La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas.

Tata Yofre: “Si Montoneros hubiese ganado, yo estaría muerto. Usted también”

Por Edgard Mainhard.

"Los atentados, los asesinatos y los asaltos a unidades militares buscaron fomentar el caos para que intervinieran las Fuerzas Armadas. Ellos consiguieron crear el clima de caos"

JUAN BAUTISTA YOFRE: Autor de "Nadie Fue"; es periodista, aunque no ejerce en la actualidad y de la que se retiró tras su paso por la política, en la década de los ´90. Juan Bautista Yofre es uno de los talentos periodísticos argentinos que no se resigna a permanecer fuera de su profesión, a la que regresó luego de haber desembarcado en la política durante los ’90, con suerte dispar.

En 2006, luego de realizar una investigación sobre los 30 años del Golpe de 1976, que publicó en forma de separata el diario ‘Ámbito Financiero’, decidió escribir un libro sobre los prolegómenos de uno de los acontecimientos más traumáticos y controvertidos de la Argentina reciente.

El texto será publicado en días más como ‘Nadie Fue’, a propósito de que nadie asume haber participado del derrocamiento del gobierno justicialista de María Estela Martínez de Perón. No parece que fue un golpe cívico-militar que apoyó la mayoría de la sociedad argentina, no solamente nunca se hizo cargo de las repercusiones de ese acontecimiento, ni siquiera de sus propias expectativas y demandas a mediados de los controvertidos ’70. Por supuesto que esta falta de compromiso permitió la construcción de una crónica histórica irreal, y Yofre pretende ayudar a buscar el análisis histórico más riguroso posible.

Yofre participó de la experiencia televisiva de EDICIÓN i en el año 2003, y por eso es muy subjetiva la opinión –obviamente favorable- acerca de su nueva investigación, que tendrá prólogo de Bernardo Neustadt –guste o no, a mediados de los ’70 era el periodista más influyente del país, con un conocimiento personal de todos los actores-. A continuación un diálogo con Yofre:  

-¿Alguna vez hubo realmente una alternativa posible al golpe de Estado en el año 1976 o la intervención cívico-militar era inevitable?  

-La alternativa a María Estela Martínez de Perón, más conocida como ‘Isabel’ Perón, estaba dentro del propio peronismo. El escenario del reemplazo a la Presidenta fue seriamente analizado en varias ocasiones, pero principalmente entre septiembre y octubre de 1975. En esos meses, ‘Isabel’ Perón solicitó una licencia y se retiró a Ascochinga, Córdoba.

Ella estaba seriamente cansada luego de atravesar dos crisis importantes. Años más tarde se conoció por un cable “desclasificado” de la embajada de los Estados Unidos en la Ciudad de Buenos Aires, un informe en el que se decía que estaba mal medicada por su médico, Pedro Eladio Vázquez.

La primera crisis fue la que culminó con la partida al extranjero del hombre fuerte del gobierno, José López Rega. La segunda, la crisis militar que culminó con la asunción de Jorge Rafael Videla como comandante general del Ejército. Las dos situaciones se definen con fuertes presiones, de uno y otro lado, de amplios sectores de poder.

Pero volviendo al tema de la pregunta, a mi parecer la última oportunidad para alcanzar una solución institucional fue cuando Ítalo Argentino Luder asumió como Presidente interino. Luder fue elegido titular del Senado poco tiempo antes dentro de la lógica de la ‘sucesión’, con un fuerte apoyo de las bancadas del peronismo y el radicalismo. Es más, el día que asumió en su discurso no nombró ni una sola vez a ‘Isabel’, pero sí a su marido ya fallecido, Juan Domingo Perón. Ocurrió que Luder no quiso reemplazar a ‘Isabel’ por temor a aparecer como ‘traidor’ a la memoria del fundador del peronismo.

La ‘operación’ se cayó cuando ‘Isabel’ volvió de Ascochinga, reasumió, y encabezó el acto del 17 de octubre (de 1975) en la Plaza de Mayo. Otra alternativa era la ‘bordaberrización’, pero las Fuerzas Armadas, con el paso de los días, la rechazaron.  

-Las organizaciones armadas o guerrilleras o terroristas, como prefiera llamárselas, ¿apostaron al golpe de Estado o a la continuidad institucional?  

-En política hay una ley inexorable que sostiene: “Bajando el nivel de legitimidad sube el nivel de la violencia”. Está claro que tanto Montoneros como el PRT-ERP buscaron el derrocamiento del gobierno de ‘Isabel’ Perón. La idea central era que ellos formaban “la vanguardia revolucionaria” para luchar contra una dictadura, y que el pueblo, ‘las masas’, los seguirían.

