La verdad jamás estará en los ignorantes, en los cobardes, en los cómplices, en los serviles y menos aún en los idiotas.

Secretos del día que mataron a Carlitos.

Por Christian Sanz.

Parte I:

Zulema Yoma se había despertado con un mal presentimiento ese día. No sabía exactamente que era lo que le molestaba, pero sentía una constante sensación de incomodidad. De todas maneras, lo que ella pudiera temer no se acercaba en lo más mínimo a lo que le estaba por deparar el destino.

Ese jueves 15 de marzo de 1995, Junior había salido de su casa  de la calle 11 de septiembre al 1700 en su Nissan Pathfinder, aproximadamente a las 8:30 de la mañana, dirigiéndose a la confitería "La Rambla", ubicada en Posadas y Ayacucho. Allí iba a encontrarse con gente de su custodia personal.

Antes de hacer nada, sabía que no podía olvidarse de saludar a su madre. Ya era más que una costumbre: una necesidad. Ese día iba a competir en un importante Rally y sabía que el beso de mamá iba a quitarle parte de los nervios que llevaba encima.  

Estuvo casi veinte minutos en Posadas 1540, con Zulema. Los suficientes como para escuchar los típicos consejos sobreprotectores de toda madre. Al despedirse, Junior volvió a pedirle disculpas por no poder llevarla en el helicóptero. "Tengo que llevar a una chica", le confesó.  

Había querido estar más tiempo con mamá Zulema, pero tenía que regresar a "La Rambla". Allí lo estaban esperando sus íntimos amigos Cesar Perla y "Lucho" Pineda junto a sus custodios, con quienes debía ir a la Residencia de Olivos para buscar el helicóptero y de ahí viajar a Rosario.

Ya eran más de las 9 de la mañana y Junior había decidido viajar en el Renault que hacía de móvil de la custodia, junto a los oficiales de la Federal Bauer y Noriega.  

Antes de llegar a la mansión presidencial, empezó a desconfiar de su destino cuando ambos custodios le informaron que no lo acompañarían en su viaje a Rosario. El jefe de su custodia personal, el Oficial Oscar Barcelona, había dispuesto –sospechosamente- que ese día disminuyera el número de agentes y móviles que lo protegieran en el trayecto hacia su destino en la provincia de Santa Fe.  

Carlitos recordó entonces lo que le decía su madre: "Tenés que rotar la custodia cada tanto, chancho". Zulema sospechaba del hecho de que Barcelona no lo dejara solo ni por un minuto.

Ayudaba a acrecentar las sospechas el hecho de que el helicóptero, en su descanso en la Residencia de Olivos, no contara con una custodia asignada o que no se le hubieran fijado las más mínimas medidas de seguridad. Según información brindada por Daniel Bellandi, Controlador de Tránsito Aéreo de la propia Casa Militar de Olivos, "no existe en los registros que llevan de entrada y salida de helicópteros", anotación alguna sobre la salida de la aeronave de Carlos Menem Junior desde la Residencia ese fatídico 15 de marzo de 1995.  

A sabiendas de que contaba con menos integrantes que se ocuparan de su seguridad personal y con total resignación, Carlitos decidió igualmente seguir adelante en el trayecto que lo llevaría a la ciudad de Rosario.

A las 9:20 y luego de encontrarse con Silvio Oltra, partió de la morada presidencial con destino a Don Torcuato, donde arribó a las 10:10 hs a efectos cargar combustible. En ese lugar, según algunos testigos presenciales, se habría incorporado al viaje -según diversas descripciones- una "hermosa chica de pelo rubio". 

Este encuentro es el que habría demorado al helicóptero, ya que algo que le hubiera insumido no más de quince minutos, como es el hecho de cargar nafta, terminó por provocar casi media hora de demora.  

Inexplicablemente, en ese momento Junior había modificado su plan de vuelo y en vez de dirigirse directamente al Aeródromo de Santa Fe se habría desviado, dirigiéndose a una quinta ubicada en la localidad de Benavídez.  

En ese sentido, existe el testimonio de un testigo que habría visto despegar el helicóptero de Carlitos desde un complejo de cabañas en Benavídez, "propiedad de alguien ajeno al Gobierno, pero quizá vinculado con las armas". Se trataría de un empresario llamado Mario Pallás, dueño del complejo "Lagos del sol".

En Benavídez, según la fuente, estas cabañas se usaban como showrooms para exponer armas y municiones.

Omar Mazaira, un hombre privado de su libertad en Concordia, aseguró a este periodista que en cierta oportunidad fue al complejo de Benavídez a efectos de comprar unos tinglados a Pallás.

