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La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas. |
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El cerebro y los primeros seis años… Por Frei Betto. |
Fue el sicoanalista José Ángelo Gaiarsa, uno de los
profesores de mi hermano Leo, terapeuta también, quien me hizo descubrir las
obras de Glenn y Janet Doman, del Instituto de Desarrollo Humano de Filadelfia.
La pareja es especialista en el mejoramiento del cerebro humano.
Los animales hombre y mujer nacen con cerebros incompletos. Gracias al
amamantamiento, en tres meses las proteínas finalizan este órgano que controla
nuestros mínimos movimientos y logran que nuestro organismo produzca sustancias
químicas que aseguran nuestro bienestar. Él es la base de nuestra mente y de él
emana nuestra conciencia. Todo nuestro conocimiento, consciente e inconsciente,
queda archivado en el cerebro.
Al nacer, nuestra red cerebral está formada por cerca de 100
mil millones de neuronios. A los seis años la mitad de esos neuronios
desaparecen como hojas que, en el otoño, se desprenden de las ramas. Por eso, la
fase entre 0 y 6 años es llamada “edad del talento”. No es exagerada dicha
expresión; basta constatar que el 90% de todo cuanto sabemos de importancia para
nuestra condición humana fue aprendido hasta los 6 años: andar, hablar,
discernir relaciones de parentesco, distancia y proporción, intuir situaciones
de confort o de peligro, distinguir sabores, etc.
Nadie necesita insistir para que su bebé se convierta en un nuevo Mozart, que a
los 5 años ya componía. Pero hay que tener en cuenta que la inteligencia de una
persona puede ser ampliada desde la vida intrauterina. Los alimentos que la
madre ingiere o rechaza durante la gestación tienden a influir posteriormente en
la preferencia nutricional del hijo. Pero lo más importante es suscitar redes
cerebrales. Y un excelente recurso se llama lectura.
Leerle al bebé acelera su desarrollo cognitivo, aunque se tenga la sensación de
estar perdiendo el tiempo. Pero es importante hacerlo interactuando con el niño:
dejar que manipule el libro, que remarque y coloree los grabados, que complete
la historia y responda a las preguntas. Un niño familiarizado desde muy pronto
con libros tendrá, sin duda, un lenguaje más variado, mayor facilidad de
alfabetización y mejor desempeño escolar.
La ventaja de la lectura sobre la televisión es que ante el monitor el niño
permanece enteramente receptivo, sin condiciones para interactuar con la
película o el dibujo animado. En cierto sentido la televisión ‘roba’ la
capacidad onírica del niño, como si soñase por él. La lectura suscita la
participación del niño, obedece a su ritmo y, sobre todo, fortalece los vínculos
afectivos entre el lector adulto y el niño oyente.
¿Quién de nosotros no conserva un afectuoso recuerdo de los
abuelos, papás y niñeras que nos contaban historias fantásticas?
En tanto que la familia y la escuela quieren hacer del niño un ciudadano, la
televisión tiende a domesticarlo como consumista. El Instituto Alana, de São
Paulo, del que soy asesor, constató que en un período de 10 horas, de las 8 a
las 18 del 1 de octubre del 2010, fueron exhibidos 1077 comerciales dirigidos al
público infantil, o sea una media de ¡60 por hora o 1 por minuto!
Fueron publicitados 390 productos, de los cuales 295 eran juguetes, 30
vestuario, 25 de alimentos y 40 de diversas mercancías. Promedio de precio: ¡u$s
80! Resulta que el niño es considerado por el mercado como consumidor
prioritario, sea por no tener discernimiento sobre el valor y la calidad de los
productos, sea por su capacidad de convencer afectivamente al adulto para que le
adquiera el objeto deseado.
Hay en el Congreso más de 200 proyectos de ley proponiendo
restricciones e incluso prohibiciones de propaganda dirigida al público
infantil. Pero ninguno avanza, pues el lobby del Lobo malo insiste en que no
ahorre Caperucita roja. Y cuando se habla de restricciones al uso de niños en
anuncios (observe cómo se multiplican), inmediatamente los afectados en sus
ganancias gritan a coro: ¡censura!
Lo más importante, sin embargo, es que los padres y responsables inicien la
regulación dentro de la misma casa. ¿Qué se adelanta con reducir la publicidad
si los niños quedan expuestos a programas de adultos nocivos para su formación?
Una erotización precoz, ambición consumista, obesidad
excesiva y más tiempo ante el televisor y el ordenador que en la escuela, en los
estudios y en juegos con sus amigos, son síntomas de que su querido hijo o hija
puede llegar a ser mañana un amargo problema.
Nota: Frei Betto / Escritor y
religioso católico brasileño. Se desempeñó como asesor del presidente brasileño
Lula da Silva, durante dos años. Creador del Programa Hambre Cero. Autor de
“Maricota y el mundo de las letras”, entre otros libros.
Fuente: El Arca Digital - (Traducción de J.L.Burguet)