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La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas. |
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Los silenciosos pasos del Doctor Muerte, un despiadado médico nazi. Por Souad Mekhennet y Nicholas Kulish. |
Un viejo maletín encontrado en Egipto acaba de revelar el rastro perdido durante 47 años de Aribert Heim, miembro de la SS de Hitler y acusado de cometer asesinatos y horrendas atrocidades contra miles de prisioneros.
El alemán atlético y de una estatura imponente que los
habitantes de El Cairo conocían como Tarek Hussein Farid mantuvo hasta en la
vejez la disciplina de caminar unos quince minutos diarios por las
bulliciosas calles de la capital egipcia. Caminaba hasta la famosa mezquita
Al Azhar, donde se había convertido al Islam, y hasta el Café J. Groppi, en
el centro, donde encargaba tortas de chocolate para sus amigos y compraba
bombones para los hijos de éstos, que lo llamaba tío Tarek.
Amigos y conocidos de Egipto también lo recuerdan como un ávido fotógrafo
aficionado que casi siempre llevaba una cámara colgada del cuello, pero
nunca permitía que lo fotografiaran. Tenía buenos motivos para ello: el tío
Tarek se llamaba Aribert Ferdinand Heim; miembro de las Waffen-SS de Hitler
y médico de los campos de concentración de Buchenwald, Sachsenhausen y
Mauthausen. El tío Tarek era el Doctor Muerte.
Fue tras los muros grises de piedra de Mauthausen, en su Austria natal, que
Heim cometió atrocidades contra centenares de judíos y otros prisioneros que
le valieron ese temible apodo y la condición de criminal de guerra nazi más
buscado del Centro Simon Wiesenthal, donde pensaban que seguía en libertad.
En el prontuario del doctor Heim figuran operaciones a prisioneros sin
anestesia. También se lo acusa de extirpar órganos a personas con buena
salud para luego dejarlas morir en la mesa de operaciones; de inyectar
veneno -y en ocasiones nafta- en el corazón de otras víctimas y de conservar
algunos de sus cráneos como souvenir.
Luego de vivir bajo el radar de los cazadores de nazis
durante más de diez años después de la Segunda Guerra -buena parte de los
mismos en el balneario alemán de Baden-Baden, donde tenía esposa, dos hijos
y un consultorio de ginecología-, logró escapar cuando sus cazadores lo
tenían casi cercado. Fue en 1962.
Su escondite, así como su muerte en 1992, fue uno de los mayores secretos
hasta ahora.
En Alemania e Israel, los investigadores dijeron una y
otra vez que pensaban que Heim estaba vivo y oculto en América Latina, cerca
de Chile donde vivía una presunta hija natural. Testigos de Finlandia hasta
Vietnam y desde Arabia Saudita hasta Argentina mandaron datos sobre su
posible paradero.
Un maletín polvoriento con cierres rojos, que permanecía guardado y casi
olvidado en El Cairo, reveló el itinerario del Doctor Muerte a Oriente
Medio. El diario The New York Times y el canal de televisión alemán ZDF
obtuvieron el maletín de manos de la familia Doma, los propietarios del
hotel donde vivía Heim. La documentación que había en su interior cuenta la
historia de su vida y su muerte en Egipto.
El maletín es, en realidad, un archivo de páginas amarillentas -algunas en
sobres que aún estaban sellados-. Guardaba cartas; la historia clínica de
Heim; su documentación financiera y un artículo subrayado de una revista
alemana sobre su propia búsqueda y su juicio en ausencia. Hay hasta dibujos
de soldados y trenes que hicieron los hijos que había dejado en Alemania.
Algunos documentos llevan el nombre de Heim, otros el de
Farid, pero muchos de los últimos, al igual que una solicitud de residencia
en Egipto bajo el nombre de Tarek Hussein Farid, tienen la misma fecha de
nacimiento -28 de junio de 1914- y el mismo lugar de origen -Radkersburg,
Austria- que corresponden al Heim.
