La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas.

Malevo Ferreira

El "Malevo" Ferreyra se suicidó ayer en Tucumán. (22-11-08) Por Fernando García Soto.

Murió como vivió: a sangre y fuego. El ex comisario Mario "Malevo" Ferreyra se quitó la vida en la tarde de ayer para evitar ser detenido por efectivos de la Gendarmería, que iban a ir a buscarlo a su domicilio por una orden judicial vinculada con una causa sobre violaciones de los derechos humanos ocurridas durante la dictadura.

"María, me despido", fue la última frase que pronunció Ferreyra, frente a las cámaras de un canal de noticias de Buenos Aires, antes de descerrajarse un tiro en la cabeza en su casa de San Andrés, subido a un tanque de agua con parte de sus allegados, porque se negaba a entregarse.

De inmediato, fue trasladado al Centro de Salud, de la capital provincial, donde ya ingresó muerto, alrededor de las 17.

Las imágenes del "Malevo" en el momento de suicidarse ante cámaras, ataviado con su tradicional sombrero panamá blanco, impactó en esta provincia pasadas las 18, cuando Crónica TV difundió la noticia. Al menos durante varios minutos, perdió interés el partido que Juan Martín del Potro perdía en Mar del Plata con el español Feliciano López por la final de la Copa Davis. El Comfer anunció anoche que analiza sancionar al canal de noticias por difundir la escena del suicidio.

El ex uniformado era buscado desde hace días, cuando el juez federal Daniel Bejas ordenó su detención por presuntos delitos cometidos durante la última dictadura, en una causa por el funcionamiento de un centro clandestino de detención en dependencias del ex arsenal Miguel de Azcuénaga.

Las imputaciones surgieron del fallo que el 17 de septiembre pasado condenó a los generales retirados Antonio Domingo Bussi y Luciano Benjamín Menéndez a cadena perpetua, por la desaparición, en 1976, del senador provincial de Tucumán Guillermo Vargas Aignasse. Ferreyra tenía vínculos con Bussi, a quien dio públicamente su apoyo político en 1991, cuando el general perdió las elecciones a manos del cantante Ramón Ortega ("Palito").

"Si miento, que me fusilen"

En los últimos días, Ferreyra había anticipado a la prensa local que no iba a entregarse para volver a prisión, aunque no había planteado qué haría para evadir la medida de la Justicia. Ayer se disparó un tiro en la sien cuando los efectivos que lo buscaban llegaron hasta su domicilio.

"No tengo nada que ver. Que investiguen, que vayan a los lugares, que busquen. Si miento, que me fusilen", había desafiado un día antes a la Justicia, según publicó el matutino local La Gaceta.

Ferreyra había asegurado que no se iba a presentar ante el juez Bejas. "No confío. Me pondrán las esposas. Si él quiere venir, le pediría que investigara. No creo que él sea parte de esto, pero no investiga", había recalcado. "No soy ningún perro ni chancho para que me quieran encerrar. Nadie puede volver injustamente a la cárcel", había añadido en declaraciones periodísticas.

Ferreyra fue protagonista de una serie de enfrentamientos con conocidos delincuentes en las décadas del 80 y del 90. Varios murieron en esos enfrentamientos.

Luego de un confuso hecho ocurrido en 1991 en el paraje conocido como Laguna de Robles, el ex jefe de la Brigada de Investigaciones fue acusado y condenado, en 1993, por los asesinatos de José Adolfo Menéndez, Hugo José Vera y Ricardo Alberto Andrada.

El día que se dictó sentencia huyó del Palacio de Tribunales llevando una granada en la mano. Estuvo prófugo varios años, hasta que finalmente se entregó para cumplir una parte de la pena. Fue recapturado en Zorro Muerto, provincia de Santiago del Estero. Una reducción del castigo le permitió, tiempo después, recuperar su libertad.

El personaje

MARIO ALBERTO FERREYRA. Ex comisario de Tucumán. Profesión: policía. Edad: 63 años. Origen: argentino. Fue jefe de la Brigada de Investigaciones de Tucumán. Lideró acuartelamientos. En 1993 fue condenado a prisión perpetua por asesinato. Estaba casado con María de los Ángeles Núñez. Tenía un hijo.


El suicidio del Malevo Ferreira: Un mensaje para la hipocresía K. Por Pablo Docimo. 

