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La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas. |
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Ley del Menor Esfuerzo. Por Deepak Chopra. |
Esta ley se basa en el hecho de que la inteligencia de la
naturaleza funciona con toda facilidad y despreocupación. Ése es el principio de
la menor acción, de la no resistencia. Por consiguiente, es el principio de la
armonía y el amor. Cuando aprendemos esta lección que nos enseña la naturaleza,
satisfacemos con facilidad nuestros deseos.
Si observamos la naturaleza, veremos que ella utiliza un esfuerzo mínimo para
funcionar. La hierba no tiene que hacer ningún esfuerzo para crecer;
sencillamente, crece. Los peces no se esfuerzan para nadar; sencillamente nadan.
Las flores no hacen ningún esfuerzo para abrirse; sencillamente se abren. Las
aves no se esfuerzan para volar; sencillamente vuelan. Ésa es su naturaleza
intrínseca.
La Tierra no se esfuerza por girar sobre su eje; es su naturaleza girar a
velocidad vertiginosa en el espacio. Es la naturaleza de un bebé estar siempre
en estado de dicha. Es la naturaleza de sol brillar. Es la naturaleza de las
estrellas titilar y destellar. Y es la naturaleza humana hacer que los sueños se
conviertan en realidad, con facilidad y sin esfuerzo.
En la ciencia védica, la filosofía milenaria de la India, este principio se
conoce como economía de esfuerzo, o «hacer menos para lograr más». Al final,
llegamos al estado en que sin hacer nada lo realizamos todo. Esto significa que
una ligera idea puede convertirse en realidad sin esfuerzo alguno; lo que
normalmente conocemos como «milagros» son en realidad manifestaciones de esta
ley.
La inteligencia humana funciona sin esfuerzo, sin resistencia, espontáneamente.
No es lineal; es intuitiva, holística y estimulante. Y cuando estamos en armonía
con la naturaleza, cuando estamos seguros del conocimiento de nuestro verdadero
yo, podemos utilizar esta ley.
Es mínimo el esfuerzo que hacemos cuando nuestros actos brotan del amor, porque
es la energía del amor la que aglutina la naturaleza. Cuando tratamos de
conseguir el poder para controlar a los demás, gastamos energía.
Cuando buscamos el dinero o el poder para satisfacer el ego, gastamos energía
persiguiendo la ilusión de la felicidad, en lugar de disfrutar la felicidad del
momento.
Cuando anhelamos el dinero para beneficio personal únicamente, cortamos el flujo
de energía hacia nosotros e impedimos la expresión de la inteligencia de la
naturaleza. Pero cuando nuestras actuaciones nacen del amor, no hay desperdicio
de energía.
Cuando nuestros actos brotan del amor, la energía se multiplica y se acumula y
el exceso de energía que recogemos y disfrutamos puede canalizarse para crear
cualquier cosa que deseemos, incluida la riqueza sin límites.
Podemos considerar el cuerpo como un aparato para controlar la energía: puede
generar, almacenar y gastar energía. Si sabemos cómo generarla, almacenar y
gastar la energía de una manera eficiente, podemos crear cualquier cantidad de
riqueza.
Fijar nuestra atención en el ego consume la mayor parte de la energía. Cuando
nuestro punto interno de referencia es el ego, cuando buscamos poder y control
sobre los demás, o la aprobación del resto del mundo, desperdiciamos nuestra
energía.
Sin embargo, cuando liberamos esa energía podemos recanalizarla para crear
cualquier cosa que deseemos. Cuando nuestro punto interno de referencia es
nuestro espíritu, cuando nos volvemos inmunes a la crítica y perdemos el temor a
los desafíos, podemos aprovechar el poder del amor y utilizar creativamente la
energía para vivir la abundancia y la evolución.
La ley del menor esfuerzo tiene tres componentes o cosas que podemos hacer para
poner en funcionamiento este principio de «hacer menos para lograr más».
El primer componente es la aceptación. Aceptar significa sencillamente contraer
un compromiso de aceptar hoy a las personas, las situaciones, las circunstancias
y los hechos tal como se presenten. Eso significa que sabremos que este momento
es como debe ser, porque todo el universo es como debe ser.
Este momento, el que estamos viviendo ahora mismo, es la culminación de todos
los momentos que hemos vivido en el pasado. Este momento es como es porque todo
el Universo es como es.
Cuando luchamos contra este momento, en realidad luchamos contra todo el
Universo. En lugar de eso, podemos tomar la decisión de no luchar hoy contra
todo el Universo, no luchando contra este momento. Eso significa que nuestra
aceptación de este momento es total y completa.
Aceptamos las cosas como son, no como quisiéramos que fueran, en este momento.
Es importante comprender esto: podemos desear que las cosas sean diferentes en
el futuro, pero en este momento debemos aceptarlas como son.