Poco después, el mismo nefasto 15 de marzo, Mazaira volvió al mismo lugar y, en ese momento, un empleado del complejo le contó que Carlos Menem Junior había ido a ver al hijo del empresario -"Marito"-, para que fuera con él en el helicóptero, pero que el padre lo había escondido para que no lo hiciera. "Parecía como que Pallás ya sabía lo que iba a suceder minutos más tarde", asegura Rotundo.

Según algunas versiones, en ese mismo complejo Carlitos había depositado a su secreta pasajera.

Esta sería la tan nombrada "tercera persona" que varias personas citan a lo largo de la causa. Una mujer de origen sirio que habría ingresado al país sin dejar registro alguno de su entrada, tal cual llega a describir uno de los declarantes en la extensa causa: Jorge Artoni, secretario del Brigadier Antonietti, quien poco tiempo después de testificar fue baleado en la puerta de su casa.

El día 7 de mayo de 1997, Artoni declaró que estaba "en el despacho del Brigadier Antonietti, cuando llamó el Dr. Anzorregui y le dio la noticia sobre el tercer ocupante. Que al actual ayudante del Brigadier Antonietti, Aníbal Garbarino le hacían pasar personas y equipajes sin pasajeros obviando el pasaje por la aduana (…) Rosa Oviedo y Patricia Soca (de Relaciones Públicas de la Aduana) dejaron pasar a una mujer a pedido de Carlitos Menem (h) sin pasar por Migraciones y que ello ocurrió unos 15 o 20 días antes del accidente (…) Que en lo referido a Menem (h), la señorita entró por la Oficina del Señor Oviedo, donde están los salones VIP 1 y 2. Que conoce al señor Jorge Siniscalchi y que éste es empleado civil de la Fuerza Aérea (…) Soca y Rosa Oviedo saben que (Siniscalchi) pasa bultos, valijas y personas sin registrarse en Migraciones".

Según algunas versiones, la importancia de esta chica radicaría en que venía a hacerle entrega a Junior de información referida al temas venta de armas y/o narcotráfico, la cual fue guardada en la valija que portaba Carlitos junto a los U$S 30.000 que ya se encontraban dentro.

Hugo Sánchez Trotta, un hombre que en ese momento se encontraba privado de su libertad, había prometido que ni bien saliera de la cárcel iba a ir a declarar y aportar información acerca del destino de la valija y sobre las investigaciones que Carlos Menem Jr. llevaba sobre temas de narcotráfico. Dos días después de salir en libertad y antes de poder decir nada, fue acribillado a balazos por la policía.

Él aseguraba a quien quisiera escuchar que la persona que se llevó el maletín, al poco tiempo pudo verse con diversos vehículos y propiedades. Aparentemente obtenidos gracias a la recompensa por haber hecho desaparecer la prueba.

"La valija se la llevó un tal Comisario Silva, muy conocido en Ramallo", aseguró a quien escribe estas líneas alguien que no quiso grabar su testimonio.

Por otro lado, la ex secretaria del cuñado presidencial Emir Yoma, la fallecida Lourdes Di Natale, declaró ante la comisaría 19 de esta Capital que Aurelia Hoffman (titular de Heli Air) tenía en su poder el portafolios con U$S 30.000 que había pertenecido a Carlitos. En el mismo sentido, ni bien se produjo la caída del helicóptero, Emir Yoma le había pedido a Lucho Pineda que entrara cuanto antes al departamento de Carlitos y retirara el contenido de la caja fuerte que estaba al lado de la cama: "Sacá todo y avisame sin que se entere Zulema", ordenó desde San Nicolás.

Para poder profundizar los dichos de Hugo Sánchez Trota, el juez llamó a declarar a su hermano, Antonio Emilio, quien el 25 de febrero de 1997 declaró que lo poco que sabía era a través de su hermano fallecido. Que creía "que a Carlitos lo mataron por que molestaba al narcotráfico (…) y lo dejaron morir como a un perro". A poco de declarar y en situación totalmente sospechosa, Antonio Sánchez Trota también fue asesinado.

Atrás había quedado la mujer que le había dado la información que tanto deseaba y Carlitos ya no pensaba detenerse hasta llegar a fondo con su improvisada investigación. Aunque sabía que la información que manejaba rozaba a personajes del poder, no sabía cuan lejos esto podía llegar. Él, por lo pronto, quería llegar a Rosario sin parar.  

No, por lo menos, por propia voluntad.


Y como Ícaro

Mientras pensaba en lo increíble que eran los datos que le daban vuelta por la cabeza, Carlitos dudaba una y otra vez acerca de la posible participación de su propio padre en tan sucios negocios.

No podía ser que alguien a quien creía conocer tanto, le fuera tan ajeno en algunos aspectos.

De todas maneras, pensaba que cuando estuviera más tranquilo iba a analizar más detenidamente la información que llevaba en el portafolios. Le era difícil entender la relación entre armas y drogas en un país tan alejado de medio oriente. No podía ser que esos "negocios" hubieran penetrado de tal manera en los estratos más profundos de toda voluntad política.

