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La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas. |
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Brian Weiss: cochero de almas. Por Gabriela Navarra. |
Es el creador de la terapia de vidas pasadas, basada en la reencarnación. Postula que numerosas enfermedades se explican y alivian cuando las personas “recuerdan” sus vidas anteriores. Incluso las de hace milenios, a las que sería posible regresar de la mano de la hipnosis.
Soy judío en esta vida, pero fui católico, fui un sacerdote
católico, fui budista, fui hindú, y un poeta musulmán en otras vidas. Todos
cambiamos de raza, de religión, de nacionalidad, de género. De todo, debemos
aprender.
En el dedo anular de su mano derecha luce un anillo de muy atractivo diseño. Un
dibujo que, contra lo habitual, "mira" hacia él en lugar de hacerlo hacia quien
lo observa. Es el sello oficial de la Universidad de Columbia, una de las más
prestigiosas del mundo.
Quizás, el psiquiatra estadounidense Brian Weiss necesita más
mirar ese anillo que mostrarlo para tener siempre presente que él pasó por las
aulas de esa casa. Allí se graduó, muy joven, magna cum laude (con grandes
honores), y continuó después su formación en la vecina y también caracterizada
universidad de Yale, donde llegó a ser jefe de residentes del Departamento de
Psiquiatría de la Facultad de Medicina.
Sin embargo, la vida (o, mejor dicho, esta vida) le tenía reservadas ciertas
sorpresas. Porque, después de una respetable carrera como psiquiatra
convencional, se divorció del conocimiento científico y se internó en un camino
distinto, que en poco tiempo le ofreció más fama y posiblemente también mejores
ingresos: la terapia de vidas pasadas, el enfoque terapéutico según el cual el
camino que recorren las almas en sus sucesivas reencarnaciones permite hallar el
motivo profundo y real de muchas de las angustias que nos acompañan en nuestra
actual existencia.
Autor de varios libros, Brian Weiss viaja por el mundo dando clases y
seminarios. Y a pesar de que nació en Nueva York, una de las ciudades más
fascinantes del planeta, desde 1974 vive en Miami. Semejante decisión,
justifica, es simplemente porque allí el clima es más benévolo. Mientras comenta
con tranquilidad que observando la Torre de los Ingleses, en Retiro, tuvo un
déjà-vu y regresó a una vida pasada, repite –seguramente por vez número mil–
cómo llegó el gran cambio a su vida.
–Mi esposa y yo tuvimos un hijo, Adam, que falleció a las tres semanas de una
malformación cardíaca –recuerda–. Ya era médico y estaba especializándome en
psiquiatría. Durante 10 años, la muerte de mi hijo no tuvo ningún efecto en mi
trabajo. Hasta que llegó mi paciente Catherine, la mujer que bajo ese nombre
supuesto menciono en Muchas vidas, muchos maestros.
Ella fue la primera que comenzó a recordar vidas anteriores,
vidas pasadas. Al principio yo no sabía si eran fantasías, o una metáfora, o
recuerdos. Pero en el momento en que me dio información sobre mi hijo muerto,
algo que únicamente mi esposa y yo sabíamos, supe que lo que me estaba contando
no eran fantasías, sino mucho más que eso.
–¿Y hubo otros pacientes?
–Claro, hubo muchos otros casos después. Entonces, yo era el jefe del
Departamento de Psiquiatría del hospital Mount Sinai de Miami y profesor en la
universidad. Tenía una posición profesional y académica, dos hijos pequeños y
una gran hipoteca por pagar. En un momento tuve que decidir si volcaría mis
experiencias e investigaciones en un libro. Se jugaba mucho en esa decisión.
Pero mi esposa y yo decidimos divulgarlo porque ambos habíamos padecido por
esto, y todo lo que pudiéramos hacer para ayudar a las personas era importante.
–¿Cuál era la relación entre la vida pasada de
Catherine y la suya?
