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Efectos de la soja transgénica |
Soja Natural y Soja Transgénica.
Proliferación anárquica y enmascarada.
Soja Natural y Soja Transgénica. Por Dr.
Luis Gorostiaga.
luisgorost@ciudad.com.ar
Médico gastroenterólogo. Paraná, Provincia de Entre Ríos.
El lobby de la industria montada en derredor del fenómeno de la “alimentación saludable” llámese dietéticas, naturismo, vegetarismo, etc. intenta hacernos creer que la soja es un alimento básico en esta emergencia alimentaria nacional.
La soja tiene alto contenido proteico pero carece o es muy deficiente en aminoácidos esenciales y tiene otros como la lisina en concentraciones muy elevadas; la relación calcio-fósforo es inadecuada, la presencia de filatos dificulta la absorción de hierro y de calcio. Esto y mucho más está desvirtuado por las industrias de la alimentación y los formadores de opinión.
La soja no es una panacea nutricional y debe considerarse como el resto de las legumbres. Se recomienda su uso si la alimentación es variada y completa y al jugo no se le debe llamar leche porque no la reemplaza. Se desaconseja su uso en menores de 5 años.
Tiene ácido fítico que bloquea la absorción de Ca, Fe, Mg,
Zn. Contiene isoflavonas (genisteina, daidzeina) que se asegura son
cancerígenos; la planta de soja absorbe del suelo manganeso y en los niños su
exceso no puede metabolizarse y se acumula un 8% en cerebro con alteraciones que
se manifiestan en la adolescencia. Durante el procesamiento a altas temperatura
y presión se forman nitrosaminas, nitritos y lisinoalanina.
El lobby pro soja indica menor incidencia de algunos cánceres en asiáticos pero
no dice la alta incidencia de otras neoplasias como muestra de la falta de
honestidad industrial.
Además está el tema de la soja modificada genéticamente. El reciente hallazgo de
ADN desconocido en semillas de soja Roundup Ready producida por Monsanto
confirma las críticas hacia la tecnologías transgénicas. Debido a que la
información sobre los insertos y el ADN de la soja son incompletos no se puede
llegar a una conclusión definitiva sobre efectos tóxicos o nocivos de la soja RR
sobre seres humanos.
Luego está el tema de los agroquímicos. Con el cultivo de la soja RR el
herbicida más vendido del país es el glifosato, que es un dato inquietante
porque los estudios recientes toxicológicos realizados por instituciones
independientes refutan su “benignidad toxicológica”. Se demostró toxicidad
subaguda (lesiones de glándulas salivales), toxicidad crónica (lesiones
gástricas), daños genéticos, trastornos reproductivos y carcinogénesis. Todo
esto en ratas. Y cáncer tiroideo en ratas hembras.
Como si esto no bastara se agrega el alerta sanitario emitido por la OMS
respecto a la presencia de acrilamida tóxica en alimentos cocidos estando
casualmente relacionado con el glifosato. Las evidencias parecen indicar con
precisión que la acrilamida es liberada por la poliacrilamida ambiental, cuya
fuente principal se halla en las fórmulas herbicidas en base a glifosato.
Los últimos estudios científicos descubrieron que el tratamiento con glifosato
de legumbres incrementa el nivel de fitoestrógenos. Si esto es confirmado daría
la evidencia de que los cultivos transgénicos no sólo son diferentes a los
orgánicos, sino también podrían tener un impacto dramático sobre la salud y
bienestar de quienes dependen del aporte proteico de la soja como pilar de su
dieta (lo copié textualmente). Monsanto para la aprobación de la soja RR
presentó estudios sobre porotos no tratados con glifosato.
En genéricos hablamos de equivalentes y decimos que son intercambiables cuando
son iguales (con la misma curva de bioequivalencia).
