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La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas. |
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Por amor a nuestros semejantes, los chimpancés. Por Leonardo Moledo. |
En 1957, invitada por una amiga, Jane Goodall viajó a África. En Kenia, el paleoantropólogo Louis Leakey la contrató como secretaria y la introdujo en el estudio de los chimpancés salvajes. De este modo, descubrió que el hombre no estaba tan solo como creía en la historia evolutiva y, sin ninguna formación académica, se convirtió en una de las científicas más conocidas del mundo. Pionera en el estudio de los simios, resistida al principio, hoy sus investigaciones son utilizadas en todo el mundo y han despertado una conciencia diferente en la relación del hombre con los demás habitantes del planeta. Llegó a Buenos Aires invitada para dar una conferencia y recibir un doctorado Honoris Causa de la Universidad Maimónides. El Dr. Moledo tuvo la oportunidad de entrevistarla, El Arca reproduce ese encuentro.
Bueno, y ahí estaba. Encontrarse con Jane Goodall, tal es la
cuestión; con una persona que caminó por la delgada línea roja que nos separa de
nuestros parientes, los grandes primates. No es sencillo saber qué le voy a
preguntar, porque, en realidad, vive en el límite de lo que se puede enunciar,
casi en el borde del misterio del lenguaje y la cultura (y la conciencia). Al
fin y al cabo, fue ella quien, un día, descubrió a un chimpancé que llevaba una
rama, cortada y deshojada previamente, y la introducía en el agujero de un
termitero, la sacaba embebida en termitas y se las comía. Y se destruyó el mito
de que la especie humana era la única que fabricaba y usaba herramientas. Y
quien destruye un mito, se transforma automáticamente en un mito. ¿Qué le voy a
decir? ¿Qué le voy a preguntar?
Pero junto fuerzas, y allá voy.
-Esta es una situación extraña, porque usted es una
persona extraña.
– ¿Extraña? ¿Por qué?
Porque usted es una persona que piensa que nosotros
los humanos no somos las únicas personas en el mundo.
–Yo pienso que... – ¡fue usted quien lo planteó en una forma extraña!
–... pienso que el punto es que ha habido un largo proceso de
evolución y ese proceso ha sido una proliferación de distintas formas de vida
que están todas conectadas, estamos todos interconectados. Somos todos parte de
este enorme ecosistema planetario y recién ahora comenzamos a aprender y tener
en cuenta el peligro de permitir que algunas especies se extingan, porque eso
lleva a un efecto de cascada. Y si más y más especies comienzan a extinguirse va
a llevar a que el ecosistema colapse en determinados sitios. Pero lo que está
pasando es que la población humana está creciendo de tal manera que dentro de
poco el planeta no va a poder proveernos de suficientes recursos para
sobrevivir. Y vamos a continuar destruyendo más y más áreas, y a perder más y
más de los increíbles animales que comparten el planeta con nosotros.
-Eso es verdad, lo sabemos, y también sabemos que
muchas veces hubo extinciones. Pero ahora, aquí, estando con usted, me interesa
una cosa tal vez más profunda sobre lo que usted trabajó tanto tiempo. Uno de
los rasgos que nos tipifican a los humanos es la autoconciencia, la lengua y la
cultura. Y usted descubrió que los chimpancés tienen cultura, con esa historia
del chimpancé que introducía una ramita en un termitero.
–Usaba una herramienta, sí.
-Eso fue un gran punto determinante, ¿no? ¿Puede
contarme otros aspectos de la cultura de los chimpancés?
–Bueno, hoy sabemos que todo a lo largo de África, en todo lugar donde haya
chimpancés, ellos usan herramientas, incluso dan diferentes usos a esas mismas
herramientas. Sabemos que se las pasan a sus hijos a través de la imitación y la
práctica, sabemos que los grupos están estructurados con ligeras diferencias, lo
cual señalaría otro rasgo de cultura. Pero también sabemos que hay otros
animales que tienen una cultura, como las ballenas o los delfines que tienen
diferentes lenguajes con diferentes patrones. Y aquí también se cree que pasa de
una generación a otra.
