
El neoliberalismo quiere destruir la escuela pública
Reportaje a Juan Carlos Tedesco
Nota diario LOS ANDES
El especialista en temas educativos Juan Carlos Tedesco es uno de los argentinos de mayor
renombre mundial en el tema. Dirigió la oficina de educación de la Unesco y casi todos
los gobiernos y entidades especializadas lo cuentan como su asesor de lujo. Más de una
vez su nombre fue pensado como el de futuro ministro de Educación de la Nación, tanto
por gestiones peronistas como radicales. Pero él se mantiene en ámbitos técnicos,
trayendo a la Argentina los grandes debates mundiales sobre la educación actual. El
profesional, de visita en Mendoza, habló con Los Andes sobre el nuevo papel de la
escuela.
-Caracterice la escuela actual
-La escuela de las últimas décadas tendió a vaciarse de contenido social. Perdió
eficacia como agente de socialización frente a los medios. Se aisló y reprodujo una
cultura puramente escolar que no tenía ningún significado fuera de sus paredes.
-¿Eso habla de su decadencia?
- No creo, la escuela sigue teniendo gran potencialidad porque la sociedad todavía
confía en ella y entonces tiene posibilidades de reaccionar. Hay que transformar al
aislamiento en síntesis positiva, llenando a la escuela de sentido socializador.
-¿Unir más la escuela y la sociedad?
-No, es al revés de como se hizo hasta ahora. La escuela no debe reproducir los valores
que existen fuera de ella, sino que debe discutirlos, cuestionarlos.
-Explique mejor.
-La escuela debe ser una contracultura contra esa concepción de la globalización que hoy
vivimos, que es excluyente, fragmentaria, individualista, atomista, asocial. Las
instituciones educativas deben resistirse activamente a esas demandas culturales que se
desarrollan sobre todo a través de los medios.
-Eso implica politizar la escuela.
-Claro, la escuela es una forma de política. No hacer política con ella también es una
forma de política, o sea tolerar pasivamente los antivalores que nos quieren imponer.
Sarmiento hizo política con la escuela. En el buen sentido del término.
-Como está hoy, ¿la escuela forma en los antivalores?
-La escuela no forma para la corrupción, pero tampoco forma contra la exclusión. No
difunde los malos valores pero peca por omisión, por falta de protagonismo en la
creación de culturas alternativas. Está vacía. Y el neoliberalismo no se interesa
demasiado en ella.
-¿Usted cree que a los dueños del mundo no les interesa la escuela?
-Efectivamente creo eso, porque el capitalismo actual tiene muy poca vocación
hegemónica, o sea escasa voluntad de imponerle a toda la sociedad un pensamiento
civilizatorio, como sí lo hizo el anterior capitalismo industrial.
-Hable de esa diferencia.
-La escuela anterior era una oferta educativa igual para todos. Pero hoy predomina la
escuela de la demanda, o sea dejar que cada padre eduque a su hijo como quiera. O como
pueda. El mecanismo cultural central del nuevo capitalismo no es la escuela, sino
Internet. Porque este capitalismo, a diferencia del anterior, no quiere incluir en su
proyecto a toda la sociedad sino a unos pocos.
-¿Y la escuela qué puede hacer?
-La escuela debe luchar contra eso. Debemos volver a la escuela sarmientina, pero en un
nuevo tiempo. O sea a una educación universal contra la corrupción, que enseñe a vivir
juntos y que forme gente honesta y responsable. Hablo de una escuela contracultural, que
esté en contra de lo que se enseña afuera, de los falsos modelos que nos quieren
imponer.
-Cuesta entender una sociedad no interesada por la escuela, aunque más no sea para
imponer su ideología.
-En las versiones más extremas del neoliberalismo la escuela no debería existir, porque
ellos sostienen que cada familia debe educar a sus hijos como quiera, dentro o fuera de la
escuela. El neoliberalismo extremo no intenta crear instituciones que fortalezcan la
cohesión, sino disolver las existentes. Entre ellas la escuela.
-Esa contracultura que usted propone, ¿no es volver a la vieja escuela? ¿no es algo un
poco conservador?
-Lo que antes se le criticaba a la escuela, o sea ser conservadora y reproductora de los
viejos valores sociales, hoy comienza a transformarse en algo progresista. Formar para la
cohesión es contracultural, porque la cultura actual es disolvente.
-¿Es educación contra cultura?
-En educación estoy con los liberales, no con los neoliberales. Estoy con Sarmiento. El
neoliberalismo dice que el modelo es la competencia, y el que perdió perdió. Hay que
educar contra esa cultura.