Cuando nos sintamos frustrados o estemos molestos a causa de una persona o
situación, recordemos que nuestra reacción no es contra la persona o situación,
sino contra nuestros sentimientos acerca de esa persona o esa situación. Ésos
son nuestros sentimientos, y nadie tiene la culpa de ellos.
Cuando reconozcamos y comprendamos esto plenamente, estaremos listos para asumir
la responsabilidad de lo que sentimos y para cambiarlo. Y si podemos aceptar las
cosas como son, estaremos listos para asumir la responsabilidad de nuestra
situación y de todos los sucesos que percibimos como problemas.
El segundo componente es la responsabilidad. Significa no culpar a nadie o a
nada, ni siquiera a nosotros mismos, de nuestra situación. Una vez aceptado un
suceso, un problema o una circunstancia, responsabilidad significa la capacidad
de tener una respuesta creativa a la situación tal como es en este momento.
En todos los problemas hay un principio de oportunidad, y esta conciencia nos
permite aprovechar el momento y transformarlo en una situación o una cosa mejor.
Cuando hacemos esto, toda situación supuestamente enojosa se convertirá en una
oportunidad para crear algo nuevo y bello; y todo supuesto torturador o tirano
se convertirá en un maestro. La realidad es una interpretació n.
Y si optamos por interpretar la realidad de esta manera, tendremos muchos
maestros a nuestro alrededor, y muchas oportunidades para evolucionar.
Siempre que enfrentemos a un tirano, torturador, maestro, amigo o enemigo,
recordemos que este momento es como debe ser. Cualesquiera que sean las
relaciones que tengamos en este momento de nuestra vida, son precisamente las
que necesitamos en este momento.
Hay un significado oculto detrás de todos los acontecimientos, y ese significado
oculto está trabajando a favor de nuestra evolución.
El tercer componente es asumir una actitud no defensiva, lo que significa que
nuestra conciencia abandona su actitud defensiva y nosotros renunciamos a la
necesidad de convencer o persuadir a los demás de que nuestro punto de vista es
el correcto.
Si observamos a las personas que nos rodean, veremos que ellas pasan el noventa
y nueve por ciento del tiempo defendiendo sus puntos de vista. Si sencillamente
renunciamos a la necesidad de defender nuestro punto de vista, a través de esa
renuncia lograremos acceso a una cantidad enorme de energía que anteriormente
desperdiciábamos.
Cuando estamos a la defensiva, cuando culpamos a los demás y no aceptamos ni nos
rendimos ante el momento, nuestra vida se llena de resistencia. Cada vez que
encontremos resistencia, reconozcamos que forzar la situación sólo aumentará la
resistencia.
No es bueno alzarse rígido como un gran roble que se agrieta y sucumbe a la
tempestad; al contrario, debemos tratar de ser flexibles como la caña que se
dobla en la tormenta. Y sobrevive.
Desistamos completamente de defender nuestro punto de vista. Cuando no hay un
punto que defender, no puede haber discusión. Si hacemos esto constantemente, si
dejamos de luchar y de resistirnos, viviremos plenamente el presente, el cual es
un regalo.
Si abrazamos el presente y nos volvemos uno con él, si nos fusionamos con él,
sentiremos un fuego, un brillo, una chispa de energía palpitando en cada ser
consciente.
A medida que experimentemos este júbilo del espíritu en cada ser vivo, cuando
entremos en intimidad con él, la dicha nacerá en nuestro interior y podremos
deshacernos de las terribles cargas y molestias de la actitud defensiva, el
resentimiento y el rencor. Sólo entonces nos sentiremos despreocupados,
festivos, alegres y libres.
En medio de esta libertad alegre y sencilla, sabremos sin duda en nuestro
corazón que lo que deseemos estará disponible para nosotros cuando lo deseemos,
porque nuestro deseo vendrá del nivel de la felicidad, y no del nivel de la
ansiedad o el temor.
No necesitamos justificarnos; simplemente declaremos nuestro propósito ante
nosotros mismos, y experimentaremos realización, deleite, alegría, libertad y
autonomía en todos los momentos de nuestra vida.
Comprometámonos a seguir el camino de la no resistencia. Ése es el camino a
través del cual la inteligencia de la naturaleza se desarrolla espontáneamente,
sin resistencia ni esfuerzo. Cuando alcancemos esa deliciosa combinación de
aceptación, responsabilidad e indefensión, sentiremos la facilidad con que fluye
la vida.
Si permanecemos abiertos a todos los puntos de vista, no aferrados rígidamente a
uno, nuestros sueños y nuestros deseos fluirán con los deseos de la naturaleza.
Entonces podremos liberar nuestros deseos sin apego, y después sólo esperar el
momento propicio para que florezcan convertidos en realidad. Podemos estar
seguros de que cuando el momento sea el indicado, nuestros deseos se cumplirán.