–Catherine era una técnica de laboratorio, no tenía características psíquicas
especiales, pero me habló del corazón de mi hijo, acerca de los detalles
médicos, y también sobre mi padre, que había muerto dos años antes. Le pregunté:
"¿Cómo conoces esta información?" Catherine estaba en estado hipnótico profundo
y así se había convertido en médium. Ella respondió: "De los espíritus maestros
que están a mi alrededor y me lo dicen." Esto me dio vuelta el mundo por
completo. Yo era totalmente escéptico, pero comencé a creer.
–¿Y cómo había llegado Catherine a esa vida pasada?
–A través de la hipnosis, que es solamente una forma de fijar la concentración
en un punto. No es nada misterioso. Sucede a menudo: por ejemplo, hay personas
hipnotizadas cuando están leyendo un libro muy bueno y no escuchan el ruido del
tránsito; eso es un estado de hipnosis más leve, pero hay otra concentración,
mucho más intensa, y eso ayuda a la memoria, a los recuerdos. Después de
Catherine trabajé en regresiones con 4000 pacientes en los últimos 26 años.
–¿Regresión e hipnosis es lo mismo?
–No, la hipnosis es un proceso de concentración y la regresión es retroceder en
el tiempo a través de los recuerdos. La hipnosis permite la regresión, es una
puerta. Se puede volver más atrás en la vida actual y también llevar a la
persona a otras vidas anteriores a ésta.
–¿La hipnosis no es dormir, estar inconsciente?
–No, es concentrarse, dirigir la atención hacia un punto, con el cuerpo
relajado.
–Usted plantea que las almas reencarnan para
aprender. ¿Esto es eterno?
–Sí. Nuestras almas son eternas. El cuerpo no. Es como comprar un auto. Cuando
el auto de gasta, bajamos y subimos a otro. El alma, en cambio, es inmortal.
–¿Y no es peligroso hacer regresiones con pacientes
psicóticos, o con ataques de pánico, o con cuadros muy inestables?
–No aplico este trabajo con pacientes psicóticos, a pesar de que algunos
terapeutas están haciéndolo. Yo utilizo la hipnosis como herramienta para lograr
la concentración, y a veces la gente que sufre Alzheimer, psicosis o demencias
no lo logra. Pero sí lo uso para depresión, ataque de pánico o problemas
físicos.
–¿Y qué porcentaje de personas son capaces de hacer
regresiones?
–En Buenos Aires, hace algunos años, di una conferencia ante 700 personas y el
80% recordó una vida pasada.
–Y una vez que uno la recuerda, ¿la recuerda siempre
en forma consciente?
–Más y mejor que un sueño.
–¿Y eso no desestabiliza psicológicamente? Quizás
uno ya tiene muchos problemas en esta vida y vivir, además, arrastrando vidas
anteriores…
–No, en realidad esta terapia ayuda a superarlo. Supongamos que alguien ha
sentido temor a ahogarse desde que era chico. Y en la regresión recuerda que se
ahogó en el siglo XVI. El síntoma, en general, desaparece. La terapia no crea
los síntomas, los elimina. Parece algo similar al psicoanálisis: al recordar,
uno entiende. Es una catarsis.
–¿En cuánto se logran resultados?
–Depende del paciente. Algunos lo consiguen en la primera o en la segunda
sesión. A otros, que tienen preeminencia del hemisferio izquierdo del cerebro y
son más controladores, les cuesta más entregarse o confiar y quizá les lleve un
poco más. Pero entre el 70 y el 80% de las personas pueden recordar alguna vida
pasada. Las personas con fobias son las que más rápidamente logran resultados.
–¿Por qué? ¿La fobia viene siempre de alguna vida
anterior?
–Sí, pero también de experiencias traumáticas en la niñez de la vida actual, y
muchas veces, si viene de una vida pasada, vamos trayendo con nosotros la
vulnerabilidad, arrastrándola. Entonces, recordar que es algo que ya pasó tiene
el efecto de aclarar el panorama y la fobia se puede superar.
