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La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas. |
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"Ahora, piña, patada y máquina". Por Juan Bautista Yofre. |
Juan Perón fue quien exigió la eliminación de Montoneros y ERP, hartos de esas agrupaciones que tenían proyectos tan diferentes al suyo y que propiciaban la 'acción directa' (lucha armada) contra el Estado que, por entonces, quería administrar Perón. 'El Escarmiento' -el más reciente trabajo de Juan Yofre, ya rumbo a las librerías- precisamente investiga los orígenes y el curso de la ofensiva de Perón contra Héctor J. Cámpora y los Montoneros. Aquí un fragmento:
Después del ataque del PRT-ERP a Azul, Perón citó en su
residencia de Gaspar Campos al comisario general Alberto Villar, el mismo
oficial que había investigado el asesinato del ex presidente Pedro Eugenio
Aramburu (1979) y el secuestro seguido de muerte del presidente de la Fiat,
Oberdán Sallustro (1972).
Poco tiempo antes de la transferencia del mando al presidente Héctor J. Cámpora,
el 3 de enero de 1973, Villar pasó a situación de retiro. Había recorrido todo
el escalafón jerárquico de su fuerza y era uno de los pocos jefes de las fuerzas
de seguridad que tenía un conocimiento profundo del fenómeno subversivo en la
Argentina. Lo había enfrentado con dureza y decisión. Y por eso se iba.
En enero de 1974, Perón ya estaba al tanto de lo que tenía que afrontar, aunque
no en su verdadera dimensión: no dejaba de decir que a la subversión la corría
con la Policía.
Con el asesinato de Rucci tuvo la certeza de que FAR y Montoneros habían
retomado la acción armada. "Perón allí decide que va a terminar con esos
sectores", observó Juan Manuel Abal Medina. Julio Santucho, hermano del líder
PRT-ERP, diría en su libro 'Los Últimos Guevaristas', que durante "el último año
de su vida, más que gobernar, Perón se dedicó a combatir a la izquierda. Para
ello desplegó una estrategia basada en la utilización combinada de métodos
legales e ilegales".
Según la historia oral, el comisario Villar en Gaspar Campos se encontró con un
Perón enojado. Tras unas palabras de bienvenida, el dueño de casa le expresó su
preocupación acerca del desarrollo del fenómeno subversivo y le pidió que se
hiciera cargo de la subjefatura de la Policía Federal, con amplios poderes para
designar a sus colaboradores. Para los que lo conocieran, Villar habría
declarado: "No soy peronista", a lo que Perón respondió que eso lo sabía, pero
que lo convocaba porque "la Patria lo necesita". De todos modos ésta es una
versión al menos incompleta del encuentro.
En realidad, Villar no fue solo a la reunión con Juan Domingo Perón: llevó a dos
personas más porque sabía lo que le iban a ofrecer y necesitaba hacerle una
pregunta al Presidente de la Nación. Como el dueño de casa no se podía exponer a
un desplante, se había asegurado conocer de antemano la posible respuesta
positiva del jefe policial. El ministro Llambí había operado previamente.
¿Por qué Villar fue acompañado a Gaspar Campos? Según explicó: "Yo necesitaba
que ustedes lo escuchen, y lo necesito porque me van a secundar. Y él va a dar
las órdenes y quiero que las escuchen de manera directa". En un momento del
encuentro se produjo el siguiente diálogo:
Villar: -Señor Presidente, ¿tenemos mano libre para terminar con la subversión?
Perón: -Para eso lo he llamado, necesito poner orden.
Villar: -Señor Presidente, ¿me permite una pregunta? Necesito hacérsela.
Perón: -Pregunte. Estamos en confianza.
Villar: -Usted me está ordenando que nosotros lo ayudemos a poner orden, y vamos
a cumplir. Ahora, con el respeto que se merece, ¿usted sabe que hay gente con la
que usted trata que no está de acuerdo con la convivencia democrática? Algunos
hablan en su nombre pero en la intimidad dicen de usted barbaridades.
Perón: -Comisario, en mi gobierno nadie tiene 'coronita'. ¿Usted está al tanto
de quiénes son los jefes del terrorismo?
Villar: -Sí, señor. Aquí tengo algunos antecedentes.
En ese momento el jefe policial le entregó una carpeta de tapas color azul
marino y letras doradas que rezaba: "Policía Federal. Superintendencia de
Seguridad Federal. Dirección General de Inteligencia". Y en letras más grandes:
"Álbum fotográfico de extremistas prófugos".
Perón abrió la carpeta, la observó un rato en silencio y, guiñándole un ojo, le
dijo: "Pensé que habían quemado todos estos expedientes. ¿No fue ésa la orden
del 'jovencito' Righi?" (en realidad él pronunció "Riggi"). Villar respondió:
"Señor Presidente, si me permite, le voy a responder con una gran enseñanza
suya. No quemamos nada porque 'los hombres son buenos, pero si se los vigila son
mucho mejores'".
Perón no tuvo otro remedio que reírse, y palmeándolo le dijo: "Bueno Villar, lo
he convocado para que me ayude a poner orden. Cuenta con mi confianza:
proceda... y déjeme la carpeta".
A la salida, uno de los acompañantes, con aire de preocupación, le dijo al nuevo
subjefe de la Policía Federal: "Le dejamos la carpeta, ¿qué va a hacer con ella?
¿La carpeta tiene todo?".
A lo que Villar contestó: "No le puse todo, sólo algunos antecedentes. Toda la
información la tenemos nosotros, ahora lo vamos a ayudar". Mirando al otro
acompañante, preguntó: "¿Escuchaste bien, Negro? Entonces, ahora, piña, patada y
máquina".
La Carpeta Azul estuvo en poder de Perón hasta enero de 1974, cuando se mudó a
Olivos. Contenía los antecedentes de importantes jefes de las organizaciones
armadas. Cada biografía estaba acompañada por la foto correspondiente. Queda
claro que para la época la carpeta ya tenía datos desactualizados y Perón, a
través del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) contaba con información más
calificada. Con la perspectiva que da el paso de los años se puede decir que
había personajes que sobraban y varios que faltaban.
Junto con Villar asumió el comisario inspector Luis Margaride. El jefe de la
Policía Federal seguía siendo el general (RE) Miguel Ángel Iñiguez. Villar se
hizo cargo de su puesto el 29 de enero de 1974, una semana después de Azul. El
mensaje de Perón no podía ser más claro...