En ese sentido, los atentados, los asesinatos y los asaltos a unidades militares buscaron fomentar el caos para que intervinieran las Fuerzas Armadas. Ellos consiguieron crear el clima de caos. Ahora, cuando intervinieron las Fuerzas Armadas, ‘las masas’ no siguieron a ‘la vanguardia revolucionaria’.

Al revés, ‘las masas’ aplaudieron a los militares porque ellos iban a restaurar el orden. ‘La vanguardia revolucionaria’ había logrado que la demanda de ‘las masas’ fuese de orden.

El famoso editorial, y consigna, escrito por uno de los jefes del ERP (Benito Arteaga), que se tituló “A las armas”, no provocó simpatías ni obtuvo adherentes. Algunos terroristas pelearon (varios, con valentía), otros se fugaron al exterior, pero en el fondo de todo, ellos dejaron ‘clavada’ a una generación que tuvo que crecer en medio de órdenes de mando castrenses y sumergida en un muy bajo nivel intelectual.

En mi caso personal, observé con esperanza la llegada del ‘Proceso’, pero no mucho tiempo más tarde busqué irme al exterior y lo logré.  

-¿Fue la muerte de Perón lo que desencadena la crisis que lleva al golpe o su conclusión es otra? ¿Cuál era el proyecto de José López Rega, a quien describió como “el hombre fuerte del gobierno”?  

-Yo siempre miro a la política primero. Pero en esos días, la crisis estaba en la economía. No hay que olvidarse que la última vez que Perón habló en el balcón frente a Plaza de Mayo (y yo estaba ahí), fue porque se le venían encima los magros resultados de “la inflación cero” de su ministro José Gelbard.

No es un secreto sostener que el regreso de Perón del exilio, aceleró su muerte; una vez desaparecido ‘el Padre Eterno’ que bendecía ‘urbi et orbis’ dentro del Movimiento Peronista, las presiones internas no tuvieron vallas. Se desató la lucha por el poder, acompañada por la crisis económica que explotó en junio-julio de 1975 con el plan de Celestino Rodrigo.

De ahí al vacío restaba un paso. En ese contexto, tras la muerte de Perón (1º de julio de 1974), José López Rega intentó arrebatar el poder. Lo logró durante un año. Él era ministro de Bienestar Social, ministro coordinador del gabinete y jefe de la secretaría privada de la Presidencia de la Nación. Lo era todo, o casi todo, y para peor, además, dormía en la residencia presidencial de Olivos.

Sin embargo, pensar que él tenía un proyecto nacional en su mente es menoscabar a gran parte de la dirigencia política de la época. Todo su pensamiento –confuso, retrógrado y oscurantista– estaba dirigido a mantener su puesto en la Casa Rosada. Él sabía lo que no quería. Para simplificar, rechazaba a ‘los zurdos’. Pero convivió con Alfredo Gómez Morales, Celestino Rodrigo y Masueto Ricardo Zinn. Cuando ocurrió la implosión y se desató la inflación reprimida, los Granaderos desarmaron a su ‘pesada’ y lo mandaron de embajador, sin misión definida, al exterior.  

-¿Dónde estaba ‘el Tata’ Yofre en esos días? ¿Cómo lo trataba la época? ¿Cuál era su visión de los militares?  

-‘El Tata’ Yofre de esos días era un tipo que, como muchos de sus amigos, giraba alrededor de la política. En 1975 había cumplido su primer año de casado y para comprar su primera vivienda, a crédito, en el barrio de San Telmo, había pagado un adelanto de un millón doscientos mil pesos de esa época. Era dinero devaluado a base de ceros. Yo había tenido mi primera experiencia periodística en Radio Municipal, trabajaba al mismo tiempo en Tribunales y hacía política acompañando al ‘balbinismo’. En 1973 ayudé a la fórmula Balbín-De la Rúa que compitió, en septiembre, con Perón-Perón.

¿Qué visión tenía de los militares? La misma que gran parte de la clase política: ni buena ni mala. Estaban ahí como una opción de poder. ¿Cómo iba a odiarlos si yo fui cadete del Colegio Militar de la Nación? No fui militar porque era un tipo bastante libre, con un sentido del humor acentuado y como soy medio bajo de estatura siempre, estaba primero en la fila. Un día un oficial de semana ordenó a la Compañía: “Tomen las tres mantas con cada una de las manos”… Ese día fue inolvidable.