–Alguien puede decir: "En tu vida del siglo XVII
moriste en la hoguera y por eso le temes al fuego." ¿Por qué es curativo que yo
lo recuerde y no que otro me lo cuente?
–Recordarlo uno mismo es mucho más inmediato, cercano y vivencial. Por ejemplo,
si uno recuerda la hoguera, el fuego, con la ansiedad de ese momento es más
poderoso que el hecho de que alguien nos lo cuente.
–Pero cuando se regresa a la vida pasada, ¿se
siente, por ejemplo, el calor del fuego, el dolor por la quemadura?
–No es tan grave. Y el terapeuta puede controlarlo. Quizás en la primera
experiencia haga que llegues a un estado tal como si estuvieras flotando por
encima de lo que pasó, separada de la situación, como si estuvieras observando o
mirando una película. La próxima vez te acercas un poco más. Es una técnica
llamada atenuación, y es muy efectiva, muy útil, para evitar sufrir dolor al
recordar. Es por eso que hace tanta falta que haya un buen terapeuta haciendo
este trabajo con uno. Hay muchos mitos acerca de la hipnosis. Pero la realidad
es que la persona puede abrir los ojos y poner fin al momento hipnótico cuando
ella misma quiera.
–¿Cuánto cobra usted?
–En Miami, por ejemplo, el costo promedio de un psiquiatra es de 200 dólares por
hora de trabajo, para todo tipo de tratamiento.
–¿Y en qué casos funciona el método?
–No quisiera decir que siempre cura el asma o el cáncer, aunque ayuda. Sabemos
que el estrés reduce la capacidad del sistema inmune, y esta terapia es todo lo
contrario del estrés. Recuerdo un caso: un paciente que había sido ahorcado en
su vida anterior y tenía dolor de cuello en esta vida. Esto le pasó a un
radiólogo que traté. Se hizo ver por cirujanos ortopedistas, lo operaron, y
nadie lo pudo ayudar. Tomaba medicación, analgésicos muy fuertes. Cuando recordó
que lo habían ahorcado en una batalla durante la Edad Media su dolor
desapareció. Y no era una persona fácil de sufrir sugestiones. Esto no es una
prueba de la reencarnación, no es una prueba de ADN, pero sí de que el método
funciona.
–¿Y cuál caso sería una prueba?
–Bueno, el de la mujer que encontró a sus propios hijos. Es un caso de
validación porque ella pudo contarles todo a sus hijos acerca de su niñez. Ella
había muerto en 1932 de complicaciones en el parto de su octavo hijo y había
nacido otra vez en 1953. Cuando ella comenzó a recordar, sus hijos tenían entre
70 y 80 años, y ella, unos 40.
–Según lo que dice, ella había reencarnado en poco
más de 20 años… ¿Cada cuánto se reencarna?
–Puede ser muy rápido o muy lento. Según la necesidad de lo que el alma tenga
que aprender. Y con quién tiene que volver, con qué otras almas tiene que
volver. Porque en realidad nos reencarnamos una y otra vez, y esto junto a
muchas de las mismas almas. Por eso uno a veces siente que ya "conoce" a la
gente de otra vida, y esto puede ser así.
–¿Alguna vez publicaron sus investigaciones en
alguna revista científica?
–Fueron ofrecidas, pero rechazadas. Es una paradoja: ¿cómo hacemos que esto sea
estudiado y analizado por pares si nunca lo aceptan? Yo solo, sin incluir a
todos los miles de terapeutas que hacen este trabajo en el mundo, tengo varios
miles de casos. Freud, que creó el psicoanálisis, lo hizo con ocho casos. Y
fundó una escuela, pero llevó años y años en lograr aceptación.