Para escapar de semejante presión, su mente traía pensamientos de la carrera que estaba por correr en Rosario. Estaba seguro de que iba a sacar uno de los primeros lugares en la tabla de posición y ya se imaginaba festejando frente a la ovación de la gente.

Fue el primer tiro el que lo hizo volver a la realidad. No entendía nada. Ni siquiera estaba seguro de que fuera un disparo de bala.

La intensa continuidad de los impactos no le permitieron pensar demasiado. Lo único que sabía con certeza en ese momento era que estaba siendo víctima del impacto de gruesas balas, disparadas por más de un francotirador.

"Me tiraron, me tiraron... perdí la hidráulica. Hagan algo huevones", llegó a decir Carlitos, tratando de contactar en vano a su custodia y mientras trataba de maniobrar el helicóptero. Luego se sabría que dicha comunicación había sido registrada por la  torre de control del aeropuerto de Ezeiza.

Junior confiaba en que la custodia iba a estar siguiéndolo por tierra, tal cual tenían programado y como solía hacerlo generalmente. Convencido de que era así, comenzó a descender de a poco para poder coordinar acciones con quienes debían protegerlo.

Lo que menos se imaginaba, era que no iba a encontrar ayuda alguna. El coche de la custodia lo había abandonado 20 km. atrás.

La sensación que tuvo Carlitos de que habían liberado la zona se interrumpió en el mismo momento que impactó contra los cables de electricidad que cruzaban la ruta 9.

Era hora del inevitable fin...


Parte II:

“El helicóptero chocó con los cables que cruzan la ruta, luego subió y volvió a caer. Pensé que se me venía encima”, aseguró en junio de 1995 Lorenzo Epifanio Siri, uno de los testigos de la caída de la aeronave en la que viajaba Menem Jr. y el primero en fallecer luego de declarar en la causa.

Eran las 11:40 aproximadamente cuando el helicóptero de Carlitos cayó a tierra, a la altura del km 211,5 de la Ruta 9. El impacto produjo que la aeronave quedara destrozada e hizo que Silvio Oltra falleciera en el acto, a diferencia de Carlos Menem Jr. que fue retirado con vida de entre los restos del helicóptero.

Testigos directos del hecho han declarado en la causa que Carlitos se quejaba, hablaba, movía las manos y la cabeza. Fue en ese preciso momento cuando empezaron a juntarse los curiosos. Uno de ellos, Samuel Abeldaño, un camionero que casualmente estaba en el lugar, se metió debajo del helicóptero y cortó el cinturón de seguridad de Carlitos.

Inmediatamente después de sacarlo, se dieron cuenta de que estaba tragando sangre y optaron por colocarlo de costado, apoyando su cabeza en una chapa. Todavía no sabían de quien se trataba. En seguida lo trasladaron al Hospital San Felipe de la Ciudad de Ramallo, no sin antes dejar en el trayecto un inexplicable hueco de tiempo: casi 20 minutos dando vueltas sin sentido.

Según una fuente entrevistada oportunamente por este periodista, quienes manejaron la ambulancia, fueron personas vinculadas con Andrés Antonietti. Este punto es realmente interesante ya que, en relación al traslado de Menem Jr., ha quedado claro es que unos testimonios contradicen a otros y nadie se pone de acuerdo en el relato judicial de lo sucedido.

Hasta el día de hoy, por ejemplo, nadie ha explicado por qué se encontraba una ambulancia con personal de la Policía de Santiago del Estero esperando justo frente a la Estación de Servicio ESSO donde se encontraba el helicóptero y justo a la misma hora en la que se había atentado contra la vida del hijo del Presidente.

Esa ambulancia no contaba con los elementos mínimos necesarios para poder asistir a una víctima que evidenciaba síntomas tan graves como los que mostraba Carlitos. No contaba, por ejemplo, ni con cuello ortopédico, ni con oxígeno.

Y dónde está la custodia
?

Fue en la misma mañana del nefasto 15 de marzo de 1995 que Carlitos se enteró que dos de sus custodios no iban a acompañarlo en su trayecto a Rosario. Los oficiales Barcelona, Bauer y Noriega se dirigían -junto al hijo del Presidente- en un Renault 18 oscuro hacia la Residencia de Olivos. Fue durante ese trayecto que Junior supo que dos de ellos no iban a escoltarlo en el viaje a Santa Fe. Desconcertado y sin entender el por qué de tal decisión, se resignó al pensar que el destino había querido que las cosas fueran así.

A la Pathfinder negra en la que viajaría su jefe de custodia, se había sumado un automóvil Spirit blanco con tres oficiales más (que debían haber sido cuatro): Carlos Ruiz, Adolfo Vallejos y Héctor Rodríguez.