Si bien ninguno de los diez amigos de El Cairo que identificaron una
fotografía del Heim conocía su verdadera identidad, sí dieron indicios de
que podía tratarse de un fugitivo. "Lo que me decía mi padre es que parecían
buscarlo, tal vez los judíos, y que se había refugiado en El Cairo", dijo
Tarek Abdelmoneim el Rifai, hijo de Abdelmoneim el Rifai, de 88 años,
dentista y buen amigo de Heim.
La copia de un certificado de defunción egipcio confirmó las versiones de
testigos de que el hombre llamado Tarek Hussein Farid murió en 1992. "Tarek
Hussein Farid es el nombre que mi padre adoptó cuando se convirtió al
Islam", dijo su hijo Rüdiger Heim. En una entrevista en su casa de Baden-Baden,
Heim hijo (53) admitió públicamente por primera vez que estuvo con su padre
en Egipto cuando éste murió de un cáncer de recto. "Fue durante las
Olimpíadas. En la habitación había un televisor. Eso lo distraía", dijo Heim,
que es alto como el padre, tiene un rostro largo y melancólico y habla con
suavidad. Aribert Heim murió el día después de la final de las Olimpíadas,
el 10 de agosto de 1992, según su hijo y el certificado de defunción.
Heim hijo explicó que un tío le había dicho el paradero de su padre. Explicó
que no había revelado nada porque no quería crearles problemas a los amigos
de su padre en Egipto. Pero a pesar de las pruebas de que el Doctor Muerte
vivió en Egipto, es imposible cerrar el caso: el lugar donde está enterrado
sigue siendo un misterio.
Su muerte sería un hito significativo para cacería apasionada y en ocasiones
polémica de criminales de guerra nazis que dio lugar al juicio y la
ejecución del planificador del Holocausto Adolf Eichmann pero que nunca
consiguió encontrar a Josef Mengele, el más famoso de los médicos nazis, que
murió en Brasil en 1979.
Si bien la vida secreta de los nazis en países como Argentina y Paraguay
capturó la imaginación popular en libros y películas, el caso Heim lleva a
Oriente Medio. Hasta que el clima político cambió, los ex nazis fueron
bienvenidos en Egipto, donde contribuyeron sobre todo en el plano de la
tecnología militar. Rüdiger Heim dijo que su padre le había contado que
conocía a otros nazis que estaban en Egipto, pero que trataba de mantenerse
lejos de ellos. Lo que no queda claro es cómo logró Heim escapar durante
tanto tiempo: recibía dinero de Europa, en especial de su hermana Herta
Barth, e intercambiaba cartas con amigos y familiares.
"El mundo árabe era un refugio más seguro que América del Sur", declaró
Efraim Zuroff, director del Centro Simon Wiesenthal de Israel, quien buscaba
a Heim y había viajado a Chile en julio para impulsar el caso. Zuroff se
sorprendió al saber el aparente destino de Heim y contó que estaban a punto
de aumentar la recompensa por información para su captura de 400.000 a casi
un millón y medio de dólares.
El ex prisionero de Mauthausen Josef Kohl declaró ante la justicia el 18 de
enero de 1946 y contó como "El doctor Heim tenía la costumbre de revisarles
la boca a los prisioneros para determinar si tenían los dientes en perfecto
estado. De ser así, mataba al prisionero con una inyección, le cortaba la
cabeza, la dejaba en el crematorio durante horas, hasta que desaparecía toda
la carne que cubría el cráneo, que luego preparaba como objeto decorativo
para su escritorio y los de sus amigos."
Los investigadores alemanes declararon que Heim se manejó con cuidado
durante la posguerra. El médico, un buen jugador de hockey sobre hielo, se
mantenía siempre al margen de las fotos cuando su equipo posaba. También
poseía un edificio en Berlín, la renta que obtenía de él fue su fuente de
ingresos en la clandestinidad.