Me hicieron correr con el colchón al hombro varios kilómetros y, a pesar de todo, no paraba de reírme. Además, el día que tenía que elegir mi especialidad me quedé dormido y llegué tarde. Ese día, el destino me deparó otra cosa.  

-En marzo de 1976 los militares arriban al poder, y 30 años después se encuentran destruidos como institución. ¿Dónde comenzaron sus errores? ¿Ya en el poder o se habían equivocado antes y nunca pudieron enderezar el rumbo? ¿Fracasaron los militares argentinos o fracasó la Doctrina de Seguridad Nacional o todo ocurrió con la derrota en Malvinas?  

-La Doctrina de la Seguridad Nacional era la que condujo a las Fuerzas Armadas a intervenir en el territorio argentino en caso de ‘infiltración marxista’. Ella dio pie a diferentes aplicaciones e interpretaciones de todo orden. Pero le recuerdo que algo similar se aplicó en Chile, Brasil y Uruguay. Y ellos, que yo sepa, no fracasaron. Los que fracasaron fueron los militares argentinos.

¿Y por qué no iba a ser así, si ellos también eran argentinos? Tenían el mismo nivel de desorientación que el resto de los ciudadanos.

Un ejemplo: vinieron para salvaguardar los valores del Occidente Cristiano y terminaron peleándose con la OTAN…

Otro ejemplo emblemático: el primer ministro de Relaciones Exteriores fue un almirante (submarinista) que había pasado gran parte de su vida observando el mundo desde un periscopio. ¿La verdad? Un desastre, otra oportunidad perdida. Y para peor muchos muertos. Muchos de los que murieron eran ‘pesados’ a quienes no les temblaban las manos para asesinar a diestra y siniestra dentro del contexto de una ‘guerra interna’. Otros tantos fueron ‘perejiles’, a quienes no se les dio la oportunidad. Lo que yo llamo “la oportunidad del Galleta”, dicho esto con gran respeto.

Ocurre que en esos tiempos del ‘Proceso’ había un alto jefe castrense muy poderoso, apodado ‘Galleta’ por sus amigos. Un hijo suyo era medio contestatario, con una visión de izquierda si se quiere. Un día ‘el Galleta’ le dijo, palabras más palabras menos: “¿Así que a vos te gusta la izquierda? Bueno, te voy a mandar a Moscú para que veas como se vive allí.” A los pocos días, el hijo ‘rebelde’ del jefe militar fue a parar cerca de la Plaza Roja y a las pocas semanas imploraba retornar a Buenos Aires. Esa oportunidad no se les dio a muchos que hoy serían de gran utilidad para el país.

Para resumir, los militares ya estaban mal el 1º de abril de 1982. Al día siguiente huyeron para adelante. Yo estuve en la manifestación del 30 de marzo que organizó la CGT. Vi lo que pasó. Hacía pocos días que acababa de regresar de Washington, donde había vivido varios años, y todavía no tenía la credencial de la agencia Noticias Argentinas, a la que me estaba incorporando. ¿Sabe cómo atravesé el cerco policial? Muy simple, mostrando mi carné de conducir de los Estados Unidos. ¿Y la Doctrina de Seguridad Nacional?  

-¿Cuál fue el rol de Cuba y del comunismo argentino en esos días?  

-El papel de Cuba en el drama argentino fue primordial. A los pocos meses de triunfar, en 1959, Fidel Castro visitó la Argentina donde se lo recibió con afecto tanto por el presidente Arturo Frondizi como su canciller Carlos Florit. Al año siguiente, una delegación de soldados cubanos participó en las fiestas del Sesquicentenario de la Revolución de Mayo, siendo aplaudida a rabiar por las señoras de la Recoleta. Yo lo viví, no me lo contaron.

Tres años más tarde, Cuba nos mandó la primera guerrilla con Masetti y el cubano Hermes Peña a la cabeza. Eran los tiempos de José María Guido y Arturo Illia. No había dictaduras en la Argentina. De ahí en adelante, especialmente desde la creación, en 1966, de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), Cuba, se dedicó a fomentar e instruir la subversión en la Argentina.

Usted me dirá que lo hacía por encargo de la Unión Soviética. No me importa, me interesa Cuba. Todo venía de allí: Fernando Abal Medina, Norma Arrostito, Roberto Quieto, Mario Osatinsky, Rodolfo Walsh, Santucho, John William Coocke, Horacio Mendizábal, etc., etc. ¡Mire qué nenes! Estos pasaron por la isla en la década del ’60.

