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La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas. |
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Respeto, el gran ausente. Por Enrico Udenio. |
La apabullante derrota sufrida por Daniel Filmus en las elecciones porteñas, demostró que la ciudadanía porteña no se sometió a la extorsión de la presidencia de la nación y respondió a ella con indignación. Más del 70% de los habitantes de la ciudad de Buenos Aires decidió no venderse al mejor postor. Esta reacción me ha llenado de orgullo y me ha dado la esperanza de que el resto del país pueda reaccionar de similar manera cuando tenga la oportunidad de votar por sus gobernadores. El federalismo, manoseado y menoscabado por el kirchnerismo, lo necesita. Más allá de derechas o izquierdas, la democracia republicana lo necesita. El país lo necesita.
LA NEGACIÓN
Una de las particularidades del oficialismo ha sido crear su propia realidad y
difundirla como verdad absoluta. Gran parte de los integrantes del gabinete y el
propio candidato, Daniel Filmus, han expresado que la ciudadanía se polarizó y
que, por ello, el triunfador, Mauricio Macri, logró cosechar muchos más votos de
los que genuinamente le pertenecen, opinión que creo acertada.
Pero, al mismo tiempo, expresaron su “alegría” porque el kirchnerismo logró aumentar en un 10% su caudal electoral comparándolo con el resultado de la última elección (2007). Esta definición es toda una contradicción, ya que si el electorado se polarizó y muchos votaron a Macri cuando hubieran deseado votar a otro candidato – es mi caso, por ejemplo-, también sucedió lo mismo con Filmus: muchos optaron por votarlo a él en lugar de hacerlo por su candidato más deseado.
Por ejemplo, varios de mis amigos iban a votar por Solanas o
por otros candidatos de la izquierda, pero terminaron apoyando a Filmus en el
afán de perjudicar a Macri. Por lo tanto, si el candidato del PRO obtuvo más
votos de lo que, en verdad, le pertenecerían, el del kirchnerismo disfrutó de la
misma prerrogativa: lo votó mucha más gente gracias a esa polarización. Estos
votos, casi con seguridad, son votos con los que Cristina no podrá contar para
la primera votación por la presidencia.
Así las cosas, hay que prepararse para sorpresas futuras.
EL FASCISMO K
Cuando el cantante Fito Paez declaró que le daba asco la mitad de la población
porteña por haber votado a Macri, no solo mostró una actitud netamente fascista,
sino que también dejó a la vista el carácter prepotente, faccioso y autoritario
que aparece en la estructura ideológica de los adherentes al kirchnerismo.
Nos hizo recordar al mismo Filmus, cuando cuatro años atrás perdió las
elecciones porteñas, también ante Macri, y dijo que lamentablemente a él sólo lo
habían votado “aquellos que piensan”. Cuando quiso aclarar el tema, consiguió
oscurecerlo aún más: “Nos sentimos orgullosos que los docentes, científicos e
intelectuales, que son los que piensan, hayan estado de nuestro lado”.
De todos modos, lo de Fito Paez fue más allá. Insultó soezmente a la mitad de la
ciudadanía porteña. Es importante precisar que no se trata de la solitaria
expresión de un artista sino de un claro exponente de lo que piensan los
integrantes y adherentes al oficialismo.
Desde el locuaz y agresivo jefe de gabinete del gobierno nacional, Aníbal
Fernández, que expresó que “no me llama la atención que la ciudad se parezca a
Macri”, hasta Horacio González, el ya degradado director de la Biblioteca
Nacional y figura del grupo intelectual kirchnerista “Carta Abierta”, que
también insultó con groserías a los porteños al decir que tienen “una ideología
tacaña, particularista, defensiva y egoísta (…) es una sociedad que no ve a los
otros, de espaldas a Latinoamérica, a los nuevos inmigrantes”.
Este nivel de agresividad no existía décadas atrás.