En la sede de la policía de Baden-Württemberg en Stuttgart, pequeños imanes
salpican un mapa del mundo y marcan los lugares donde surgieron pistas o
datos sobre el Doctor Muerte. Lo habían buscado sin descanso desde su
desaparición en 1962, período en el que habían seguido 240 pistas. Si bien
nunca lograron detenerlo, habrían estado muy cerca de su escondite en El
Cairo.
"Había información de que estuvo trabajando en Egipto como médico policial
entre 1967 y 1970", dijo Joachim Schäck, jefe policial de la división de
fugitivos. "Resultó ser una pista falsa."
Según su hijo, el Doctor Muerte abandonó Alemania y atravesó Francia y
España en auto antes de cruzar a Marruecos para instalarse en Egipto. "Fue
una casualidad que la policía no me detuviera porque justo en momento no
estaba en mi casa", escribió Heim en una carta a la revista alemana Spiegel
después de que se publicara un informe sobre él en 1979. La carta se
descubrió en sus archivos, todos escritos con una meticulosa letra cursiva
en alemán o en inglés.
En la carta también acusó a Simon Wiesenthal, quien estuvo prisionero en
Mauthausen, de ser "el que inventó esas atrocidades". Heim se refirió luego
a lo que llamó la masacre israelí de palestinos y agregó que "el lobby
sionista de EE.UU. y el Khazar judío, fueron los primeros que le declararon
la guerra a Hitler en 1933."
El grupo étnico turco de los Khazar era un tema recurrente para Heim. El
médico nazi se mantenía activo en El Cairo haciendo una investigación -que
escribía en inglés y alemán- y en el que negaba la existencia del
antisemitismo sobre la base de que, según decía, la mayor parte de los
judíos no era de origen étnico semita. Rifai recordó que Heim le había
mostrado borradores del trabajo, los cuales estaban en el maletín. También
había una lista que daba cuenta de sus planes de mandar borradores del
trabajo a personajes importantes de distintos lugares del mundo: lo haría
con el seudónimo de Youssef Ibrahim. Entre ellos figuraba quien era el
entonces Secretario General de las Naciones Unidas Kurt Waldheim, un asesor
de seguridad nacional estadounidense -Zbigniew Brzezinski- y el gobernante
yugoslavo Tito.
Heim en El Cairo forjó estrechos vínculos con sus vecinos, entre ellos con
la familia Doma, que dirigía el hotel Kasr el Madina, donde el criminal de
guerra vivió sus últimos diez años. Mahmoud Doma, cuyo padre era el dueño
del establecimiento, recordó que hablaba árabe, inglés y francés además de
alemán. Doma contó también que su vecino leía y estudiaba el Corán en
alemán, un ejemplar que los Doma habían encargado para él.
Doma, de 38 años, se emociona al hablar del hombre al que llamaba tío Tarek,
quien le había regalado libros y lo había alentado a estudiar. "Era como un
padre. Me quería y yo lo quería a él."
Recordó, además, que el tío Tarek había comprado raquetas e instalado una
red de tenis en la terraza del hotel, donde él y sus hermanos jugaban con el
musulmán alemán hasta que caía la noche. Para 1990, sin embargo, la salud de
Heim comenzó a deteriorarse y le diagnosticaron cáncer.
Después de su muerte, su hijo Rüdiger insistió en que se respetaran los
deseos de su padre y donó el cuerpo a la ciencia, una tarea nada fácil en un
país musulmán donde las normas establecen un entierro rápido y se oponen a
la disección. Doma, que quería poner al tío Tarek en la cripta familiar, y
se negaba a aceptar el plan.
Finalmente, los dos hombres condujeron una furgoneta blanca con el cuerpo de
Heim, que había sido lavado y envuelto en una sábana blanca, según la
tradición musulmana, y colocado en un ataúd de madera. Doma contó que habían
sobornado a un empleado de un hospital para que aceptara el cadáver, pero
que las autoridades egipcias se enteraron y entonces terminaron enterrando
al Doctor Muerte en una fosa común- Sin nombre. De forma anónima.
Traduccion: Joaquin Ibarburu.
Fuente: La Nación.