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La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas. |
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Descrédito de la palabra, la autoridad y otros factores concurrentes. Por Bruno Geller. |
Un artículo publicado en El Día de La Plata revela que en las escuelas porteñas y bonaerenses, tanto privadas como públicas, "se registraron un promedio de 156 agresiones físicas diarias en lo que va del año", uno de los tantos datos que reflejan el aumento de los episodios de violencia escolar.
Durante más de veinte años, el fenómeno de la violencia escolar ha sido investigado por la especialista Susana Quiroga, doctora en Filosofía y Letras con Orientación en Psicología, miembro titular en Función Didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) e integrante de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA-según sus siglas en inglés).
“La niñez, la adolescencia y la familia fueron siempre motivos de mi elección vocacional, razón por la cual, además de psicóloga, soy maestra normal nacional”, señala Quiroga, quien también es en la actualidad directora del Programa de Posgrado “Actualización en Clínica Psicoanalítica de las Patologías Actuales”, y directora en el área comunitaria del Programa de Psicología Clínica para Adolescentes que se desarrolla en la Sede Regional Sur-UBA donde realiza tareas de prevención, asistencia e investigación.
A lo largo de su trayectoria, escribió libros y artículos
sobre temas vinculados con la adolescencia. Sus principales publicaciones son
Del goce orgánico al hallazgo de objeto (Editorial EUDEBA) y Patologías de la
Autodestrucción (Editorial Kargieman)
- En base a su experiencia y a lo que sabe ¿qué
evolución ha tenido la violencia en las escuelas en la Argentina?
- En términos generales, la violencia escolar ha ido aumentando de modo
paulatino desde los años 90. Sin embargo, esta violencia se enmarca en un
contexto más amplio, tales como el socio-político, el comunitario y el familiar.
Si bien la violencia escolar ha aumentado en todo el espectro social, hay datos
provenientes de otras investigaciones nacionales e internacionales que afirman
que existen factores psico-sociales que inciden en forma negativa en los jóvenes
que viven en barrios y comunidades con altas tasas de delincuencia y pobreza por
lo cual corren mayor riesgo de verse involucrados en actos violentos.
En los países en los cuales las políticas de protección
social son débiles y existen desigualdades en los ingresos, las tasas de
violencia juvenil aumentan. Por otra parte, he observado que la violencia
escolar se ha incrementado en relación inversa a la pérdida de autoridad y el
aumento del descrédito de la palabra de los adultos.
- ¿A qué se refiere cuando dice “pérdida de
autoridad y al aumento del descrédito de la palabra de los adultos”?
- La violencia en las escuelas no constituye un hecho social aislado, sino también con el tipo de estructura institucional escolar y familiar y los lazos vinculares que en ellas se establecen. Por ejemplo hay escuelas y/o familias que presentan tipos de violencia sutiles ante los adolescentes con problemas.
Frente al miedo y la impotencia que éstos les provocan,
reaccionan de forma expulsiva. Sin embargo, lo que el adolescente espera del
adulto, aunque se resista, es la puesta de límites firmes, coherentes y claros.
Por su parte, el adulto (docente) asustado ante la agresión adolescente y la
pérdida de sus valores tradicionales y la carencia de un discurso con valores
morales e ideales que lo reemplace, abandona su lugar dejando al adolescente sin
contención y con un descrédito de su función de autoridad.
- ¿Usted visualiza esto en su práctica profesional?
- Sí, lo he observado en la asistencia psicológica que
realizamos en el Programa de Psicología Clínica para Adolescentes. A partir del
año 2000 y a consecuencia del creciente aumento de las consultas por
problemáticas de violencia juvenil, creamos la "Unidad de Prevención y
Asistencia en Violencia familiar, escolar y urbana", un Programa especial que
incrementó el trabajo de prevención de la violencia en las escuelas, un tipo de
asistencia psicológica especializada para familias y adolescentes violentos y
una investigación clínica sobre la eficacia terapéutica de este tipo de
abordaje.
- Con respecto a los padres con dificultades para
contener a sus hijos ¿Qué características suelen tener?
- Cada vez con mayor frecuencia se presentan a nuestro Programa, familias, padre, madre, o ambos, que solicitan asistencia psicológica para sus hijos, con cierta patología que yo llamé “una patología extrema del duelo: el darse de baja a sí mismo” (Quiroga, 1994) y que se manifiesta en la frase “Yo ya no sé que más hacer con mi hijo, así que se lo traigo para que usted haga lo que pueda”.
Esta frase conceptualizada en el “darse de baja a sí mismo”
indica la presencia en los padres, de un núcleo depresivo profundo de
desesperanza, una muerte psíquica, proveniente de un duelo infantil no elaborado
a partir del cual se dan por vencidos y cuya causa es la imposibilidad de
posicionarse activamente ante las responsabilidades que caben a la función
parental. En esta apretada síntesis del tema, no quiero dejar de lado la
multicausalidad de un fenómeno tan amplio como la violencia y reconocer la
existencia de varios factores concurrentes.