Existe una categoría de personas, sumamente conocida entre los argentinos, especialmente en el mundo de la política, que es la de los hipócritas. Según la Real Academia Española, hipócrita es todo aquel que finge sus sentimientos, ideas y cualidades, contrarias a las que se experimentan, y llegan a creerse sus propias mentiras. Este adjetivo le cabría perfectamente no sólo a Néstor Kirchner, quien practica la hipocresía desde su época de Intendente de Río Gallegos o Gobernador de Santa Cruz, también a muchos, por no decir a casi todos, los miembros de su escuadrón.

Una de las frases más mencionadas en todos los medios en estos días es la que dijera Néstor, refiriéndose a un reclamo de su esposa, la supuesta abogada Cristina Fernández: "Cristina todos lo días me dice, Néstor, que vice que me pusiste". Más allá de que, indirectamente se haya blanqueado que NK fue y es quien maneja los destinos del país, que a esta altura ya es un dato irrelevante, el presidente de facto no hace más que sacar a la luz su hipocresía.

Lógicamente que Cobos no cuaja con la esencia de los Kirchner, de hecho, hasta ahora fue el único que se les enfrentó, y parece, dentro de esta caterva de mamarrachos que a lo único que atinan es salir a defender cualquier iniciativa kirchnerista. Debemos mencionar a dos personas que también le van a traer dolores de cabeza a NK: Martín Redrado, quien ya se sabe presentó su renuncia y está esperando que se la acepten, y en off no duda en tildar de mesiánico a su jefe, y Felipe Solá, que huyó despavorido por no querer someterse a la manipulación descarada del presidente de facto.

Pero volviendo a la frase que Néstor le atribuye a Cristina, acerca de su vice, y siguiendo ese criterio, ¿no le tendríamos que decir a Eduardo Duhalde, todos los días, "Eduardo, qué Presidente que nos pusiste"? Claro, es que la hipocresía tiene eso, que hace parecer vivos a los que antes eran giles.

Evidentemente, NK no recuerda cuando iba corriendo detrás de Carlos Menem y no dudaba en llamarlo "el mejor presidente de la historia", y no perdía oportunidad de hablar frente a cualquier micrófono que se le ponía al alcance de la boca, o llamaba desesperado a los canales para que por favor televisen los tristísimos actos de su campaña presidencial.

Hoy, cual gil avivado, hace comentarios despectivos nada menos que del vicepresidente, por el sólo hecho de no sucumbir a su autoritarismo, pero se olvida de cuando él -NK- era un ignoto gobernador patagónico que era más conocido por sus actividades usurarias que por sus logros políticos. El mismo día que NK hizo el comentario sobre lo que supuestamente su esposa le reprocha cada mañana, el "malevo" Ferreira se suicidaba en público.

No es intención juzgar o analizar los antecedentes del malevo Ferreira, quien seguramente tuvo, como la mayoría de nosotros, más defectos que virtudes. Sí la actitud y la valentía de hacer lo que hizo, o sea, todo lo contrario a la hipocresía. El suicidio no es para cualquiera, para suicidarse hay que tener coraje y, fundamentalmente, honestidad, o si se prefiere, ser coherente en lo que se dice con lo que se hace. Los hipócritas, los mafiosos, los déspotas, no se suicidan.

Directa o indirectamente, este suicidio fue inducido por la supuesta política de Derechos Humanos llevada a cabo por este gobierno que, como bien corresponde a su línea hipócrita, no juzga a ex terroristas, quienes también secuestraron, torturaron y mataron, y que para colmo de la hipocresía los meten por la ventana en el gobierno.

Seguramente, el día que quienes hoy manejan el destino de nuestro país no estén en el poder y no tengan la posibilidad de manejar -como lo hacen tan impunemente- la Justicia, deberán dar cuenta de miles de hechos de corrupción, de eso no tenga dudas, y seguramente pasarán a estar en el lugar del "malevo" Ferreira.

La pregunta es la siguiente: ¿Serán capaces, quienes hoy están protagonizando el peor gobierno de la historia, de seguir el ejemplo de Ferreira?

Fuente: Agencia Nova.


Todavía los 70... Ahora el Malevo. Por Horacio R. Palma.

