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La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas. |
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Fontanarrosa y su defensa de las malas palabras. |
En el III Congreso Internacional de la Lengua el dibujante participó del debate por la internacionalización del español y reclamó una amnistía para las palabrotas.
Fontanarrosa dio hoy el toque de color al Congreso, al
desarrollar una divertidísima disertación sobre las malas palabras, para las que
reclamó "una amnistía" y pidió que "cuidemos de ellas, integrémoslas al
lenguaje, porque las vamos a necesitar".
"Este es un ámbito más que apropiado para plantearse ¿por qué son malas
palabras? ¿Le pegan a las otras palabras? ¿Son de mala calidad, y cuando uno las
pronuncia se deterioran? ¿Quién las define como malas palabras?", se preguntó el
rosarino durante la mesa redonda.
"Tal vez sean como esos villanos que al principio eran buenos pero la sociedad
los hizo malos. Tal vez, al marginarlas las convertimos en malas. En alguna
época se les decía palabrotas, lo cual no deja de ser un reconocimiento. Las
malas palabras reflejan una expresividad y una fuerza que difícilmente las haga
intrascendentes. He escrito algo, pero no me alcanzó para que la memoria me
dictara que tenía que traer los lentes", bromeó, para justificar su cuidada
improvisación.
"No sé quién define lo que es vulgar y lo que no es vulgar. Pienso que las malas
palabras brindan otros matices. Soy fundamentalmente un dibujante, con lo cual
más de uno se preguntará "qué hace este muchacho en esta mesa".
Hay palabras de las denominadas malas palabras que son
irreemplazables, por sonoridad, por fuerza y por contextura física de la
palabra. No es lo mismo decir que una persona es tonta o sonsa o que es un
pelotudo. El secreto de la palabra pelotudo. ya universalizada -no sé si ya está
en el Diccionario Panhispánico de Dudas- podría referirse a un utilero de
fútbol. El secreto y la fuerza está en la letra "t", prosiguió.
Fontanarrosa advirtió por otra parte "la triste función de los puntos
suspensivos" para reemplazar términos soeces.
"Atendamos estas condiciones terapéuticas de las malas palabras, que sirven para
descargarse. Pido una amnistía para ellas, vivamos una Navidad sin malas
palabras, y cuidemos de ellas, porque las vamos a necesitar", concluyó.
Fuente: DyN