saliera a confirmar la autenticidad del documento.
Para los altos mandos del Ejército, se trató siempre de un documento caratulado
como secreto y por lo tanto siempre se desmintió su existencia, aunque un
infidente publicara una versión en Uruguay en enero de 1954.
Ya en 1951, Perón advierte que el modelo de sustitución de importaciones
requería de una ampliación del mercado interno a fin de alcanzar a través de una
Unión Aduanera con los vecinos una auténtica economía de escala, condición
inexcusable para garantizar la competitividad de nuestra producción.
Entonces, se ilusiona con el proyecto A.B.C. (Argentina,
Brasil, Chile), idea motriz que el establishment no aceptará por creer que
atentará contra los intereses consolidados. En el Brasil, uno de los cargos
centrales que la oposición le hará al Presidente Vargas será su simpatía con la
propuesta argentina. Esta imputación del "delito de solidaridad latinoamericana"
terminará trágicamente con el suicidio del Presidente.
El 11 de noviembre de 1953, luego de oír una conferencia en la Escuela Nacional
de Guerra, Perón se dirige al auditorio, estableciendo algunas líneas de acción
en política exterior que pronto el alto mando considerará prudente no tomen
estado público.
El Presidente determina de entrada las dos grandes cuestiones que habrá de
enfrentar el mundo: superpoblación y superindustrialización. La consecuencia
inmediata es doble: "Resulta también indiscutible que la lucha fundamental en un
mundo superpoblado es por una cosa siempre primordial para la humanidad: la
comida. Ese es el peor y el más difícil problema a resolver", y su efecto
inmediato, la lucha por el control de las materias primas.
De la fortaleza de Sudamérica en términos de sus recursos naturales y su
capacidad de producción de alimentos, nacen también sus riesgos mayores: los
países superpoblados y super industrializados, que no disponen de alimentos ni
de materia prima, pero que a la vez ostentan su gran poder, podrían emplearlo
"para despojarnos de los elementos de que nosotros disponemos en demasía con
relación a nuestra población y a nuestras necesidades".
De ahí que se imponga la unidad como un mecanismo idóneo de defensa frente a una
previsible agudización de las tensiones planetarias. Argentina debe tomar la
iniciativa para sumar a sus vecinos al proyecto de integración económica: junto
a Brasil y Chile "conforman quizá en el momento actual la unidad económica más
extraordinaria del mundo entero, sobre todo para el futuro, porque toda esa
inmensa disponibilidad constituye su reserva".
En Brasil, un poder discreto y obsesivo se opondrá a toda insinuación de un
proyecto de unidad propuesto por nuestro país: Itamaraty, nombre de la sede de
la cancillería carioca, representa una institución supergubernamental de
influencia decisiva en su ámbito. Perón lo sabe: "Itamaraty ha soñado, desde la
época de su Emperador hasta nuestro días, con una política que se ha prolongado
a través de todos los hombres que han ocupado ese difícil cargo en el Brasil.
Ella los había llevado a establecer un arco entre Chile y el Brasil: esa
política debe ser vencida con el tiempo y por un buen proceder de parte
nuestra".
Perón llega a firmar, con la previa anuencia brasileña, un tratado preliminar
con el Presidente Ibáñez de Chile. Vargas, a su vez, ha pedido más tiempo, pues
considera que su frente interno aún no está maduro para cualquier cosa que huela
a integración.
Cuando la noticia del acuerdo argentino-chileno llega a Río de Janeiro, la
Cancillería pone en marcha su plan para golpear tanto al documento como a un
embrionario neoimperialismo argentino. Dice el historiador Alberto Methol Ferré:
"La campaña contra Vargas fue desencadenada por Lacerda y por el ex canciller
Neves a raíz de la alianza con la Argentina de Perón. En la caida y suicidio de
Vargas, el mayor énfasis fue la campaña contra la alianza argentina de Vargas.
Se quería evitar la alianza Argentina-Brasil".
Perón estaba dispuesto a jugar fuerte en el proyecto que ahora se deshacía: "Más
aún, dijimos: vamos a suprimir las fronteras, si es preciso. Yo agarraba
cualquier cosa, porque estaba dentro de la orientación que yo seguía y de lo que
yo creía que era necesario y conveniente".
Dos años antes de la conferencia que comentamos, Perón publica con el seudónimo
de Descartes un artículo en el diario Democracia del 20 de diciembre de 1951.
Allí señala que su proyecto de integración tiene un autor intelectual: "Hace ya
muchos años, un brasileño ilustre que veía lejos, Río Branco, lanzó la idea del
ABC, pacto político regional destinado a tener proyecciones históricas".
Convencido de la inminencia de una Tercera Guerra Mundial,
advierte sobre la necesidad de la cooperación sudamericana para enfrentar en las
mejores condiciones las pretensiones de la potencia imperialista que habría de
emerger victoriosa del conflicto. Su convicción es categórica: "Ni Argentina, ni
Brasil ni Chile aisladas pueden soñar con la unidad económica indispensables
para enfrentar un destino de grandeza".
Tres meses antes del artículo en Democracia, el 21 de setiembre de 1951, durante
un agasajo ofrecido al Embajador del Brasil en nuestro país y ya con Getulio
Vargas en el poder, Perón intenta resaltar las ventajas de la integración,
aunque quizá con alguna dosis de ingenuidad acerca de las intenciones reales de
la Cancillería brasileña: "Nosotros, los argentinos, compartimos el profundo
pensar de este ilustre brasileño, al decir que la Argentina y Brasil, en esta
hora incierta de la humanidad, unidos nos salvaremos; nos salvaremos de
cualquier acechanza del destino o de cualquier mala situación que pueda venir en
los tiempos venideros. Unidos, en esta parte del mundo, no solo seremos ejemplos
de unidad, sino que seremos también punto de apoyo para que ese ejemplo sea
constructivo para todo el resto de los americanos".
Más allá de aciertos y falencias en la perspectiva, impresiona en Perón la
categoría de sus preocupaciones, muy cercanas al paradigma del estadista en el
sentido de que superan el horizonte cercano de las cuestiones inmediatas.
No hubo Tercera Guerra Mundial (aunque la Guerra Fría bien puede ser considerada
un sucedáneo de la convencional) ni Chile mantuvo su interés en una sociedad con
nuestro país, ni parece hoy que Brasil requiera de Argentina para su proyección
mundial; ni el Mercosur logra salir de su letargo. Sin embargo, vale
preguntarse, ¿cuántos políticos argentinos tienen hoy preocupación por lo que
será de la Argentina en 2059?
Fuente: El Ojo Digital.