Hay dos niveles: uno es el terapéutico, y no cabe duda de que
esto funciona –hay miles de casos documentados–. El otro es el nivel de la
validación, que es muy difícil. Porque también se vincula con un enfoque
filosófico. ¿Son vidas pasadas o quizá pueden ser vidas simultáneas, en
dimensiones paralelas? Los físicos modernos saben más que los psiquiatras sobre
esto.
–El alma va hacia el pasado. ¿Y también puede ir
hacia el futuro?
–Muchos sueñan sobre el futuro. Los llamamos sueños precognitivos. Hay gente que
ganó la lotería por soñar el número. Y los físicos dicen que sí, que uno puede
hacerlo porque el tiempo gira, hace una curva; casi lo contrario de lo que uno
podría creer a primera vista.
–¿Cree en la vida extraterrestre?
–Yo creo que sí. Hablé con Carl Sagan, y dijo que estadísticamente tenía que ser
así.
–¿Qué idea tiene del karma?
–El karma no es un castigo. Tiene que ver con el aprendizaje. Es un concepto
similar a aquel que dice que uno cosecha lo que sembró. Todas nuestras acciones
tienen resultados y somos responsables por nuestras acciones.
–¿Y cuando ve niños muertos de hambre piensa que
cumplen con su karma?
–Quizá sí, quizá no. No se sabe. Quizá se están ofreciendo como voluntarios para
volver a nacer y enseñar sobre el amor, para que otras personas puedan aprender
a ser compasivos, a compartir. Quizá son almas muy sabias, que saben que van a
vivir corto tiempo y luego volver hacia el otro lado…
–¿Qué es "el otro lado"?
–El cielo, el paraíso. Como quiera usted llamarlo. Son dimensiones superiores.
–Según esta teoría, entonces, no existen ni el bien
ni el mal, ni las buenas ni las malas acciones…
–En lugar de mal yo hablaría de ignorancia. De gente que no entiende que somos
seres espirituales y que estamos acá, en la escuela, aprendiendo. Y esta gente
fracasa una y otra vez.
–Desde esta postura, Hitler, entonces, no era malo,
sino ignorante...
–Sí...
–¿Usted les dijo esto mismo a las víctimas del
Holocausto?
–Sí. Porque muchas de ellas ya han vuelto a nacer y las encuentro
constantemente.
–¿Y cómo se sienten?
–Maldad es simplemente una palabra. Hitler fue terrible, lo mismo pasó con
Stalin u otros. ¿Qué importa cómo los llamemos? Sus almas tienen que aprender
todavía. Un niño de tercer grado, ¿es malo porque no sabe sumar, restar,
multiplicar y dividir o es ignorante porque no llegó al nivel de aprendizaje? La
gente siempre fue violenta; ésa es una de las lecciones importantes que tenemos
que aprender. Pero Hitler tiene mucho por hacer. Es su karma. No tiene solamente
que compensar a estas personas, sino también a sus familiares. El va a sufrir
durante miles de vidas. Y eso es peor que el infierno.
–¿Y ya volvió a reencarnar el alma de Hitler?
–No lo sé. Yo no lo encontré.
Más datos:
http://www.brianweiss.com/
Perfil Breve Weiss
Brian Weiss, nacido en Nueva York en 1944, es autor de los best sellers Muchas vidas, muchos maestros; Lazos de amor; A través del tiempo; El mensaje de los sabios; Meditación; Espejos del tiempo, Eliminar el estrés. Su último libro, publicado recientemente, se titula Muchos cuerpos, una misma alma.
Se graduó en las universidades de Columbia y Yale, y es director honorario del Departamento de Psiquiatría de Hospital Mount Sinai en Miami, EE.UU. Está casado con Carol, tiene dos hijos y es abuelo de dos niños pequeños.
Entrevistado por el actor Boy Olmi durante su último viaje a Buenos Aires, grabó un programa especial que el canal Infinito.
Fuente: La Nación.