Los vehículos, ocupados por custodios y amigos de Carlitos, tenían la consigna de seguir al helicóptero por la Ruta Nacional Nº 9, tratando de permanecer siempre debajo del mismo e intercomunicándose por medio de Handys y celulares.  

Al principio se manejaron tal como se había previsto pero, imprevistamente, ambos vehículos se detuvieron en un parador ubicado en el km 191,5 de la Ruta, casi 20 km antes de que el helicóptero se precipitara a tierra.

Según declararon posteriormente Oscar Barcelona y Cesar Perla, jefe de custodia y amigo personal de Carlos Menem Junior respectivamente, se detuvieron en la gomería El Pito para cambiar una goma de la camioneta de la custodia que -según ellos- poco antes había pinchado. En la misma declaración hicieron saber que pensaban volver a detenerse en la Estación de Servicio del km 211.5 –justo frente donde cayó el helicóptero- para cargar combustible.  

Suena totalmente absurdo que, tratándose de la vigilancia de alguien que venía siendo amenazado de muerte y que era ni más ni menos que el hijo del Presidente de la Nación, la custodia no haya tomado el recaudo de llenar el tanque de nafta para no tener que detenerse.

Respecto a la goma de la camioneta, nunca apareció la que estaba pinchada. Suena asimismo extraño que no hayan cambiado la cubierta los mismos custodios. Oscar Barcelona aseguró que esto había sido así porque habían perdido la llave de seguridad, cosa que fue desmentida por el encargado de la gomería, quien declaró que la misma se encontraba debajo del asiento trasero de la Pathfinder.

Es extraño que a pesar de las constantes contradicciones que se desprenden por parte de quienes debían acompañar a Carlitos, el recorrido de los autos que iban por tierra no haya sido investigado por los jueces en la causa.

Ni siquiera frente a lo poco creíble de algunas afirmaciones que se han hecho en la causa. Por ejemplo, según el oficial Noriega, en el mismo momento que caía la aeronave, recibió por el “motorola” del Renault 18 un llamado del Oficial Ferrari (asignado a la custodia de Zulema Yoma) haciéndole conocer el trágico suceso, mientras que el Oficial Bauer aseguró que Ferrari les avisó que había habido un accidente cuando ya estaban en Olivos y que, previamente habían escuchado por la “motorola” un aviso de la caída del helicóptero en Ramallo, cuando estaban estacionados frente a un banco, pero no lo habían relacionado.  

No llamó la atención de los investigadores que, a pesar de que Barcelona y Perla aseguraron que en la camioneta negra solo viajaron ellos dos, el encargado de la gomería y el propietario del parador “Bahamas”, ubicado a su lado, declararon que de la Pathfinder habían descendido tres personas.  

Tampoco llamó la atención de las autoridades que se dijera que los ocupantes de la camioneta sólo llevaban un teléfono celular (propiedad de Cesar Perla) para comunicarse con el helicóptero, mientras que el responsable del parador afirmó que le había llamado la atención la cantidad de “aparatos de comunicación que llevaban”. Hay que agregar a lo dicho que desde el celular declarado sólo pudieron comunicarse una vez, siendo que tuvieron tal sucesión de percances durante el trayecto.

Contrariamente a lo dicho, en la declaración hecha por Noriega puede leerse que ni César Perla ni Barcelona tenían aparato celular. Perla, sin embargo, ha insistido en afirmar que, momentos previos a la caída del helicóptero, se comunicó con Carlos Menem Junior vía teléfono celular.  

Para empeorar la situación, el encargado del citado parador aseguró que el Spirit blanco -que llevaba a los otros tres custodios que acompañaban al helicóptero-, también detuvo su marcha y sus ocupantes se pusieron a charlar con la gente de la camioneta. 

La custodia ha justificado esta extraña detención en la necesidad de “cambiar los cascos (para la carrera) de un automóvil a otro”, a pesar de que ambos autos se dirigían al mismo lugar de encuentro: Rosario. Estos supuestos cascos que provocaron esa tremenda y estúpida demora, pudieron verse en la filmación de los restos del helicóptero el mismo día de la tragedia, ya que los llevaba el mismísimo Carlitos en la aeronave.

En resumen, a diez años de ocurrido tan tremendo atentado, todavía no se pudo establecer con precisión que hicieron ese día los integrantes de la custodia. No se ha podido establecer la cantidad de personas que viajaban en cada automóvil ni quiénes eran.

Tampoco se sabe cuáles cuántos teléfonos celulares o equipos de comunicación poseían. Menos todavía la cantidad de llamados hubo ni a qué personas fueron realizados. Algo que hubiera sido sumamente sencillo de haberse utilizado el sistema Excalibur, que tan buen resultado dio en la investigación del asesinato de José Luis Cabezas (Continuará).

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