¡¡Mirá que hay que ser cobarde para suicidarse!! ... Qué fácil se dicen algunas cosas. Desde siempre he pensado en la figura triste y cruel del suicidio. Y este año, ante el suicidio de un querido amigo, ese tema me ha rondado más que nunca en la cabeza. Imagino al suicida parado sobre la ventana, a 20 metros del piso. Debe haber una fracción de segundo donde se pregunta: ¿Lo hago?

Yo estoy convencido que es en ese preciso momento donde termina la supuesta “cobardía” de los que se suicidan. Como verán, no me gusta utilizar la palabra cobardía cuando hablo de suicidio. Es decir, creo que la idea de quitarse la vida nace, más que en alguna cobardía, en algún miedo profundo de afrontar lo que vendrá. Pero el instante mismo de la decisión, es un instante de valentía. Estoy convencido de eso.

Ningún cobarde se tira debajo de un tren. Se lanza al vacío… se traga una pastilla de cianuro, o se pega un tiro en la cabeza. Para eso hay que tener unas pelotas enormes. No hace mucho, publiqué algo de lo que estoy convencido: La guerra en Argentina, sigue.

Todavía los setenta.

Me refiero, claro, a la guerra que desde los 60 instaló el terrorismo internacional en nuestro país. Primero lo intentó con el Ché…pero las inmensas limitaciones del guerrillero ícono, hicieron que solo pudiera llegar a un mísero rincón de Bolivia, donde el pueblo lo ignoró, y su único logro sobre nuestro territorio, fue poder internar un lugarteniente en Salta, que fue abatido rápidamente por la Gendarmería Nacional.

El Ché mostró el camino de la guerra de guerrillas por estos lares, y Cuba financió ese terrorismo demencial hasta sus últimas y nefastas consecuencias. No le importó nada. De tres cosas no pudieron sobreponerse nunca los terroristas de Argentina:

- De la indiferencia y el descrédito popular (el pueblo al que venían a “salvar”, los delató).

- De la estrepitosa derrota militar (encontraron una resistencia heroica y estoica).

- Y de haber sobrevivido, a costa de delatar compañeros.

Y son estas tres cosas, las que impulsan hoy la venganza en los terroristas sobrevivientes.

Hoy leí la hermosa columna de Sandra Russo en Página 12 sobre el suicidio del Malevo Ferreyra. “Putos y Malevos”, tituló Sandra su columna, donde rinde, a su manera, un homenaje al ex comisario tucumano que, salido de entre “el pueblo esclavizado por la burguesía”, combatió desde los 18 años al terrorismo que intentó quedarse con su Argentina y con su Tucumán querida.

El Malevo lo vivió así y actuó en consecuencia. Ante la encrucijada, optó por defender a la Patria. Podría haber optado por el terrorismo… pero el Malevo era pueblo.

Pocos saben que Ferreyra se presentó como voluntario a la guerra contra el terrorismo. Que fue él quien en un enfrentamiento mano a mano… tiro a tiro, abatió en combate a Juan Carlos Alsogaray, hijo del Teniente General Alsogaray, que militaba en la organización terrorista Montoneros.

La propaganda de la distorsión, luego, intentó miles de historias mentirosas sobre ese enfrentamiento. Ferreyra se guardó durante mucho tiempo su historia, hasta que las mentiras tornaron en un inmenso disparate. Recién entonces dijo: “Murió como un valiente”, aludiendo a su “ilustre” enemigo de combate, el “teniente Manolo”.

Si como sugiere Sandra Russo, el ex comisario Tucumano murió como un Malevo, debemos decir también que miles y miles de terroristas en la guerra que Argentina vivió en los 70, se salvaron como Putos. Recuerdo que en una entrevista a Jorge Rulli, un histórico militante del peronismo, le pregunté qué pensaba de aquellos militantes como Miriam Lewin, que habían colaborado en la Esma… “es un tema complicado, debemos comprender que estaban detenidos…”

Gary Prado, el militar que apresó al Ché Guevara en la selva Boliviana, cuenta que cuando lo capturó, el guerrillero no sólo se rindió rápidamente, sino que le insistió en que era más útil vivo que muerto. "No disparen, soy el Che", dijo cuando la patrulla que comandaba el entonces capitán Prado se acercaba a un objetivo guerrillero en la selva boliviana. Los militares no dispararon, y el Che salió entonces de entre la maleza. "Yo valgo más vivo que muerto", le dijo Guevara a Prado cuando este lo conducía hacia La Higuera.

