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La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas. |
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La sociedad de Occidente no deja que la inteligencia evolucione Por Tesy De Biase. |
"Dramáticamente, el test de Rorschach da cuenta de la
masificación del pensamiento que está teniendo lugar en Occidente. En Italia, la
gente perdió el poder de introspección, la sensibilidad y la capacidad de
pararse a pensar. Vemos una total adaptación a las formas colectivas de
pensamiento", se queja Salvatore Parisi, doctor en psicología y director de la
Escuela Romana de Rorschach.
"Actualmente, el valor medio de las respuestas que dan los italianos durante la
evaluación es parecido al de los norteamericanos", imputa, convencido de que
semejante similitud significa la sentencia a muerte de una cultura milenaria y
definitivamente superior.
¿Y los argentinos?
"Los valores son parecidos", concede. Y ejemplifica esta transformación del
pensamiento original en formas masificadas que achican los campos de interés,
con un pedido especial de mantener en el anonimato su fuente de información: "Un
profesor universitario argentino me confesó con preocupación que los estudiantes
parecen pollitos que están esperando que les pongan la comida dentro de la
boca..."
Este dato lo corrobora una colega argentina, Ana Inés Di Gianni, especializada
en selección de personal y presente durante la entrevista. De acuerdo con una
investigación realizada en una provincia del interior del país durante un
período de industrialización creciente, el nivel intelectual de los más jóvenes
tocó niveles sugestivamente altos, pero estos valores quedaron perdidos, junto
con los sueños de desarrollo industrial: "Hoy la sociedad está aplanando la
inteligencia; el entorno no permite que la inteligencia evolucione", opina Di
Gianni.
Y para muestra, Parisi extiende las fronteras y ofrece más que un botón: "La
media de las respuestas de los cubanos fuera de La Habana es parecida a la de
los italianos durante los años 60; en cambio, la de los habaneros, más
occidentalizados, se asemeja a la italiana actual".
El dato curioso es que estas conclusiones surjan del famoso test de las manchas
de tinta, que está muy lejos de ser un instrumento de evaluación sociológica.
Sin embargo, indirectamente emerge como testigo de la evolución de las culturas,
al indagar qué y cómo las personas ven al mundo.
El psicodiagnóstico
El test creado en 1921 por el psicólogo suizo Hermann Rorschach es un
instrumento de evaluación psicológica consistente en diez láminas con manchas de
tinta que por su carácter inespecífico o inestructurado estimulan la proyección
de distintos aspectos del mundo interno de cada persona.
A pesar de que las respuestas son tantas como personas testeadas, el Rorschach
supone ciertas reglas perceptivas que permiten realizar una lectura proyectiva
de lo percibido, además de diferenciar organizaciones de personalidad, es decir
que hace coincidir ciertos rasgos de las imágenes observadas (forma, color,
símbolo) con distintos cuadros psicopatológicos.
Así, es posible reconocer no sólo estilos de personalidad y
pensamientos sino también un perfil psicopatológico analizando a través de un
complejo sistema de tabulación y cuantificación, las respuestas dadas en el
test, que después se integran en un gráfico denominado psicograma. Pero más allá
de este núcleo estructural, común a todas las personas que comparten un perfil
de personalidad o un cuadro psicopatológico, el test deja un margen para entrar
en el mundo subjetivo único de cada persona.
En palabras de Salvatori Parisi, "el genio da una respuesta original y el loco,
una respuesta alucinada". Entre ambos extremos surge una gama de grises que
radiografían los campos de interés, los valores, la identidad sexual, el gusto
estético, los vínculos familiares y otros territorios tradicionalmente indagados
por la psicología.
Software y atención on line
Para examinar a quienes fueron instruidos sobre qué conviene decir para
responder al perfil esperado, Parisi y colaboradores crearon láminas paralelas
que permiten realizar un nuevo test. La compaginación final de todas las
respuestas obtenidas sobre las láminas tradicionales o las paralelas implica un
complejo proceso de clasificación y medición que confluye en el psicodiagnóstico,
con aplicación en el terreno psicopedagógico, clínico, laboral, judicial y hasta
psicofarmacológico (para medir la respuesta a un medicamento con efectos sobre
la conducta).
A fin de evitar las controversias en la interpretación de las respuestas, la
Escuela Romana de Rorschach creó un software que se propone como "un instrumento
de valoración homogénea, que incluye una base de datos informatizada con 23.000
interpretaciones y ofrece el consejo de un equipo internacional de expertos que
analiza on line las dudas de los profesionales que consultan.
Sin embargo, Parisi admite que, más allá de estas sistematizaciones, el
Rorschach requiere de la sensibilidad del terapeuta que lo administra, quien no
puede quedar fuera del proceso psicodiagnóstico. La estandarización mecánica
sería, en definitiva, tan condenable como la que Occidente está provocando entre
sus distintas culturas.