Es a partir de la administración Kirchner que el país se escindió en dos partes
irreconciliables que representan extremos: lo positivo y lo negativo, el bien y
el mal, Dios y el Diablo. Es evidente que Fito Paez no es más que un
representante del fundamentalismo de lo nacional y popular (Nac & Pop) que los
Kirchner promovieron. Por ello, en lugar de criticar abiertamente las
expresiones del cantante, fueron muchos los que lo apoyaron directa o
indirectamente.
Citemos algunos.
El director de cine pro-K, Juan José Campanella, dijo que “Fito tiene derecho a
expresarse” confundiendo la libertad de expresión con la de insultar de manera
agraviante. Si esto fuera así, más de uno podría declarar públicamente que
Cristina es una h…de p… y que le da repugnancia cada vez que emite un discurso
por el elevado grado de mentiras que dice. Total… según Campanella y otros que
se expresaron de la misma manera, todos tendríamos derecho a insultar
puerilmente al que piensa distinto.
El escritor Andrés Rivera, otro de los tantos anti-macristas que hay en la
cultura argentina, se animó a más: “Fito dijo las palabras adecuadas y estuvo
moderado. Buenos Aires está atravesada por el fascismo”. Rivera confunde
ideológicamente el fascismo con la derecha democrática. Habría que hacerle
llegar un diccionario o algunos de los tantos libros académicos que explican con
certeza lo que es el fascismo. En este caso, su descubrimiento del verdadero
fascismo puede llevarlo a encontrarse con el espejo.
En el caso del ministro de trabajo, Carlos Tomada, el tema se torna un poco
caricaturesco. Declaró que esas palabras de Fito Paez eran “expresiones de tono
personal, realizadas desde la sensibilidad de un artista”. Es decir, que ahora
nos enteramos que faltarle gravemente el respeto a los otros forma parte de “la
sensibilidad de los artistas”. En verdad, cuesta explicar esta expresión. Todo
muy ridículo.
Quizás un párrafo del periodista Luis Gregorich, identificado con la
socialdemocracia, pueda sintetizarlo muy bien: “Hay que aceptar a los que
piensan distinto, a los que votan distinto. Ellos quizás sean nuestro infierno,
pero también es posible que no sean más que réplicas de nosotros mismos. Lo
sabemos bien, la intolerancia, la violencia verbal, la demonización del otro
suelen ser el paso previo a la violencia física y al apoderamiento despótico de
cuerpos y almas. Después de la agresión de las palabras, vienen las piedras y
los cuchillos. El fascismo, el nazismo y el estalinismo lo han documentado
largamente.”
UNA AUTOCRACIA EN ESTADO DE ALARMA
En poco tiempo más, con las próximas elecciones de las provincias de Santa Fe y
Córdoba, sabremos si las de la Ciudad de Buenos Aires fueron un anticipo del
cansancio del habitante argentino ante la prepotencia que emana de las huestes
del kirchnerismo o se trató de una excepcionalidad propia del porteño.
Si esta tendencia se verifica electoralmente, la actual autocracia oficialista
caerá en un estado de alarma. Es que para sus seguidores, el sentido del voto no
es para que el pueblo elija administradores, los que, dentro de las normas y
límites que establece un estado de derecho, gobernarán hasta que otra
administración los remplace. Pareciera ser que el sentido de gobernar sería el
de usar el poder político, obtenido gracias a una mayoría circunstancial, como
si se tratara de una autocracia: una vez en el poder, hay que intentar
perpetuarse.
El economista Roberto Cachanosky lo expuso con claridad en
una reciente nota: “Una vez que el autoritario tiene el monopolio de la fuerza,
difícilmente pueda ser desalojado del poder porque usará todos los resortes del
Estado para neutralizar las voces opositoras.”
Cuanto más kirchneristas expresen que les produce una sensación de “asco” el
voto a otras fuerzas políticas, más promueven la esperanza de que en las
elecciones presidenciales de octubre próximo, el ciudadano argentino decida
poner punto final a estos ochos años de gobierno autoritario, descalificador y
generador de odios mediante la instalación de la falta de respeto hacia los
otros ideológicamente diferentes.
Fuente: Los anteojos del Tata.