Luego el Ché se sobrepuso a ese miedo inicial y humano, y se puso firme ante quien lo fusiló. Y nadie lloriqueó por los rincones. Eran las reglas de aquella guerra que había impuesto el mismísimo Ché Guevara, fusilando a propios y a extraños. La guerra estaba desatada, y los terroristas tenían ya un mártir.

En Argentina, tras varias escaramuzas guerrilleras sin mucha trascendencia, el terrorismo hizo su presentación oficial de muerte y conmoción con el secuestro y fusilamiento del ex presidente Pedro Eugenio Aramburu. Lo hizo el grupo terrorista Montoneros en 1.970.

También Aramburu eligió morir como héroe. Les pidió a los terroristas que lo dejaran afeitarse, y poder atarse los cordones de sus zapatos para enfrentar el fusilamiento.

La guerra en Argentina estaba declarada. Y todo lo que vino después estuvo signado por un solo denominador común: La violencia.

Sinceramente, me causa gracia leer los libros de historia con los que estudian mis hijos. Sonrío al escuchar con qué liviandad los argentinos utilizamos ciertos términos. Genocidio, dictador, torturador, militante, compañero de lucha, jóvenes idealistas.
  Tanta liviandad en los términos, termina por vaciarlos de contenido.

Decir que Videla, que Viola, que Galtieri, que Bignone… o que ¡Onganía! Fueron dictadores, es una manera infantil de mentir la historia. Y una falta grave de respeto hacia esos “señores dictadores” como Fidel Castro o Saddam Hussein.  Franco, Fidel Castro, Hussein, Khadafi; Pinochet y Stroessner (aunque los últimos dos en menor medida), por nombrar algunos conocidos, son una cosa. 60, 50, 40 años en el poder.

Pero ¿Videla? ¿Dónde se ha visto un “dictador” que luego de un par de años en el poder, deje su cargo para pasar a retiro? ¿Y Bignone?... ¡¡Un “dictador” efímero que maneja la transición hacia la democracia más estable y duradera de toda la historia Argentina!! ¿Onganía, un “dictador”?... por favor. Fidel Castro debe morirse de rabia al escuchar que ahora, a cualquiera con uniforme lo llaman dictador.

Aquella guerra declarada en los 70, con miles y miles de muertos de todos los colores, terroristas, militares, policías, gendarmes, civiles, grandes y chicos, sigue aún en nuestros días. Tampoco tengo dudas de eso.

Presos políticos, causas armadas, testigos truchos, un negocio multimillonario en indemnizaciones sin control, muertos sin tumbas y soldados perseguidos por la injusticia de la venganza que deciden quitarse la vida, antes que entregarse al circo del enemigo.

No tengo dudas, la guerra sigue. Distinta, pero sigue. El Cels, desde su oficina en Marcos Paz, filma y hace fichas de todos los que visitamos a los presos políticos. No tengo dudas, la guerra sigue.

¿Terminará algún día? Mientras se insista en juzgar a los actos de guerra con las leyes de la paz, será una historia de nunca acabar. Mientras vayamos por ese camino, no habrá salida. No habrá reconciliación ni pacificación, sino más bien todo lo contrario.

Juzgar actos de guerra con las leyes de la paz, no se puede. Ni acá, ni en la China. Ni en Francia, quien enseñara al Estado argentino a combatir el terrorismo de guerrillas. Fue el mismísimo Mitterrand, joven, quien estuvo en Argentina entrenando a las Fuerzas Armadas. Y él mismo luego se hizo el asombrado.

Como decía mi maestra de matemática de tercer grado: No se pueden sumar peras con manzanas.

El tema es que los terroristas de ayer, ahora en el poder, no han podido asumir sus culpas. Ellos han sobrevivido como putos, mientras sus compañeros murieron como Malevos.

Esas culpas tampoco se arreglan con “juicios”. Esas culpan generan resentimientos. Por eso aún hoy hay miedos de guerra. Y hay silencios de guerra. Por eso, ni los terroristas de Argentina han desclasificado sus archivos de muerte. Ni las fuerzas del estado que los combatieron, han desclasificado sus archivos de represión. Todavía hay miedos de guerra. Todavía hay silencios de guerra.

No existe en el mundo una guerra que haya sido juzgada por una justicia que no sea militar. No se puede. No hay salida de posguerra que no sea política. Mientras los terroristas no reconozcan que sus combatientes no eran “jóvenes idealistas”, sino combatientes fieros y valientes que asesinaban para tomar el poder, las fuerzas del estado no podrán decir cómo las combatieron. Porque no tiene sentido.