-Bueno, además hay... están los perros salvajes que…
–Sí; los perros de caza, los perros salvajes de África. Hay grupos que, por
ejemplo, en un lugar sólo cazan cebras y en otros lugares les tienen miedo a las
cebras. Lo mismo pasa con los leopardos. Y nos empezamos a dar cuenta hace
tiempo de que si se toma a un perro y se lo separa, y desarrolla a su manera el
hecho de que no puede matar una cebra y entonces otros lo copian, eso va a ir
pasando de generación en generación.
-Y eso sería la transmisión de una cultura
–Tal vez no sea tanto como una cultura pero sí hay una tradición, y es
fascinante. Nos muestra que las sociedades de animales son mucho más complejas
de lo que creíamos. Y de la misma forma, para volver sobre uno de los puntos que
usted mencionaba, los chimpancés capturados pueden aprender, se les puede
enseñar lenguaje humano. No pueden hablarlo, pero pueden aprender un lenguaje de
señas y pueden hacer cosas sorprendentes con computadoras con pads táctiles.
Pueden contar hasta quince, creo. Eso quiere decir que sus cerebros son capaces
de hacer mucho más de lo que nosotros solíamos pensar.
-Pero esos experimentos, ¿no se parecen a los que se
hacían hace mucho tiempo con osos amaestrados o perros amaestrados?
Está bien fundamentado que los animales tienen más
habilidades intelectuales de lo que pensábamos. En general, las investigaciones
se han basado en nuestro concepto de intelecto, en la manera que nosotros
creemos que es el intelecto. Y no estamos dedicándonos lo suficiente a pensar
cómo ellos desarrollan su relación con lo que necesitan, con lo que quieren, con
lo que es su vida.
– ¿Como los animales de circo? Pero en los circos los animales eran entrenados
de una manera muy cruel, realmente muy cruel. Por el contrario, el trabajo con
el lenguaje con chimpancés y otras especies se hace en base a la recompensa. Es
como un chico yendo al colegio. En un mal colegio le van a pegar, pero en un
buen colegio van a recompensar al chico por aprender.
¿Y hay algún toque de autoconciencia como tenemos, o
creemos que tenemos, nosotros?
–Bueno, la autoconciencia es un concepto difícil. Ellos pueden reconocerse a sí
mismos en espejos. “Ese soy yo.” Es algo, ¿no? Y realmente no sé cómo definir la
autoconciencia, incluso para nosotros.
-Bueno, supongo que nadie sabe. O por lo menos es
seguro que nadie lo sabe muy bien, pero permitámonos usar la palabra. La
autoconciencia sería: yo soy yo, y usted es usted, y yo soy diferente de usted y
de ella (la asistente), y pienso y creo que soy un sujeto, un individuo. (Acá
interviene la asistente para aclarar que en inglés hay dos palabras: self-consciousness
y self awareness, mientras que nosotros tenemos solo la palabra
“autoconciencia”.)
–La cuestión es que no sé dónde trazar la línea divisoria. Los
chimpancés saben, saben que yo soy yo, y que usted es usted, lo saben
perfectamente. También saben que si yo hago tal cosa usted seguramente hará tal
otra y que si yo le hago eso a ella (la asistente), ella va a hacer algo
distinto. Es decir, que puedo ajustar mi comportamiento rápidamente dependiendo
de con quién estoy interactuando. Pero autoconciencia... es realmente difícil
aplicar esa idea en los animales. El hecho de que los chimpancés puedan
reconocerse a sí mismos entre otros animales, cuando la mayoría de los animales
no pueden, es tal vez un indicio.
-¿Está hablando siempre de primates?
