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La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas. |
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Papá, Néstor, los
espías y yo. |
Desde 1983 hasta la fecha nadie hizo tanto uso y abuso de los
servicios de inteligencia como Néstor Kirchner. En una clara violación de la Ley
de Seguridad Interior, hasta sus amigos más cercanos confiesan que deben
cuidarse porque saben que el Gran Hermano Pingüino los espía día y noche.
Confirman fuera de micrófono que Néstor consume compulsivamente carpetas
reservadas con datos sobre la vida privada de muchos argentinos.
El mismísimo Alberto Fernández, quien fuera casi un integrante más del
matrimonio presidencial, bebió de su propia medicina el día en que tuvo la
osadía de encontrarse a solas con Julio Cobos. Los K consideran a ambos los
máximos traidores a su "proyecto revolucionario" y por eso los monitorean
constantemente. Donde Néstor y Cristina exhiben fisuras es en el seguimiento de
la vida personal y patrimonial de Ricardo Jaime.
Fue la Presidenta quien eyectó del poder al ex secretario de
Transporte y fogonea la investigación: lo acusa de ser compañero de la noche y
cómplice de algunos deslices de la vida íntima de Néstor. De ello se encargaría
en persona Fernando Pocino (director de Reunión de la ex SIDE), quien tuvo a su
cargo las operaciones contra Juan José Álvarez, Enrique Olivera, Francisco de
Narváez y Luis Juez, entre las más conocidas.
Todos estos casos fueron difundidos en primera instancia por medios y
periodistas muy vinculados al Gobierno. Lo único cierto fue el paso de Álvarez
por la SIDE durante la dictadura, pero el diputado modificó su postura opositora
y hoy trabaja para acercarle ovejas descarriadas a Néstor K. Lo de Enrique
Olivera y su lavado de dinero en el exterior fue una mentira grande como una
casa facilitada a los medios por Alberto Fernández cuando era jefe de Gabinete.
La campaña electoral ya jugaba minutos de descuento y el aliado de Elisa Carrió
pudo probar su inocencia tiempo después.
El ex juez federal de Zárate-Campana Federico Faggionato Márquez, que involucró
a De Narváez en la mafia de la efedrina, terminó destituido. Fue el mismo
magistrado que mandó al freezer una causa por el descubrimiento por parte de la
Policía Federal de una centralita ilegal desde donde la SIDE intervenía unos 20
mil teléfonos.
Lo de Luis Juez fue más burdo. El senador nacional recibió el martes pasado una
carta membretada del Bank of America con la firma de George C. McLaughlin en
nombre de la gerencia residual del banco que está en proceso de liquidación.
Allí se asegura que "el equipo de inteligencia financiera y los investigadores
asignados no encontraron en sus archivos una cuenta a nombre de Lantral Inc". El
3 de junio pasado, una misiva similar de Bart Barringer, representante legal del
Delta Bank de Manteca, California, también negó la existencia de una cuenta a
nombre de Juez o de su hermano Daniel.
La numeración a la que se hace referencia no coincide ni
siquiera con el tipo de nomenclatura utilizado por el banco, que no tiene
sucursales en las Islas Caimán. La información publicada acusaba a Juez de tener
más de 5 millones de dólares en esos bancos. La única prueba fue un panfleto
anónimo, un mail-cadena, que una señora de 80 años llamada Ramona Sánchez
recibió a la salida de misa en la parroquia Nuestra Señora de Loreto, donde
también concurre la jueza María Romilda Servini de Cubría, a cargo de la causa,
según reveló este mismo diario.
Estas historias, entre cientos en las que políticos opositores, jueces o
periodistas son espiados, constituyen el principal activo de Mauricio Macri para
su defensa. Eduardo Duhalde, otro opositor que el Gobierno tiene en la mira,
dijo que las acusaciones a Macri son "una obra maestra de la SIDE". La causa por
las escuchas la puso en funcionamiento un agente de inteligencia que advirtió a
Sergio Burstein (familiar de una víctima de la AMIA) de lo que estaba pasando a
menos de 24 horas del comienzo de esa pinchadura.
Por eso gran parte de la opinión pública da crédito a las
excusas de Macri en el sentido de que su procesamiento tiene la autoría
intelectual del ex presidente. La defensa a rajatabla que el kirchnerismo hace
del juez Norberto Oyarbide también es un punto a favor de la victimización que
hace crecer a Macri en las encuestas. Horacio Rodríguez Larreta no tuvo empacho
en afirmar que "el Gobierno le pidió a Oyarbide que procese a Macri".
Por el contrario, al jefe de Gobierno porteño lo condena cierta tradición
arraigada en su propia familia de usar agencias privadas o estatales de
espionaje. Desde el secuestro al que fue sometido Mauricio, utilizan escuchas
telefónicas con una naturalidad que explican por motivos de seguridad pero que
se filtran también a temas de la vida privada. No es casual que la principal
espada legislativa de PRO, Federico Pinedo, haya dicho: "Mauricio es Macri y
Franco es Kirchner". Antes recordó que el propio Franco había confesado que él
mismo ordenó espiar a su yerno.
Tal sería el principal pecado político (y delito, según Oyarbide y la Cámara
Federal) del jefe de Gobierno. Defendió a capa y espada, incluso contra la
opinión de grandes amigos, la designación del comisario Jorge "Fino" Palacios,
un experto en investigaciones con gran acceso a todo tipo de información
producto de sus múltiples contactos cosechados a lo largo de una vida adentro de
la Policía Federal.
En su empresa, que entre otros servicios proveía de data
calificada a quien la pagara, trabajó con el comisario Osvaldo Chamorro y,
dicen, con el 007 del subdesarrollo Ciro James. Palacios y James están detenidos
y procesados. El otro tema que compromete a Macri es que los jueces que
dispusieron las escuchas son de Misiones, provincia a donde Mauricio cambió su
domicilio para apoyar al ex gobernador Ramón Puerta.
Cuando la invasión de la intimidad se convierte en el corazón de la política del
Gobierno, empieza a consolidarse un Estado policial incompatible con las
instituciones democráticas. No hay otro camino que ejercer controles y poner los
límites republicanos. El submundo de las operaciones sucias es el peor destino
que puede tener un país. La buena noticia es que los mecanismos de fiscalización
se han activado. La diputada Carrió y varios legisladores están a la cabeza de
esos reclamos.
La Comisión Bicameral respectiva deberá disponer todo lo necesario para conocer la lista de teléfonos intervenidos, de agentes secretos y del manejo de los 514 millones de pesos de presupuesto que tienen para este año. Tanto Héctor Icazuriaga como Francisco Larcher, como autoridades de la ex SIDE, tendrán que rendir cuentas.
Fuente: Perfil.