Le recuerdo: asesinatos de Augusto Vandor, José Alonso, José Ignacio Rucci, Arturo Mor Roig, asaltos a cuarteles, fusilamientos a oficiales, Ezeiza, Monte Chingolo. Finalmente tuvo que venir Perón para pararlos y, cuando se murió, gran parte de la clase política y la sociedad clamó por ‘el Orden’. ¿O acaso Ricardo Balbín no le pidió a Videla que terminaran con la “agonía”? ¿De qué estamos hablando? Si el respetable líder radical nos dijo a nosotros por televisión que “no tenía soluciones”…

En cuanto al rol del comunismo, en esos días aplicó la política del ‘doble standard’: por un lado, acusaba a la guerrilla de “infantilismo revolucionario”; y por el otro, los líderes de la guerrilla pasaban por La Habana, y Montoneros tenía un ‘embajador’ n Moscú. ¿O acaso Santucho, el día que murió, no tenía en su bolsillo un pasaje a La Habana?

Le recuerdo que en las manifestaciones del PCA se cantaba: “Viet Nam / Cuba / el pueblo te saluda”.

Usted puede acusarme de practicar un reduccionismo. Sí, lo acepto. No hay lugar para ‘sutilezas’. Y para peor, después del golpe de 1976, el comunismo nacional e internacional se silenció frente a lo que ocurría en la Argentina. En los No Alineados o en las Naciones Unidas.  

-¿Cuál fue la influencia que provocó el golpe de Estado ocurrido en Chile sobre el proceso político-económico- social argentino, o fue inocuo?  

-Le recuerdo que el golpe en Chile fue el martes 11 de septiembre de 1973. Lo primero que hizo la Junta Militar fue mandar un enviado especial a la Argentina. ¿Qué se acordó? No lo sé, pero se les cerraron a los terroristas los pasos fronterizos.

El golpe en la Argentina fue casi tres años más tarde. En el medio, tanto Perón como ‘Isabel’ Perón se entrevistaron con el general Augusto Pinochet. Se acordaron cosas, pero se las dejo en suspenso: el mes que viene las va a leer en mí libro ‘Nadie Fue’, que no es otra cosa que la historia del golpe militar de 1976.

Usted me preguntará qué pensaba yo en esos días. Muy bien, le contesto: Conocía al detalle la situación chilena por haber trabajado, precisamente en la cuestión Chile, en el Palacio San Martín. Conocí personalmente a Salvador Allende, en Salta, en julio de 1971. El comunismo estaba en el poder pero no era el más radicalizado, sino que lo era el socialismo, con Carlos Altamirano a la cabeza. Así que yo no estaba de acuerdo con ese proceso que en sus últimos días dejó a Allende al margen de su legitimidad.

Tampoco salí a la calle a protestar por su derrocamiento, aunque sí vi a las Juventudes Políticas ir a gritar a la embajada de Chile, junto con encapuchados del ERP.  

-¿Cómo ve hoy día al periodismo argentino? ¿Qué diferencia encuentra entre el periodismo argentino hoy y el que transcurría en los tiempos que aborda el libro?  

-En 1989, en un programa de televisión, cuando yo estaba por asumir la jefatura de la SIDE, Bernardo Neustadt me dijo que me despidiera del periodismo porque no iba a volver más a ejercerlo. Debo decir que, aunque no tomé en serio el vaticinio, él tenía razón. No pude volver más, trabajo al 30% de lo que era en aquel entonces.

¿Cómo veo al periodismo hoy? No me atrevo a convertirme en fiscal de nadie. Quizá lo único que me atrevo a sostener es que el periodismo acompaña en gran medida el proceso de decadencia que sufrimos y del cual hemos sido actores. ¿Cómo era el periodismo de antes? Más formado, con un nivel cultural que hoy no tenemos. Excelentes plumas.

Haga la siguiente prueba y se dará cuenta: pídale a un periodista de la sección Política de cualquier medio que le escriba los nombres de los últimos 10 cancilleres. Y, de lo contrario, pídale 30 líneas, sin archivo de por medio, sobre Oscar Alende, Antonio Tróccoli, Carlos Corach o Carlos Juárez. Ya ni hablemos si le pide una nota sobre Alfredo Roque Vítolo o Víctor Raúl Haya de la Torre…  

-¿Qué lo llevó a escribir ‘Nadie Fue’? ¿Habrá otro libro más? ¿Tiene un enfoque similar al libro anterior tuyo sobre el golpe de Estado en Chile?  