–Sí, estaba hablando de simios, estaba hablando de chimpancés. Y todavía no
sabemos qué animales pueden identificarse a ellos mismos en el espejo, nadie ha
hecho realmente demasiado por investigar ese aspecto. Pero está bien
fundamentado que los animales tienen más habilidades intelectuales de lo que
pensábamos. En general, las investigaciones se han basado en nuestro concepto de
intelecto, en la manera que nosotros creemos que es el intelecto. Y no estamos
dedicándonos lo suficiente a pensar cómo ellos desarrollan su relación con lo
que necesitan, con lo que quieren, con lo que es su vida. Queremos encontrarnos
con que piensan en términos humanos.
-Pero ellos, por ejemplo, tienen sueños, tienen
sueño REM. ¿Usted tiene algún indicio, alguna pista sobre qué sueñan?
–Me encantaría saberlo. Creo que con los perros podemos hacernos una mejor idea,
sabemos con qué están soñando: están persiguiendo, cazando, están excitados.
Algunas veces parece que los chimpancés tienen pesadillas, se despiertan
gritando, pero no sé sobre qué son.
Todos somos parte de este enorme ecosistema planetario y
recién ahora comenzamos a aprender y tener en cuenta el peligro de permitir que
algunas especies se extingan, porque eso lleva a un efecto de cascada. Y si más
y más especies comienzan a extinguirse va a llevar a que el ecosistema colapse
en determinados sitios.
-Y no pueden contarnos.
–No pueden contarnos, pero con lenguaje de señas probablemente podrían.
-Bueno, podríamos considerar el hecho de soñar como
una manera de pensar. Creo, no sé si no es un poco audaz pensar esto, pero creo
que usted está diciendo que son personas porque tienen sus formas de actuar o de
pensar, formas que nosotros podemos entender, de la misma manera que ellos
pueden entender las nuestras, que se parecen bastante.
–Se comportan como nosotros en muchos, muchos sentidos. A mí me interesa saber
cómo piensan, me gustaría saber cómo piensan –no estoy hablando de los
chimpancés capturados, hablo de chimpancés salvajes–. ¿Cómo piensan, de qué
manera piensan? Hasta donde sabemos, no tienen palabras, entonces tienen que
pensar con imágenes.
-¿Usted cree que piensan con imágenes? (Pausa.)
Bueno, nosotros soñamos con imágenes.
–Pero en nuestros sueños vemos colores y escuchamos voces.
-Bueno, tal vez ellos escuchan voces también.
–Estoy segura de que lo hacen.
-¿Y hay alguna forma de entender, de tratar de
conocer qué piensan? ¿Nos podemos comunicar con ellos, por ejemplo, con lenguaje
corporal de forma tal que nos digan algo, que nos den una pista?
–Bueno, creo que la mejor forma de obtener una pista es leyendo muy atentamente
todos los intercambios en lenguaje de señas entre la gorila Koko y Penny
Patterson, su entrenadora, porque ahí podemos ver en el interior de Koko, mucho
de lo que está pensando, por qué se comporta de determinada manera... y es
prácticamente lo mismo en el lenguaje de señas con los chimpancés.
-¿Quién es Koko?
–Una gorila que aprendió el lenguaje de señas. Entonces la gorila puede
comunicarse a través de las señas, y que hayan podido enseñarle el lenguaje de
señas da una forma de comunicarse y saber lo que ellos están pensando.
-Y cuando ellos se comunican con nosotros mediante
el lenguaje de señas, ¿transmiten pensamientos originales?
–Sí, sí, hacen preguntas, hablan sobre cosas espontáneamente.
-¿Por ejemplo? ¿Qué clase de cosas?
–Bueno, generalmente tiene que ver con algo inmediato como “tengo hambre, quiero
comida” o “quiero salir afuera y mirar las flores”. No se me ocurren otros
ejemplos ahora, pero hay muchísimos estudios al respecto.
-Sí, bueno, pero yo quiero que usted me cuente.
–Pero no me acuerdo, hace mucho tiempo que no leo estudios sobre lenguaje de
señas.
-¿Y chistes? ¿Hacen chistes?