- Por ejemplo…
- Los factores estructurales como la desigualdad, la pobreza, el bajo nivel de desarrollo de ciertos grupos o la falta de oportunidades de educación y trabajo, los institucionales como las carencias familiares, la impunidad y la desconfianza, la baja calidad de la educación y de instituciones como la policía o la justicia.
También hay factores directos o facilitadores, como por
ejemplo, la disponibilidad de armas, consumo de alcohol y drogas y la falta de
espacios de recreación para actividades deportivas. Estos factores coadyuvantes,
la falta de proyectos a futuro y una calidad de vida deficitaria constituyen un
alto potencial para que las conductas violentas se perpetúen. De todas formas,
cabe aclarar que la violencia escolar no es un fenómeno exclusivo de las
escuelas de escasos recursos, sino de la falta de una autoridad coherente en sus
normas y valores.
- En la Unidad de Prevención y Asistencia en
Violencia familiar, escolar y urbana donde usted trabaja, ¿Han realizado alguna
investigación sobre violencia escolar?
- Sí, por ejemplo, en una muestra de 100 pacientes consultantes del Conurbano sur de Buenos Aires, pertenecientes a una población de bajos recursos socio-económicos, un 90 por ciento eran derivados por escuelas debido a problemas de conducta, problemas familiares y problemas de aprendizaje que al abordarlos ponían de manifiesto la violencia implícita o explícita en el ámbito familiar, escolar y/o comunitario.
Esta investigación mostró que la mayoría de los consultantes
eran adolescentes tempranos varones, entre 13 y 15 años, cuyo diagnóstico, según
el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSMIV), era
Trastorno Negativista Desafiante, 40 por ciento, es decir con conducta de
desafío a la autoridad y Trastorno Disocial, 60 por ciento, que incluye no solo
el desafío a la autoridad escolar sino también el hurto o robo a la propiedad.
Se demostró también que el pequeño botín obtenido lo destinan para comprarse
ropa de marca y especialmente zapatillas sofisticadas de alto valor adquisitivo.
- ¿Podría mencionar algunas categorías de violencia
que se dan en las escuelas y que fueron detectadas en su estudio a partir de las
entrevistas con los cien pacientes consultados?
- Sólo para mencionar algunas, se registran problemas de
relación presentes en un 100 por ciento de los casos, tanto con sus pares como
con las figuras de autoridad. Estos problemas se manifiestan en algún tipo de
maltrato hacia el otro, tales como: agresión física en un 95 por ciento como
golpes de puño, patadas, empujones, hacia los pares y adultos y abuso sexual de
compañeros a compañeras; agresión verbal en un 100 por ciento tales como
insultos, burlas, humillaciones, descalificaciones hacia la autoridad y hacia
los pares; desafió a la autoridad parental o escolar en un 95 por ciento que se
manifiesta a través del incumplimiento de normas escolares; en un 69 por ciento
a través de ausencias reiteradas o llegadas tarde a la escuela y fugas de la
institución escolar o del hogar en un 52 por ciento; distorsión de la
información en un 98 por ciento a través de mentiras por fabulación,
ocultamiento de los hechos o por intento de manipulación de la autoridad o de
los pares y conductas delictivas en un 17 por ciento a través de robos; un 35
por ciento hurtos y un 62 por ciento daños a objetos o a la propiedad privada,
entre otros tipos de violencia.
- ¿Qué averiguaron con relación a la realidad
familiar de los alumnos que atendieron?
- Con respecto a los problemas familiares, se encontraron situaciones traumáticas en la historia infantil de la pareja parental e historias presentes como la violencia doméstica actual. Esta última se observó: un 83 por ciento en forma de agresiones físicas, verbales, emocionales o sexuales; un 24 por ciento en forma de muerte de familiares directos y un 40 por ciento por abandono.
Estos porcentajes demuestran que el creciente fenómeno de la
violencia escolar es multicausal y está ligado tanto a la violencia familiar
(que incluye el abandono) como a la violencia social y pone de relieve la
urgente necesidad de abordar esta problemática con planes integrales de
prevención y asistencia, realizados por el Estado y por instituciones privadas
nacionales o internacionales que los subvencionen.
- Para finalizar la entrevista, ¿podría contarnos
cómo surgió su interés por investigar el fenómeno de la violencia?
- Desde hace casi 20 años la violencia ha sido tema de mis investigaciones. Mi preocupación comenzó al observar el aumento en la tasa de suicidios adolescentes de aquella época (y que continúan en la actualidad), de lo cual surgió el libro Patologías de la Autodestrucción en la Adolescencia (1994) y los numerosos artículos publicados sobre el tema que se sucedieron. En ellos tiene importancia no solo la violencia como un hecho familiar o individual aislado sino inserto en un contexto socio-político, comunitario, grupal y familiar.
Fuente: El Arca Digital