-Lo bauticé ‘Nadie Fue’ porque tengo la sensación de que hoy nadie estaba en la Argentina cuando llegó Jorge Rafael Videla al poder. Es como si unos paracaidistas canadienses se hubieran lanzado sobre la Casa Rosada, ocupándola, en medio de un paraíso.

Este trabajo tiene un ligero parecido a mi anterior libro ‘Misión Argentina en Chile (1969-1973)’ que me editó Sudamericana. ‘Nadie Fue’ es el relato de una época de pesadilla que termina con otra pesadilla, de la cual pudimos salir, pero los cubanos todavía no. Por la simple razón que del comunismo no se sale a no ser que se venga el mundo abajo.

Y tengo otro libro en la cabeza y será más conmovedor, más dramático. Acontece en la Argentina entre 1975 y 1981. Pero, permítame no avivar a la ‘gilada’. Como decía mi amigo el general Ricardo Flouret, “hay muy pocas ideas en el aire y si uno la larga se la copian mal”.

Después sí quiero abordar el libro que me debo: mis tiempos junto a Carlos Menem; la campaña interna de 1988; mi paso por la SIDE; mi drama personal y mí huida a La Cumbre, Córdoba.

-Tata, Ud. fue cuestionado, de alguna manera, por sectores militares en los ‘70 y ‘80, pero ahora hay quienes le reprochan su defensa presente de esos sectores militares, ¿cuál sería la explicación?

-Fui ‘invitado’ a no hablar más de derechos humanos en 1978. Quizá tuve la virtud de prever lo que iba a acontecer al final del ‘Proceso’. No fui el único. Nadie me persiguió ni me vetó, hay que decirlo. Pero cuando encontré un resquicio me fui a Washington, no a La Habana. ¿Se entiende?

Antes de irme le dije a un gran amigo: “Te regalo la parte de país que me corresponde”. Lo cierto es que me vino muy bien para mi formación. En el exterior me encontré con muchos argentinos y latinoamericanos. Siempre puse un límite: con el terrorismo no me siento a conversar. Y así fue.

Fui uno de los tantos latinoamericanos que, en Washington DC, nos entristecimos cuando perdió ‘Jimmy’ Carter contra Ronald Reagan. Y hoy pienso que Reagan fue uno de los mejores presidentes que tuvieron los Estados Unidos. ¿Cambié? Sí, cambié. Algunos me dicen que maduré o que volví a las fuentes. Da lo mismo. La vida es una película no una foto.

‘Nadie Fue’ es tan solo un capítulo de mi vida, como el de tantos argentinos. Lo hice sin hipocresía ni resentimiento. Le di una oportunidad a todos de explicar qué hicieron, incluido un ‘comandante’ montonero que prefirió mantener el silencio. Allá él.

¿Me critican por defender militares? ¿Quiénes? Vayan y busquen en Texas a ‘Tex’ Harris y pregúntenle si alguna vez no habló conmigo. Lo que sucede es que yo conozco a la guerrilla y si ellos hubieran ganado, yo no estaría vivo. Ah, usted tampoco.

Hace muchos años, Carlos Manuel Muñiz, me enseñó que no se puede andar por la vida cargando resentimientos porque al final no podría caminar de lo encorvado que estaría. Y al lado de Carlos Menem esto lo viví intensamente. Estuvo preso, se lo humilló, y tuvo la grandeza necesaria para pacificar el país. Yo fui el que le dio, en 1989, el siguiente mensaje, de parte de Eduardo Angeloz: “Decíle a Carlos que largue el paquete de los indultos completo que yo voy a salir a respaldarlo”.

Cuando hice eso, otros ya se habían adelantado en dirección contraria. ¿Qué me critican por eso? Bueno, que me critiquen los ‘progresistas’. Si fuera por ellos no podría hacer nada porque ellos son ‘perfectos’.

¿Sabe qué significa hoy respetar los Derechos Humanos? Significa no ‘afanar’ cuando uno esta en el Estado. Y opino así porque hablo como vivo. Algunos me dicen que soy “un boludo” por eso. “Está bien”, contesto, “pero camino por la calle solo”. Nunca tuve custodia. Otros no pueden decir lo mismo.

Le entrevista la hizo Edgard Mainhard, director del semanario “Edición I”. Quien además es el director de “Urgente 24”. Salió publicada el jueves pasado en "7 Días"

Informes