–Sí, claro que sí. Le cuento mi chiste gorila preferido, tiene que ver con Koko.
Una mujer joven está con Koko. Koko está esperando por su comida y acaba de
aprender todos los nombres de todos los diferentes colores, no sólo el rojo,
azul, verde, sino también dorado y marrón. En fin, todos los colores. Y es
realmente muy buena con los nombres de los colores. Entonces, Koko está
esperando su comida, y la joven mujer levanta, digamos, algo verde y Koko hace
las señas del verde, ella levanta algo azul y Koko hace la seña del azul. Pero
cuando ella levanta algo que es blanco, Koko dice “rojo”. Y la mujer le dice
literalmente mediante señas: “Koko, sabés que eso no está bien, ¿qué color es
éste?”. Rojo, repite Koko. “Koko, sé que sabés qué color es, si no me decís de
qué color es esto no vas a tener tu jugo de manzana.” Entonces Koko agarra una
tela blanca, y toma una pequeña diminuta pelusa roja y dice “rojo, rojo, rojo”
(jadea imitando a la gorila). Ese es mi mejor chiste de gorilas. Y muestra cómo
está trabajando su mente.
-Bueno, es un chiste gorila... (pausa) Hay otro tema
sobre el que me gustaría preguntarle. Usted conoce a Peter Singer, lógicamente.
¿Está de acuerdo en términos generales con él?
–Creo que algunas veces va un poco lejos, es un poco excéntrico. Pero, digamos,
básicamente me hice vegetariana leyendo un libro de él.
–Sí, yo leí el mismo libro, lo intenté, y no pude.
–No, yo sí pude.
… los chimpancés capturados pueden aprender, se les puede
enseñar lenguaje humano. No pueden hablarlo, pero pueden aprender un lenguaje de
señas y pueden hacer cosas sorprendentes con computadoras con pads táctiles.
Pueden contar hasta quince, creo. Eso quiere decir que sus cerebros son capaces
de hacer mucho más de lo que nosotros solíamos pensar.
-Bueno, usted no vive en la Argentina, con nuestra
dieta carnívora. Aquí es muy difícil ser vegetariano.
–Me imagino.
-Bueno, Peter Singer tiene una especie de cruzada
contra los experimentos con animales, especialmente con simios, y me imagino que
usted participa de ella.
–Sí, no creo que tengamos que estar experimentando con ellos. Y sobre todo, y
esto es lo que me han dicho muchos científicos, aparentemente todas las
investigaciones actuales que traen beneficios para la salud humana fueron
desarrolladas, no todas, pero sí la mayor parte, mediante la observación de
poblaciones, la epidemiología, mediante simulación por computadora, mediante
otras vías que no necesitan animales. Pero desafortunadamente, si se descubre
una cura, antes de que se la puedan dar a la gente, por ley, debe ser probada en
animales. La mayoría de los experimentos con animales son por esa razón, y
ciertamente los chimpancés no son necesarios para la investigación. Muchos
siguen diciendo que son necesarios porque, bueno, ésa es su vida, ¿no?, hacer
experimentos sobre animales. Además, es la ley de muchos países.
-Y usted piensa que hay que cambiar esas leyes.
–Sí, claro que sí. Justamente ahora hay una prestigiosa comisión reunida por la
Academia de Ciencias Norteamericana, por orden del Instituto Nacional de
Salubridad, y el trabajo de esta comisión es debatir si los chimpancés deberían
ser usados en los experimentos médicos o no. Obviamente yo estuve involucrada y
participé dando mi opinión. Los resultados aparecerán ahora en noviembre, pero
temo ciertamente que no van a llegar hasta el fondo del problema, nunca se van a
atrever a decir “basta”. (Pausa.) No, no se van a atrever. (Pausa.) Pero tengo
la esperanza de que por lo menos digan que va a ser muchísimo más difícil usar
chimpancés y experimentar sobre ellos, y que haya que tener un motivo muy fuerte
para usarlos. Y siempre en mejores condiciones también.
