
GALIMBERTI DE
PERÓN A SUSANA
Algunos datos
Su padre marino y peronista, su
hermano nazi y su madre católica. Pasó por Tacuara y JAEN. Perón lo nombró su representante. Organizó la Juventud Peronista. En Montoneros tuvo conflictos con
Firmenich, Perdía y Vaca Narvaja. Secuestró a los hermanos Born. Realizó operaciones guerrilleras en Columna Norte. Estuvo relacionado con el Batallón 601 del
Ejército, la OLP y la SIDE, desde el 70 hasta la actualidad. Participó del
secuestro de Montero Ruiz y de las muertes de Jorge Cedrón y Oscar Braun. Combatió en el Líbano. Conspiró
contra la presidencia de Raúl Alfonsín. Relacionado con Aldo Rico y el almirante Massera. Se peleó con Horacio Verbitsky. Trabajó como espía
para Domingo Cavallo y María Julia Alsogaray. Tuvo negocios con
Hugo Anzorreguy, Daniel Hadad, y Jorge Rodríguez. Ingresó al Buenos Aires Golf de la familia Macri. Tuvo vínculos comerciales con el Exxel Group. Sedujo a los jóvenes
"sushi" delarruistas. Pudo convertirse en comandante del ejército de Alfredo Yabrán.
Ha logrado cautivar, seducir y asociarse con mundos en
apariencia disímiles: Luis Alberto Spinetta, Daniel Hadad, Norma Arrostito, María Julia
Alsogaray, Juan Perón, Mario Firmenich, Jorge Born, Rodolfo Ortega Peña, Miguel Angel
Toma, Rodolfo Walsh, Eduardo Massera, Chacho Alvarez, Jorge Radice, Juan Gelman, Domingo
Cavallo, Miguel Bonasso, Susana Giménez...
Viendo a Drácula
Conocimos a Rodolfo Galimberti en la casa de un columnista de Página/12. Fue el primero
de noviembre de 1999. Llegó un minuto después de la hora convenida. Era una tarde de
lluvia. Traía un puro apagado y se acercó con pasos cortos. Nos tendió la mano. Tenía
un sello de oro en el meñique derecho, un reloj sin marca visible y una corbata roja. Era
más flaco y más joven de lo que suponíamos. Estaba agitado. "Sin grabadores",
dijo. "Sin grabadores", repetimos. Entonces fue a dejar su pistola 9 milímetros
sobre un escritorio. Quería que la regla fuera pareja para las dos partes. Cuando
regresó, seguíamos de pie. Le pidió un vaso de agua de la canilla al anfitrión y nos
miró a los ojos.
-¿Qué quieren de mí? -preguntó
-Un buen libro -respondimos.
Hasta ese momento llevábamos más de un año investigando sobre su vida y habíamos
entrevistado a noventa personas. El primer intento de acercamiento había sido el 5 de
mayo, día de su cumpleaños. Le enviamos una tarjeta:
"Estimado Rodolfo Galimberti, estamos escribiendo un libro donde usted se lleva la
mejor parte. Queremos conocerlo. ¡Feliz cumpleaños! Firmado: sus biógrafos"
Entonces nos había agradecido la esquela con un llamado telefónico, y nos formuló diez
preguntas de "sucesión aproximativa": quería saber quiénes éramos y a quién
respondíamos. Nos pidió que lo llamáramos la semana siguiente para convenir un
encuentro. Pero nunca más respondió un mensaje.
Un diálogo telefónico con el columnista de "Página/12", nos volvió a abrir
las puertas.
-¿Ustedes son los que están escribiendo la biografía de Galimba...?
-Sí.
-Está recaliente con ese asunto. Dice que es parte de una operación para cagarlo por el
juicio de Hard Communication. Quiere encontrarse con ustedes. Galimberti tenía una
opinión cerrada sobre las motivaciones de una biografía:
-Hay dos clases. Las que se hacen a favor del protagonista, y éste es el que la paga. Y
las que se hacen en contra, que son operaciones de inteligencia. ¿A ustedes quién les
paga?
Nos pedía que lo tutearamos. Nos negamos. "Abandonen la actitud policial",
repetía. Era un diálogo sin salida. El anfitrión intentó aflojarlo: "Rodolfo, por
qué no te juntás mañana a conversar tranquilo... parecen pibes macanudos".
Galimberti condicionó un futuro encuentro a que entrevistaramos una serie de personas que empezó a seleccionar de
su agenda. Tomamos nota.
Eran: Claudia Bello, Hugo Anzorregui, Claudia Peiró, Patricia Bullrich Luro Pueyrredón,
Alberto Brito Lima, Jorge Antonio, Mariano Cavagna Martínez, Miguel Angel Toma, Eduardo
Epstein, Alberto Sprechjer, Octavio Frigerio, Mario Granero, Emilio Berra Aleman, Enrique
"Mono" Grassi Susini, Daniel Hadad, Guillermo Seita, Aníbal Jozami, Alberto
Kohan, Germán Kamerath, Jorge Rodríguez, Jorge Born, Archibaldo Lanús, Marcelo
Longobardi, Alejandro McFarlane, Felipe Solá, Carlos Spadone, Lorenzo Miguel y Jorge Luis
Bernetti.