En este tema hablan de “equivalencia sustancial” que es un concepto
seudocientífico porque en realidad no es más que una proposición económica y
política que se pretende disfrazar como científica, con el fin de proveer una
excusa para que no fueran requeridos los estudios bioquímicos o toxicológicos.
En la práctica, cuando una variedad genéticamente modificada es considerada
“sustancialmente equivalente” a otras variedades convencionales, ésta queda
exenta de cualquier requerimiento de detección de ulteriores características
imprevisibles.
Proliferación
anárquica y enmascarada.
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Estados Unidos, con el 63% del total de cultivos transgénicos en el mundo, firma acuerdos de libre comercio que facilitan sus exportaciones, invaden mercados y benefician a sus empresas. Como no existen métodos de control ni de elección, los consumidores de otros países también se exponen a los transgénicos sin percatarse.
Por otro lado, la contaminación genética es un hecho
constatado y real, que conlleva la dispersión silenciosa de los transgenes a
otras variedades y alimentos normales. En otros lugares del mundo, contrabando y
plantaciones transgénicas ilegales. Vista gorda. Primero expandir de cualquier
forma. Luego legislar, legalizar y finalmente monopolizar.
En la solidaridad se esconde otra forma de propagación muy peligrosa. En varios
países se ha detectado ayuda alimenticia con porcentajes transgénicos. En
Nicaragua, una ONG llamada 'Soy Nica', promociona el uso de la soja, incluso
como sustituto del vaso de leche en niños de preescolar. Dispone de una
microempresa de productos derivados de la soja, que fue financiada por la
Fundación Interamericana-IAF. Basta un pequeño paseo por la web, para descubrir
que 'La Fundación Interamericana (IAF) está gobernada por un Consejo Directivo
integrado por nueve miembros designados por el Presidente de EE.UU...
En Argentina, con el 'Plan de Soja Solidaria' de telón de fondo, la diputada
María E. Talotti elaboró una ley que pretende imponer la soja, obligando su
inclusión en comedores, colegios, hogares y jardines maternos de Buenos Aires,
alegando que se está '... contribuyendo a mejorar la situación de muchos niños,
adolescentes y adultos que por distintas razones no reciben la alimentación
adecuada.' Mientras, numerosos expertos desaconsejan la soja, especialmente en
niños menores de cinco años y sobretodo en menores de dos.
Y este amor platónico a la soja ¿A qué se debe?. Es muy sencillo y a la vez
monstruoso. Si se analiza que el 61% de la soja en el mundo es transgénica y
patentada, se deduce el interés que tienen algunos en inventar nuevo hábitos
alimenticios y de esta forma abrir mercados.
Los OMG no entienden ni obedecen las normas burocráticas y administrativas que
el humano crea. Carecen de ética y moral. Un OMG no para cuando el semáforo está
en rojo, no va a la iglesia, ni tampoco se indigna, al ver las fotos de presos
torturados en Irak. Un transgénico, no sabe ni entiende si es de consumo humano
o no.
El maíz transgénico Starlink no es apto para el humano, pero
logró contaminar maíz normal que si lo era. Luego, se filtró a los 'Taco Bell'
de la marca Kraft, hasta que se detectó. Para ese entonces, muchas personas ya
lo habían ingerido, y hoy se cree que podía ser la causa de decenas de alergias,
en ciudadanos estadounidenses.
Este caso deja clara una cosa: Las normas humanas no valen y la inocuidad de los
transgénicos pasa por domarlos. Algo imposible hoy en día. Los manuales, los
paquetes tecnológicos, la lógica y el saber científico se quedan en papel
mojado, ante la cantidad y complejidad de fenómenos y procesos, que puede sufrir
el ADN manipulado y el OMG dentro del ecosistema. Creemos conocer el universo y
a duras penas llegamos a Marte.
Dijeron
que no pasaría, pero parece que ya está pasando.