Durante mucho tiempo los que experimentaban con animales
sostuvieron que los animales no tenían sentimientos, no tenían emociones. Y
ahora hemos comprobado que tienen, así que ahora que los que experimentan con
animales aceptan que los animales tienen sentimientos y dicen “ahora entendemos
que esto no es agradable entonces vamos a intentar”...
-Pero no sólo se utilizan chimpancés o simios.
–Claro que no, perros y gatos y...
-Y a veces de manera muy cruel.
–Son realmente horribles. Los odio. No deberíamos estar practicando esta
tortura. Y durante mucho tiempo los que experimentaban con animales sostuvieron
que los animales no tenían sentimientos, no tenían emociones. Y ahora hemos
comprobado que tienen, así que ahora que los que experimentan con animales
aceptan que los animales tienen sentimientos y dicen “ahora entendemos que esto
no es agradable entonces vamos a intentar”...
-Pero no es bueno para nosotros, además...
–No, claro, es desagradable para nosotros también. Es definitivamente malo para
la persona que inflige dolor, pero ellos ahora están diciendo: “Lo entendemos,
entonces vamos a intentar usar unos pocos animales, los menos posibles, y
tratarlos lo mejor que podamos”. Y yo quiero que digan otra cosa, yo quiero que
digan: “Lo entendemos, es cruel, y por lo tanto, juntémonos todos para pensar de
manera más inteligente y encontrar otras formas así podemos investigar sin
ellos, y lo más pronto posible”.
¿Y usted cree que va a ganar esta batalla?
–Estamos cerca de conseguirlo, porque ahora hay muchísimas alternativas que no
existían quince años atrás, y todo el tiempo se están encontrando nuevas formas,
y hay más dinero destinado a buscar alternativas.
-¿Y qué cree? Usted es una persona extraña. Comencé
esta charla diciéndole que usted es una persona extraña porque usted caminó a
través de una de las líneas más misteriosas (creo que es uno de los misterios
más grandes que tenemos, porque pienso que incluso el universo no es tan
misterioso como el cerebro y la relación entre nuestro cerebro y el cerebro
animal, y el misterio de la autoconciencia o conciencia). Pero, ¿usted pudo
tener acceso? ¿O fue como Moisés y la Tierra Prometida, usted lo pudo mirar
solamente de lejos? Me pregunto: ¿Cómo la cambió a usted conocer el cerebro de
los chimpancés, cómo piensan, cómo se relacionan, qué desean?
–Bueno, para ser sincera, real y verdaderamente, no creo que eso
me haya cambiado mucho, y ¿sabe por qué?
-No.
–Porque afortunadamente yo no fui a la Universidad y entonces no sabía nada de
toda esa basura de que los animales no tenían sentimientos. Yo tuve un maestro
hermoso cuando era chica, y ese maestro me enseñó: “Claro que los animales
tienen sentimientos, claro que pueden solucionar problemas, claro que tienen
emociones”. ¿Sabe quién fue ese maestro?
-¿Quién?
–Mi perro. El me enseñó absolutamente todas estas cosas.
-Sí, entiendo perfectamente porque mi maestra fue mi
gata.
–Y así es como funciona.
-A mí no me gustaban las mascotas hasta el momento
en que tuve una gata y entendí que me decía cosas, me hacía gestos, “vení acá”,
“abrí la puerta” y eso era pensar.
–Sí, claro que piensan, y los gatos son muy pensativos (thoughtful), por eso es
que decimos “copycat”. Los gatos pueden realmente imitar.
...
–Bueno, le voy a decir lo que realmente amo de todo esto. Durante mucho tiempo,
por todo lo que decía la gente, todo lo que decían los científicos, los pájaros
tenían una estructura cerebral diferente de la nuestra, y por lo tanto cuando el
dueño de un loro decía “pero mi loro entiende las palabras que dice”, el
científico decía “eso no es posible porque la estructura cerebral es diferente y
no tienen la habilidad cognitiva necesaria”. Bueno, ahora está absolutamente
comprobado que los científicos estaban equivocados y eso debido a dos cuervos
con los que se estaba realizando un experimento en Oxford.