Algunos nombres nos sorprendieron. También las omisiones: en la lista no figuraban sus ex
compañeros de Columna Norte de Montoneros. A la hora y media, la conversación continuaba
entrecortada, y había perdido defintivamente el rumbo. Terminamos hablando de la reforma
policial bonaerense y recordó una anécdota sobre el doctor León Arslanian:
"Tuvimos una reunión y mientras me habla veo que se va inclinando despacio,
despegando el culo del asiento hasta que se larga un pedo, y siguió hablando como si
nada. ¿Qué confianza se puede tener en un tipo así?", se quejó.
Era un rodeo inútil. El había perdido su turno con el dentista y tenía un funcionario
judicial que lo esperaba. El anfitrión se tenía que ir.
-Nosotros vamos a esperar otros seis meses para encontrarlo, Rodolfo. Si quiere hablar,
mejor. Y si no, lo lamentaremos pero el libro va a salir igual. Con usted o sin usted.
A Galimberti le gustó el desafío. Marcó un encuentro para al día siguiente, a las 13,
en la "Rosa Negra" de San Isidro. Aprovechó una distracción del anfitrión y
antes de estrecharnos la diestra nos dijo.
-Está bien, el libro haganló. Pero tengan en cuenta que se metieron con alguien muy
pesado. Yo soy mucho mejor de lo que ustedes piensan pero mucho peor de lo que imaginan.
Soy el drácula argentino.
Y se fue con una sonrisa helada.
En el restaurante, tomó
posición en una de las primeras mesas, con vista a la entrada. Nosotros quedamos de
espaldas. Tomamos la carta, elegimos el plato y el vino. Tenía ropa de fajina: un chaleco
de cazador color marrón claro. El mozo nos hizo probar el vino. Era un Catena Zapata
tinto. Lo degustamos. "¿No está bueno? ¿Es muy fuerte?", preguntó ansioso.
Dudamos un segundo. Quisimos fundar una opinión. No nos dio tiempo. Lo hizo tirar sobre
un recipiente de vidrio. El mozo trajo otro.
"Este...?", preguntó
Galimberti. Volvimos a dudar. Seguíamos pensando en la respuesta justa. Ordenó tirarlo
otra vez. "Estos boludos lo dejan a más de 20 grados...", criticó. Cuando el
mozo abrió la tercera botella, le dijimos que estaba bien. No íbamos a pasar toda la
tarde desechando vinos de cien dólares. Empezamos a comer langostinos, mientras
preparaban las corvinas negras. Nos elogió la elección. Luego reinstaló el discurso del
día anterior.
-¿Quién les paga? No sean boludos, diganmeló. No está mal ser un mercenario. Yo soy un
mercenario. Lo fui toda mi vida. Y la mayoría de los periodistas también lo son. Hay 172
tipos que reciben sobres de la SIDE. Les puedo mostrar las filmaciones cuando van a
retirar la guita. Se van a sorprender. Son tipos reconocidos, prestigiosos. Entonces
diganme quién les paga y empecemos a laburar. Sean honestos conmigo. Abandonen la actitud
policial.
Lo indignaba que continuáramos tratándolo de usted. No queríamos conceder nada.
-Ustedes no tienen conciencia de donde se están metiendo. Se los voy a decir ahora porque
ayer no correspondía. Ustedes me hicieron mucho daño desde la revista donde trabajan.
Mucho daño económico. Hard perdió mucha guita por ustedes. Nos cagaron la empresa.
Tenemos un juicio encima. Pero lo peor es que me difamaron. Dijeron que llamaba
prostitutas para traerlas a la oficina...
-Nunca dijimos eso. Dijimos que en la oficina seleccionaban modelos para promociones.
-No se hagan los boludos conmigo. Yo no soy como los funcionarios de Gobierno que van a
buscar putas a Black Jack... Pidanmé disculpas -dijo de golpe..
-No, no tenemos nada de que disculparnos.
-Ustedes no entienden... El oficio de ustedes es investigar. Está muy bien. Pero mi
oficio es matar. Tienen que saberlo. Yo a ustedes los tengo en la lista de gente que
quiero matar. Son mis enemigos. La tengo en mi mesa de luz. La repaso todas las
mañanas...
Se inclinaba levemente hacia la mesa mientras nos hablaba. Su voz nos llegaba como un
susurro forzado, metálico, duro y monocorde. Los mozos atendían a los comensales,
cordiales. La música era agradable y estábamos a punto de mandarnos a mudar.
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