Porque no sirve de nada.

Hay miedos que son de guerra. El padre de un amigo mío de la infancia, es un militar que fue herido en combate, cuando los terroristas del Erp tomaron el regimiento donde él estaba designado. Hoy, toda la familia insiste en negar aquélla batalla. Temen que las leyes de la paz, le achaquen, 30 años después y fuera de todo contexto, “exceso en la legítima defensa”. Silencios de guerra.

Es como si intentáramos juzgar hoy, alguna muerte ocurrida en la batalla de San Lorenzo de alguno de los granaderos de San Martín. Es una insensatez.

El general Heriberto Justo Auel lo explica claramente. Cuando los jueces de hoy, con 25 años de paz y democracia en sus espaldas, le preguntan muy sueltos de cuerpo: ¿No entendieron que “aniquilar el accionar subversivo, era aniquilar a la subversión y no al subversivo?”. Auel les contesta: No conozco el terrorismo abstracto, ¿y usted?.

Más clarito, imposible. Es imposible entender la guerra, desde la lógica de la paz. Y más imposible resulta intentar juzgarla.

En la guerra, un terrorista tira a mansalva a dos manos, y 30 años después, los jueces no entienden por qué el Estado mató a ese pobre terrorista y no a la entelequia llamada Terrorismo. ¡Es una imbecilidad!

Han pasado los años. Y han llegado al gobierno de la paz y la democracia, los que en la guerra de los 70 sobrevivieron como Putos, mientras sus compañeros murieron como Malevos. Y para aventar culpas profundas, intentan vengar la derrota de la guerra utilizando las leyes de paz.

¡Claro que no se puede! Y ellos saben. Pero no les importa…deben sobreactuar para exculpar sus cuitas. De eso se trata.

Y están entonces los soldados de la Patria. Aquellos que dieron su vida para luchar contra el terrorismo. Aquellos a los que la Democracia ya juzgó. Y luego condenó. Y luego encarceló. Y luego indultó. Y ahora los vuelve a juzgar. Y los vuelve a condenar. Y los vuelve a encarcelar… el eterno retorno. Treinta años después, hay más de cien soldados presos desde hace más de cinco años sin haber sido juzgados. Esta locura prueba lo que todos sabemos: No se puede juzgar una guerra con las leyes de la paz.

Al Malevo Ferreira, el juez insistió en declararlo prófugo a pesar de que estaba en la misma casa desde hacía ocho años. Siempre es buen negocio un poco de circo.

El principal diario de Tucumán lo entrevistó un día antes de que intentaran detenerlo por enésima vez en 25 años. ¿Por qué supone que lo incriminaron? , le preguntó la periodista de LA GACETA al Malevo Ferreira. “Porque ellos necesitan presos, y a mí saben dónde encontrarme”, sugirió. Luego se dirigió virtualmente al juez federal subrogante Daniel Bejas, quien había ordenado su captura, y le pidió que investigara. “Que vaya a la zona de los hechos, ahí todos se conocen; ellos le van a decir. Pasa que cuando hubo gente que cobró, y empezó a comprar tractores y máquinas nuevas, muchos se avivaron”, arremetió.

La guerra continúa, y el Malevo lo sabía perfectamente.

Lo acusaban la camarista federal Alicia Noli (esposa de un terrorista muerto) y la abogada de organismos de Derechos Humanos Laura Figueroa. ¡Vaya imparcialidad!

Tranquilo, el Malevo dijo que detrás de muchas denuncias por crímenes contra la humanidad se escondían intereses económicos: “Cobran $ 250.000 por cada preso por los desaparecidos. Sé de un tipo que se murió pescando, y lo hicieron aparecer como que lo habían desaparecido los militares, y cobraron”.

El Malevo sabía bien lo que decía. Sabía bien que la guerra en la que él combatió desde joven, aún sigue. Y no quiso entregarse al enemigo. Y se puso la 45 en la cabeza, y frente a las cámaras, y con la Gendarmería entrando a su casa… Se voló la cabeza.