El estudio más importante, para determinar las consecuencias
en la salud y el medio ambiente de un alimento transgénico, fue efectuado por el
Dr. Arpand Pusztai, en el Instituto Rowett de Escocia. Las pruebas de
laboratorio en ratas alimentadas con patatas transgénicas, mostraron
debilitamiento del sistema inmunológico, desarreglos en el desarrollo de órganos
internos, interferencia en el crecimiento de ratas jóvenes y cambios en la
estructura y función intestinal.
El Dr. Stanley Ewen, histopatólogo consultante en el Grampian University
Hospitals Trust (Aberdeen - Escocia), citó información que profundiza en las
consecuencias gastrointestinales de ratas alimentadas con patatas transgénicas y
narró efectos en el hígado de ratas femeninas, alimentadas con soja transgénica.
Pruebas en ratones con patatas transgénicas portadoras de la toxina Bt,
revelaron problemas en la parte inferior del intestino delgado (ileón).
Un informe presentado a la FDA, anterior al año 1999,
descubría daños en el estómago de ratones femeninos, alimentados con tomates
transgénicos Flavr Savs. En pruebas efectuadas a la soja transgénica RR, se
detectó una reducción considerable de fitoestrógenos. Y en los estudios del maíz
transgénico Chardon LL, se observaron diferencias significativas en grasa,
fibras y proteínas, respecto a la contraparte natural.
Patrice Courvalin, Director de la Unidad de Agentes Antibacterianos del
Instituto Pasteur, se adentra en otro de los riesgos: resistencia a
antibióticos. El problema médico sería grave. Muchos antibióticos podrían quedar
neutralizados por las bacterias patógenas. Advierte que las posibilidades y
mecanismos de intercambio de material genético entre organismos es inmensa.
Bacterias patógenas podrían asimilar el gen transgénico de
resistencia, en el aparato digestivo, a través de un alimento transgénico que lo
contenga. También por las bacterias de los campos, una vez la planta transgénica
se descompone. Courvalin cita genes de resistencia, utilizados ya por las
multinacionales. El gen blaTEM-1, se inserta en un maíz transgénico de la
empresa Novartis y es capaz de generar la penicilinasa, que puede degradar las
penicilinas (penicilina G, ampicilina, amoxicilina, etc...).
En el año 2002, en la Universidad de Newcastle se realizaron las primeras
pruebas en humanos, demostrando que después de una sola comida, material
transgénico había sido adquirido por las bacterias del intestino, en tres de las
siete personas con colostomía que participaron del ensayo. Contrariamente a lo
que dice la ciencia corporativa y privada, el material transgénico no pudo ser
eliminado en el aparato digestivo humano. Dicha persistencia, también permitiría
que los genes transgénicos se pudieran transferir a la sangre y al genoma de
células de mamíferos, con el riesgo de cáncer.
En Filipinas, personas que viven cerca de campos de maíz transgénico, tuvieron
diversos problemas, coincidiendo con la época de mayor presencia de polen en el
ambiente. Terje Traavik, director del Norwegian Institute for Gene Ecology,
detectó que las muestras de sangre contenían los anticuerpos que el organismo
genera, ante la presencia de la toxina Bt, que es la que contiene el maíz
transgénico Bt11.
En Reino Unido, el York Nutritional Laboratory denunció años atrás, un aumento del 50% de alergias relacionadas a la soja. En Irlanda, el Irish Doctors' Environmental Association, detectó un incremento de alergias en niños, también relacionadas con la soja.
En los tres casos expuestos, no hay pruebas exactas de que el maíz y la soja transgénica, sean la causa de afectaciones y alergias; pero existen sospechas, que deberían inducir medidas preventivas e investigaciones profundas. Sobretodo, porque investigaciones realizadas por Tayabali y Seligy, detectaron que la toxina Bt11 y sus subespecies, producían toxicidad en células humanas expuestas.