-¿Cómo es eso?
–Los cuervos tenían una prueba muy simple, tenían un pedazo de cable con un
gancho en la punta y tenían que meterlo hacia abajo por un tubo y enganchar la
comida para sacarla. Les resultaba bastante fácil. Hasta que en una oportunidad,
por error, el alambre se rompió, se quedaron sin gancho y sólo con la parte
recta. Lo metían, lo metían, lo metían y no conseguían nada, lógicamente. Hasta
que uno de los cuervos agarró el alambre, lo sostuvo con una de sus patas, lo
dobló y entonces pudo sacar la comida del tubo. Entonces todos los científicos
dijeron “eso fue un error, fue solo una vez, fue un accidente”.
Ahora es sumamente popular estudiar el cerebro de los pájaros
y la mente de los pájaros; todo el mundo lo está haciendo. Pero durante
muchísimos años se dijo arrogantemente “los pájaros no pueden hacerlo porque su
cerebro es diferente del nuestro y nosotros tenemos un cerebro único en el
universo”. Entonces ahora sabemos que no tenemos que creer en la gente que nos
dice que no pueden hacer determinadas cosas, porque que su cerebro sea diferente
no quiere decir que tengan razón.
-¿Y?
–Y les dieron a los cuervos un alambre recto a propósito. Una vez más, uno de
los pájaros dobló el final. Hizo lo mismo cada vez que probaron. Entonces otros
científicos dijeron “bueno, es solamente uno de los pájaros, es simplemente un
error”. Pero, de todas formas, ¿por qué lo hacía ese pájaro? Ese cuervo era la
hembra, y cada vez que sacaba la comida el macho la agarraba, entonces el macho
no necesitaba doblar el alambre. Simplemente tenía que esperar a que ella lo
doblara y sacara la comida. Ahora es sumamente popular estudiar el cerebro de
los pájaros y la mente de los pájaros; todo el mundo lo está haciendo. Pero
durante muchísimos años se dijo arrogantemente “los pájaros no pueden hacerlo
porque su cerebro es diferente del nuestro y nosotros tenemos un cerebro único
en el universo”. Entonces ahora sabemos que no tenemos que creer en la gente que
nos dice que no pueden hacer determinadas cosas, porque que su cerebro sea
diferente no quiere decir que tengan razón.
-¿Hay algo más que me quiera contar?
–Bueno, solamente hacer un comentario al pasar. No hay duda de que más allá de
lo que pensemos de los otros animales, lo que aprendamos de ellos y lo
increíbles que nos parezcan viviendo sus vidas, no podemos negar que hasta donde
llega el intelecto, nosotros somos las criaturas más desarrolladas
intelectualmente que caminaron hasta ahora sobre el planeta. Desarrollamos el
lenguaje hablado, podemos hablar del pasado, podemos hablar del futuro, podemos
tener una discusión, podemos hacer planes y entonces la pregunta es: cómo es
posible que una criatura con tanto potencial e inteligencia esté destruyendo su
único hogar. Esa es la gran pregunta.
-Bueno, no sólo eso, no sólo es capaz de destruir su
casa, también a otras personas.
–Creo que hemos perdido sabiduría. Porque los indígenas solían decir que para
tomar decisiones hoy primero tenemos que preguntarnos cómo esa decisión va a
afectar a la gente del futuro. Hoy nos preguntamos cómo todo esto me afecta a mí
ahora, a mi familia ahora. Esas son las preguntas que nos hacemos ahora.
Jane Goodall vino a la Argentina para dar la charla “Haciendo la diferencia” y
recibir un doctorado Honoris Causa de la Universidad Maimónides, invitada por la
universidad junto a la Fundación Azara, el Instituto Jane Goodall y el Programa
Jane Goodall’s Roots &Shoots Argentina.
Fuente: El Arca Digital.