-Pero hasta ahora la escuela no fue creadora de cultura, sino reproductora y transmisora
de culturas externas.
-Es cierto, la escuela no creó cultura hasta ahora, sino que reprodujo los valores
dominantes. Pero en una sociedad de exclusión como la actual, la escuela debe también
crear cultura, no sólo transmitir valores. Debe moverse con un alto grado de aislamiento
o ruptura con la cultura dominante, porque sino la cooptan o se vacía de contenidos, que
es lo que pasó.
-Defina con precisión las misiones actuales de la escuela.
-La escuela debe formar el núcleo duro del desarrollo cognitivo y personal. Que luego
permita elegir. Sin ese núcleo formativo, no hay criterio para elegir. Yo busco una
sociedad de opciones múltiples.
-¿Eso implica cambiar sobre todo los contenidos actuales?
-Aunque los contenidos son importantes, no se trata solamente de ellos. Hay que apelar
también a lo afectivo, lo estético, lo ético. Y para eso el elemento fundamental son
los maestros y no los diseños o mecanismos de gestión, por más revolucionarios que se
presenten. Pero para eso hay que luchar para eliminar la baja autoestima y escasa
participación que tienen hoy los maestros en la educación.
-¿Los maestros son la clave?
-Sí, no se aprende ética leyendo libros de ética, sino a través del ejemplo de una
vida. Y para eso el docente tiene que ser un profesional colectivo.
-¿Hay que centrarse más en el trabajo en el aula y menos en otras cosas?
-No, el aula no es la unidad, porque atomiza. La unidad de trabajo es la escuela. La
autónomo es la escuela como institución integral y colectiva, no el aula.
-¿Este debate se da en el mundo?
-En los países más desarrollados hace tiempo que se dieron cuenta de esto. Ninguno de
ellos defiende una educación como quieren los neoliberales. Por ejemplo, en el Japón la
educación privada recién empieza a reclutar alumnos después de la secundaria. Antes, ni
el 5% de la población concurre a ella. Y su universidad pública tiene la mejor calidad
educativa.
-Hable de nuestra universidad.
-La universidad actual debe volver a formar a las elites, como lo hizo en sus inicios.
Porque la política educativa contracultural que yo propongo no va a surgir
espontáneamente. Requiere de una decisión voluntaria y decidida de las elites.
-Que hoy no existe...
-Así es, hoy no pasa eso. Allí tenemos el mayor déficit. La universidad está encerrada
en sí misma y no satisface ninguna demanda, salvo las suyas propias. Son corporaciones
incapaces de formar líderes, como lo hacían antes.
-Pero a la vez sin nuevas elites no puede haber cambios.
-Claro, lo paradójico es que sólo las elites pueden reformar el modelo excluyente
actual. Por eso se trata de un acto de voluntad inédito. Creo en eso porque soy
profundamente humanista. Y lo propio del ser humano es superar los determinismos.
-Aún aceptando lo que usted dice, lo cierto es que las elites actuales educan a sus hijos
con un nivel de calidad extremadamente elevado.
-Es cierto que nuestras elites están muy educadas. Pero algo pasó en su formación para
que casi todos sus miembros tengan esa cultura del no cumplimiento de la ley. Y no hablo
sólo de la derecha. También en la izquierda se comenzó a legitimar esta cultura sin
valores, esta no cultura. Los centros de estudiantes universitarios se transformaron en
los últimos años en empresas cuasi privadas manejadas por los estudiantes con un alto
grado de corrupción. En la formación actual de nuestras elites hay preanuncios de lo que
luego será un comportamiento político mafioso.
-¿O sea que no se puede separar la formación de las elites de la formación de todo el
resto de la sociedad?
-Claro, ese es el papel público de la escuela. Ella integra a los pobres e impide que las
elites se alejen del resto. La escuela, si la reivindicamos y sostenemos como hace un
siglo, tiene grandes potencialidades para encontrar soluciones. Es un espacio artificial
que puede ser aprovechado positivamente. Allí podemos programar experiencias. Cosa que no
podemos hacer fuera de la escuela, donde se vive en medio de valores negativos.
-A pesar de todo lo que dice, sigue sonando extraño eso de la escuela como contracultura,
de la escuela aislada para combatir lo que inculca la sociedad.
-Sé que es una discusión enorme, pero creo que hay que darla. Le repito para terminar,
hay que transformar la actual cerrazón y aislamiento de la escuela en una gran
contracultura que combata activamente los antivalores con los cuales el neoliberalismo
actual pretende destruir los logros del liberalismo anterior. La escuela puede ser, si nos
decidimos, la gran herramienta para lograr una sociedad equitativa, justa, integrada y
decente.