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La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas. |
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Bipolaridad, el mal de los genios deprimidos. Por Martín De Ambrosio. |
El trastorno bipolar –o enfermedad maníaco depresiva– afecta a 4 de cada 100 argentinos. Como muchos artistas geniales lo sufrieron, se discute si es una enfermedad o un don. El componente genético y la incidencia del mal dentro de una familia: el caso de los Hemingway.
Winston Churchill gobernó Inglaterra, Virginia Woolf fue una escritora distinta. Kurt Cobain aún hoy es llorado por los fans del rock y Ted Turner, hombre de negocios; todos sufrieron trastorno bipolar.
La bipolaridad es un trastorno tan especial de la
conducta y con tantas aristas, que algunos han planteado incluso la
posibilidad de que antes que una enfermedad sea considerada un don,
debido a la gran cantidad de artistas geniales que la han sufrido.
Sin embargo, a pesar de este análisis –justificable al menos como
hipótesis si uno ve nomás la lista de los “enfermos” célebres–, para el
paciente no es precisamente placentero padecer este síndrome que, de
todos modos, no deja elección: diversas investigaciones hallaron que una
importante carga genética determina su aparición. Basta estudiar los
casos que se dan dentro de una misma familia, como en la del escritor
Ernest Hemingway.
El trastorno consiste básicamente en que la persona sufre los dos polos
posibles del estado de ánimo: desde la más alta de la euforia más aguda
a la depresión más profunda, muchas veces sin escalas.
“Mientras atraviesa la primera etapa, el paciente pierde la necesidad de
dormir, está excitado, con ideas megalómanas, grandes proyectos o con
inclinaciones que nunca tuvo, que pueden ser religiosas, místicas o
profesionales. El polo opuesto, el de la depresión, es justamente todo
lo contrario: la persona está con una actividad disminuida, con el
estado de ánimo por el suelo, tiene sentimientos de desolación,
desesperanza y sin voluntad para encarar proyectos”, graficó Jorge
Cóppola, del Instituto Nacional de Psicopatología.
La alternancia de los polos no es necesariamente pareja:
se puede tener un episodio maníaco de dos meses y una depresión de una
semana.
Claro que esto no es siempre así. Según señaló Sergio Strejilevich,
consejero de la International Society for Bipolar Disorders y director
de AREA-Investigación y desarrollo en salud mental, en el 40% de los
casos no hay oscilación entre polos sino que se tienen síntomas de la
serie maníaca y depresiva al mismo tiempo, por eso a veces resulta más
descriptivo el término maníaco-depresivo
Del cielo al infierno.
Muchos libros se han escrito acerca de
que el trastorno bipolar en vez de una enfermedad podría ser un “don”,
dado el alto porcentaje de genios de la humanidad (y, en general,
personas exitosas en sus ámbitos); o al menos una “diferencia” cognitiva
útil desde un punto de vista evolutivo.
Según un estudio de uno de los máximos especialistas a nivel mundial en
este trastorno, Hagop Akiskal, mientras los bipolares en la población
general no pasan del 4% o 6%, entre escritores llega al 50% y entre los
artistas supera el 60%.
Sin embargo, Strejilevich insiste en que es una enfermedad. “En todo
caso, podría tratarse de un don útil en términos sociales y no
individuales, ya que no resulta ciertamente fácil vivir con semejante
trastorno”, agregó. Y puso como ejemplos los casos de Vincent van Gogh y
de Virginia Woolf, dos conocidos bipolares.
“Van Gogh creó obras que hoy todos admiramos pero ni él ni su familia
pudieron disfrutar de ese éxito, y Virginia Woolf sufrió tremendamente y
tuvo varios intentos de suicido antes del definitivo; sólo escribió en
los intervalos de lucidez”, precisó.
Por su parte, Cóppola agregó que “cuando están arriba son extremadamente
lúcidos y muy ocurrentes... si se quedan dentro de la realidad puede
irles muy bien. La cuestión es que en los episodios de euforia puede
aparecer también la psicosis y ahí la relación con la realidad es igual
a cero. La genialidad se pierde, se hacen malos negocios y aparece el
despilfarro de dinero, una de las causas de inhabilitación judicial”,
remarcó.
Qué tomar. Uno de los grandes vuelcos que tuvo el tratamiento para el
trastorno bipolar se dio cuando el médico australiano John Cade
descubrió la acción de las sales de litio, hacia fines de la década de
1940. “ Cerca del 70% de las personas afectadas por trastornos bipolares
puede esperar una recuperación plena y el tratamiento con litio ha
demostrado disminuir también la tasa de suicidio”, opinó Strejilevich.
Cóppola –uno de los organizadores de la Semana del Paciente Bipolar, que
comenzó el lunes 11 y que finaliza mañana– mencionó también que se
pueden usar antirrecurrenciales, justamente para evitar los puntos
álgidos de los ciclos. Pero Strejilevich disiente fuertemente: “ El
litio es el gold standard del tratamiento y salva muchas vidas cada año,
las otras medicaciones son tan nuevas que no se tiene el suficiente
conocimiento como para avalarlas de este modo.”
La herencia como problema. Según algunos trabajos de investigación, l os
genes involucrados en el trastorno bipolar serían los mismos que
aquellos que predispondrían a una mayor creatividad.
Varias familias de artistas son buen ejemplo. No sólo la de Ernest
Hemingway, que cuenta con el triste récord de cinco suicidios en tres
generaciones de artistas varios, escritores y actrices.
Un estudio del norteamericano Fuller Torrey reportó que en mellizos la
concordancia de diagnóstico se da en el 14%, mientras en gemelos (es
decir, individuos que genéticamente son clones), la misma subió hasta el
56%.
Claro que el autor de El viejo y el mar y ¿Por quién doblan las
campanas?, que se disparó un tiro de escopeta días antes de cumplir 62
años, no tuvo la ventaja de vivir en la actualidad, donde los
tratamientos médicos han avanzado lo suficiente como para que la
enfermedad no haga desear la muerte.
El litio, que hoy es la principal droga para el tratamiento del
trastorno bipolar, funciona estabilizando el ánimo al incrementar los
niveles de serotonina (un neurotransmisor), que contrabalancea tanto los
picos de euforia como los de la depresión. Así es como con un adecuado
tratamiento, la vida de las familias y los pacientes con este problema
han mejorado enormemente.
A los niños también. “Los síntomas en los chicos son distintos a los de
los adultos”, aseguró el especialista Jorge Cóppola.
En ellos, antes que nada, se observa “irritabilidad, una disminución del
rendimiento escolar y la disciplina, son menos aplicados y tienen
episodios de agresión con los otros chicos y sus maestros. A esto se
suman dificultades para dormir, tanto para conciliar el sueño como para
mantenerlo”, explicó Cóppola, quien informó que últimamente aumentaron
los diagnósticos en los más chicos.
Por esa razón, el Instituto Nacional de Psicopatología al que pertenece,
organiza la primera Semana del Paciente Bipolar, que se realizará del 11
al 15 de diciembre. La iniciativa tiene como objetivo brindar
información sobre el problema específicamente en niños y adolescentes.
“Haremos tests para identificar posibles enfermos”, agregó Cóppola.
También habrá atención gratuita y orientación por parte de profesionales
(Informes: Campichuelo 215, tel: 4903-0493 o
http://www.inapsi.com.ar/ )