¿Un cobarde?, por favor, el Malevo tenía las pelotas así de grandes… Y los terroristas lo sabían de memoria. Y la justicia. Por eso prohíben pasar el video de su muerte. Ojala que los planes de estudio de la historia argentina, incorporen el video de este suicidio. Así los chicos aprenderán hasta donde nos perseguirá la muerte, mientras la justicia Argentina se disfrace, en busca de venganza. Mientras no superemos los 70. Salva de honor, para el caído en combate

Mario Eberle Patterson
Comodoro Rivadavia (Chubut)
Tel. (0297)-4440528


AUTOINMOLACIÓN POR DIGNIDAD 

            Un patriota digno –nacionalista católico y destacado ex combatiente en la Guerra Contra la Subversión- el Sr. Comisario de la Policía de la Provincia de Tucumán don Mario Ferreyra, enterado de una orden de detención en su contra que había de concretarse el viernes 21 de noviembre por la tarde -con el pretexto de “violaciones  a los derechos humanos” en el antiguo Arsenal “Miguel de Azcuénaga” durante aquella guerra justa- anunció a sus allegados y al periodismo que no iba a entregarse vivo para que lo encierren como un animal, en una prisión “preventiva” prolongada durante años aguardando una sentencia que –como se sabe- siempre condena al represor y reivindica a los terroristas. 

Por su coraje, su arrojo y su probada eficacia en enfrentamientos armados contra delincuentes terroristas y comunes, los pobladores del NOA lo apodaron “El Malevo” y todos –especialmente “Crónica TV” que registró su final para la historia- esperaban una resistencia violenta al arresto, corroborada por sus expresiones deseándoles “buena puntería a la Gendarmería o la Federal” (sabía bien que su Policía no se iba a deshonrar deteniéndolo), esperando ser abatido en su casa, con toda dignidad y rodeado por sus seres queridos.

Confirma también esa esperanza y ese deseo de morir por mano ajena antes de ser llevado al espectáculo circense de un Tribunal Popular sectario, -émulo de las “chekas” de la España Roja- el haber llamado a un sacerdote para confesarse en las horas previas a su trágico final. En la tarde fatídica, viendo que los gendarmes que entraban al jardín de su casa no iban a abrir fuego, se despidió de su señora –doña María de los Ángeles Núñez- y encomendó su alma a Dios, disparándose en la sien. 

Para quienes profesamos nuestra fe en Cristo y en las enseñanzas de su Iglesia, el suicidio es un pecado siempre irreparable y (confiemos en la misericordia divina) casi siempre imperdonable, por lo que tiene de rechazar de la peor manera el regalo de la vida que el Creador nos hizo.

Pero hay circunstancias –sin duda atenuantes- en que no es necesario ser un romano antiguo o un japonés honorable para comprender –no  justificar- que una víctima de una situación injusta e intolerable prefiera comparecer ante el Juez Supremo y no ante falibles o tendenciosos jueces “de la democracia” y “de garantías” (para quienes han cometido delitos y no para quienes los han reprimido), tal como ha ocurrido recientemente con el Teniente Coronel (R) don Paul Navone y con el Prefecto (R) don Héctor Antonio Fèbres Méndez.  

Paul Navone trabajaba y vivía feliz con su señora e hijos en Ascochinga cuando fue citado por una jueza que –sin poder probarle delito alguno ni atender razones (como ha ocurrido con tantos camaradas aún sin condena) iba a hacer que su viaje desde Córdoba a Entre Ríos fuera de ida sola, pues les conviene para “hacer carrera” dejar presos “preventivamente” represores vagamente imputados aunque no piensen fugarse ni entorpecer investigación alguna. Paul escribió una carta conmovedora y ejemplar para su familia, salió a pasear por el Golf y allí emprendió su último viaje, también de ida sola...

Héctor Fèbres –en cambio- había pasado interminables años en prisión  preventiva y debía volver dos días después de su última cena al tribunal convertido en circo romano, donde ya había sido escarnecido por la morralla aullante de abuelas, madres, hijos y “cumpas” delatores (que viven por haber marcado a otros terroristas), y contaba ya con la condena mediática que siempre precede a la de los juzgadores sectarios.

Luego de comer y acostarse como una noche cualquiera, voluntariamente pasó de un sueño inconciliable al eterno, muriendo sin condena humana y privando de un último espectáculo a sus enemigos de antes y de siempre. Mientras que en el caso de su camarada de Ejército no hubo modo de imputar a otra persona por su deceso (hasta dejó una carta inequívoca), la familia Fèbres fue encarcelada (“preventivamente”, claro está) por el posible suministro de un veneno (¡!) hasta que la “justicia” fue liberándola de sus diferentes lugares de detención sin sobreseimientos definitivos...

