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La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas. |
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Las Niñas de Ayohúma. Por María Cristina Fernández . |
En el día en que sucedió la Batalla de Ayohúma, el 14 de
Noviembre de 1813 y del accionar heroico de las Niñas de Ayohúma, queremos
compartir con todos Uds. esta impactante historia que nos cuenta la Prof. María
Cristina Fernández en el Boletín Güemesiano de Marzo de 2006.
Lamentablemente estas heroínas fueron y lo son muchas veces olvidadas en nuestra
historia y si bien la actual zona en que se desarrolló el combate de Ayohúma es
en Bolivia, cerca de la Ciudad de Potosí, no podemos olvidar ni negar que
nuestra incipiente libertad se fue forjando con la lucha, el corazón, el
heroísmo, los valores de la libertad de cientos de miles de personas que hoy
integran otras naciones, pero a la que nos unen un pasado en común y espero
alguna vez poder vivir un futuro juntos en una América Latina unida.
Una niña de Ayohúma mendigando en Buenos Aires.
Las mujeres más nombradas y menos conocidas fueron las que la historia denominó
genéricamente “las niñas de Ayohúma”. Pero, ¿quiénes fueron? ¿Tenían nombre?
¿Qué hicieron?
Según la tradición fueron las niñas de Ayohúma quienes asistieron a los soldados
heridos durante el combate librado en ésas pampas. Eran soldados del ejército
patrio al mando del General Manuel Belgrano, que venía de ser derrotado en
Vilcapugio y ahora lo era en Ayohúma (actual territorio boliviano).
En la Revista Crónica Histórica Argentina Nº 18 del año 1968, bajo el título
“Anciana y Mendiga” se lee el siguiente artículo:
Deambulando por la Plaza de la Victoria, o en los atrios de San Francisco, San
Ignacio o Santo Domingo, podía verse en 1827 a una anciana mendiga, de tez
morena; al pasar a su lado, se la oía pedir limosna con voz cascada y débil. Se
alimentaba con los restos de comida y el pan que le daban en los conventos.
Llamábase esta mendiga María Remedios del Valle.
Cierto día acertó a pasar a su lado el general Juan José Viamonte. Este, después
de mirarla detenidamente, le preguntó su nombre. Al oírlo se volvió a sus
acompañantes: “Esta es ‘La Capitana’, dijo, ‘La Madre de la Patria’, la misma
que nos acompañó al Alto Perú. Se trata de una verdadera heroína”. Y cuántas
veces la anciana había golpeado a la puerta de la casa del general pidiendo
verlo, para ser sistemáticamente despedida por los criados!
Viamonte no la olvidó. Cuando fue elegido diputado a la Sala de Representantes
presentó ante ésta, el 25 de septiembre de 1827, una solicitud de pensión por
los servicios prestados en la guerra de la Independencia”. La Comisión de
Peticiones recomendó a la Sala se aprobara el siguiente proyecto de decreto:
“Por ahora y desde esta fecha la suplicante gozará del sueldo de Capitán de
Infantería, y devuélvase el expediente para que ocurriendo al P. E. tenga esta
resolución su debido cumplimiento”. Pero la presidencia de la sala pospuso la
consideración del proyecto a la de otros asuntos que parecían más urgentes.
El 18 de febrero de 1828, Viamonte consiguió que se llevara el proyecto a la
consideración de la Legislatura. Leída que fue la solicitud, algunos diputados
pidieron mayores informes y, además, alegaron que la Sala de Representantes de
la Provincia de Buenos Aires no tenía facultad para otorgar recompensas por
servicios prestados a la Nación.
Entonces se levantó el general Viamonte y expresó: “Yo no hubiera tomado la
palabra porque me cuesta mucho trabajo hablar, si no hubiese visto que se echan
de menos documentos y datos. Yo conocí a esta mujer en el Alto Perú y la
reconozco ahora aquí, cuando vive pidiendo limosna…
Esta mujer es realmente una benemérita. Ha seguido al
ejército de la Patria desde el año 1810, y no hay acción en el Perú en la que no
se haya encontrado. Es bien digna de ser atendida porque presenta su cuerpo
lleno de heridas de bala, y lleno también de las cicatrices por los azotes
recibidos de los enemigos, y no se debe permitir que deba mendigar como lo
hace”.
La Sala se conmovió ante la declaración de Viamonte, y otro diputado se alzó
exclamando: “¡Esa infeliz mujer es una heroína! Y si no fuera por su condición
de humilde se habría hecho célebre en todo el mundo”. Por su parte, el
representante García Valdéz refutó la objeción sobre las atribuciones afirmando
que la Provincia pasaría por cruel e insensible si esperaba a que la Nación se
organizase para premiar esos servicios.
Entonces tomó la palabra el doctor Tomás de Anchorena, quien había sido
secretario del general Belgrano en la campaña del Alto Perú. “Esta mujer
–expresó- participaba en todas las acciones con tal valentía que era la
admiración del general, de los oficiales y de toda la tropa. Era la única
persona de su sexo a quien el riguroso Belgrano permitía seguir la campaña del
ejército, cuando eran tantas las que lo intentaban. Ella era el paño de
lágrimas, sin el menor interés, de jefes y oficiales. Todos la elogiaban por su
caridad, por los cuidados que prodigaba a los heridos y mutilados, y por su
voluntad esforzada de atender a todos los que sufrían. Su misma humildad es lo
que más la recomienda”.
La Sala resolvió reconocerle el sueldo correspondiente al grado de Capitán de
Infantería, a abonársele desde la fecha en que inició su solicitud ante el
Gobierno. Asimismo, dispuso nombrar una comisión que redactase y publicase una
biografía de “La Capitana” y diseñase los planos y estableciese el presupuesto
de un monumento que habría de erigírsele.
Pero María nunca cobró un centavo, ni tuvo biografía ni monumento. El expediente
que contiene el decreto aprobado por unaminidad quedó sepultado en alguna pila
de papeles y nunca fue despachado. La heroína siguió mendigando y murió en la
miseria.
Después de esto fue incorporada a la plana del Ejército del
Gobernador Juan Manuel de Rosas y la mujer decidió cambiar su nombre a Remedios
Rosas. El Estado y la burocracia vencieron a María de los Remedios del Valle,
murió en la miseria, sin dejar de mendigar monedas y alimentos en las calles de
Buenos Aires y sin pensión ni monumento ni texto que cuente su vida, siendo
rescatada del olvido por una investigación hecha por Jorge Repiso.
Al menos una Niña de Ayohúma tiene nombre: María Remedios del Valle y un rango
figurativo: La Capitana. Pero, cruel destino, fue una mendiga más en el Buenos
Aires que ajeno a su entrega, le dio la espalda. Sea este recuerdo una flor para
su memoria.