La venganza por la derrota de la subversión terrorista en el terreno militar que había elegido para someternos es amplia –abarca a parientes, amigos, colegas o contactos remotos- e inextinguible. Todo esto lo describe con mayor claridad el excelente trabajo de Horacio Palma con motivo de la muerte “en vivo y en directo” del “Malevo” Ferreyra. 

Con todos los reparos que caben –desde el punto de vista católico- a quienes han querido usar su libre albedrío para evitar un dolor insoportable, roguemos a Dios por todos aquellos que han librado el buen combate y no han querido que el enemigo goce de una revancha inmerecida, poniendo su alma en las manos –justas pero misericordiosas- de su Creador.

Que Él no tome en cuenta su última acción en este mundo sino las muchas encomiables que los han destacado a lo largo de una vida que no ha sido de molicie e indiferencia egoísta sino de entrega a su Patria y a sus semejantes. “Un bell morire tutta una vita onora!”... Con todo respeto y memoria imperecedera porque supieron luchar y morir defendiendo una Causa justa invocamos:  

Caídos por Dios y por la Patria: ¡¡¡ PRESENTES !!! ... FERREYRA


El acto supremo de no entregarse con vida a la vindicta montonera. Por Nelson David Cremades

Después de haber estado con policías, militares y penitenciarios presos políticos, la sensación que percibí de los familiares es justamente la de terror. El terrorismo de estado, tan meneado por los progres y terros reconvertidos, es efectivamente una caza de brujas, que se aparta de toda juridicidad y de toda justicia y que está siendo llevado a cabo por el Estado Kirchnerista con la complicidad necesaria de jueces y legisladores.

El terror no va dirigido a los que están presos injustamente, no, el terror va dirigido a sus familias que ven que sus hombres, tenían y tienen una formación moral y militar basada en el honor y la disciplina y que esto los pone en riesgo directo de adoptar decisiones extremas como las del Comisario Ferreyra y otros que ya se llevó esta guerra después de la guerra.

Uno de los aspectos que más preocupan, sino el principal, es el estado anímico de los presos políticos de este gobierno, que ha descuidado dos aspectos de esta venganza:

Que los prisioneros de guerra son todos mayores de cincuenta años.

Que no capacitaron personal apto para tratar penitenciariamente a éstos.

Las cárceles para los uniformados son verdaderos depósitos humanos donde no tienen ninguno de los esfuerzos penitenciarios, como laborterapia, actividades artísticas, actividades de recreación ni esperanza de progresividad del régimen penitenciario.

Si a este cuadro, le agregamos un especial y maligno trato a las familias de los detenidos, ya que se los discrimina en muchos sentidos, que a simple vista no son apreciables, pero que es una manifestación más de la improvisación y falta de especialidad de los agentes encargados del Trato y Tratamiento. Esta situación se manifiesta en los casos de atenciones médicas, las salidas para laboratorios y estudios médicos especiales para hombres de la franja de edad que se trata, se toman tantas restricciones que son abiertamente discriminatorias.-Por eso tenemos más de cuarenta muertos entre los prisioneros de guerra y políticos.

¿Y por que pasa esto? Simplemente por Terror.

Los penitenciarios tienen terror de equivocarse, los jueces tienen terror de perder su cargo o que los escrachen, los políticos tienen terror de advertir lo que pasa por terror a perder sus privilegios, la familia tiene terror de que sus padres y esposos mueran por la desidia del estado terrorista o que se suiciden por falta de contención o por indignación.

Esto es un Estado Terrorista, donde, en el afán de venganza, han torcido la Ley y crearon las condiciones para que la impunidad, la injusticia, la inmoralidad y el deshonor campeen.

El Comisario Ferreyra sabía lo que podía esperar de este Estado Terrorista, y decidió no entregarse con vida.

No pudieron corromper sus códigos de honor, y esa es la derrota del montoneraje que hasta con miedo vieron a un hombre disparase antes de entregarse a la parodia judicialera.

Esto debe terminarse, esto debe ser gritado a los cuatro vientos para que el mundo se entere de lo que está pasando en Argentina. Esto debemos terminarlo los argentinos y restaurar la seguridad física del inocente, la seguridad jurídica y la previsibilidad política.

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