Algunos tecnócratas, alegarán que el aerosol Bt utilizado en
agricultura biológica, también produce dicha toxicidad. Pero omiten que solo
puede afectar a quién lo aplica, si éste no toma las precauciones adecuadas. Y
si se limpia bien la cosecha que se roció con Bt, se eliminarán las bacterias y
sus esporas. Sin embargo, las cosechas transgénicas, llevan las toxinas Bt en
cada una de sus células, por lo que la ingestión de éstas es inevitable. Además,
se pueden propagar con el polen, contaminar otras cosechas y plantas silvestres
y acabar filtradas en nuestra dieta, sin enterarnos (claro ejemplo, el del maíz
Starlink).
Otro riesgo, es el consumo de alimentos transgénicos atiborrados con químicos.
En Estados Unidos, según el Departamento de Agricultura, ha existido un aumento
neto de 50 millones de libras de pesticidas, coincidiendo con el ascenso de los
cultivos transgénicos.
En Argentina, en seis años se ha multiplicado por diez, la
cantidad de Roundup (Glifosato) aplicado en los campos, debido al incremento de
cultivos de soja transgénica que lo requieren. El glifosato es peligroso, puede
provocar diversos problemas en la salud humana y como todos los agroquímicos,
desarrolla un impacto negativo en el medio ambiente.
Existen otros factores de riesgo menos conocidos, como la alimentación de
animales de granja, con forraje transgénico, o la proliferación en el ambiente,
transferencia y posible recombinación, del transgén barnasa, utilizado para
obtener la esterilidad en la planta.
Durante la fase de creación del OMG, también pueden surgir potenciales riesgos
para la salud de las personas. La ingeniería genética permite crear rápidamente
en un laboratorio, millones de recombinaciones genéticas inéditas, entre ADN de
distintas especies, que no podrían ocasionarse en la naturaleza. Como se decía
antes, los organismos transgénicos son altamente inestables, por lo que pueden
fragmentarse, produciendo efectos inesperados y transfiriendo genes a otras
especies cercanas (transferencia horizontal).
Por si fuera poco, los virus y bacterias son manipulados
genéticamente y sirven de banco de genes para otras modificaciones. Por eso, en
el año 2003, el Grupo de Ciencia Independiente advirtió que estos productos no
son seguros y que sus peligros son inherentes al proceso mismo de ingeniería
genética, afirmando que manejar genes puede causar la creación accidental de
supervirus, secuencias transgénicas que pueden inducir cáncer o acelerar el
desarrollo de bacterias resistentes a antibióticos.
Conclusión: Dudas, anomalías, bacterias patógenas, falta de transparencia,
incertidumbre, favoritismo, secretismo, virus, estudios incompletos,
recombinaciones, científicos presionados, dólares, administración corrupta,
riesgos, sospechas, química, debate, alergias, confrontación, laboratorios,
falta de voluntad, informes defectuosos, procedimientos inadecuados, presiones,
desinformación, equivalencias, cáncer, desconocimiento, interrogantes, etc...
Creo que se me quitó el apetito. ¿Y a usted?
La
Paradoja de los Transgénicos en Argentina. Por Lilian Joensen-Mae-Wan
Ho.
Los impulsores de los alimentos manipulados genéticamente
sostienen que son necesarios para combatir el hambre en los países en desarrollo
y reducir el uso de plaguicidas. La experiencia, sin embargo, demuestra lo
contrario: los cultivos transgénicos exacerbaron la pobreza y el hambre,
incrementaron el uso de herbicidas, crearon nuevos riesgos para la salud,
provocaron deforestación y destruyeron tierras agrícolas y medios de vida.
En los años 90, durante el gobierno neoliberal de Carlos Menem (1989-1999), la
política económica estimulada por el Fondo Monetario Internacional y el Banco
Mundial llevó a la privatización de los servicios de agua, electricidad,
ferrocarriles, petróleo, gas, minería, etc.
La economía fue informalmente dolarizada por el llamado 'plan
de libre convertibilidad' del peso, que fijó el valor de la moneda nacional al
dólar. Así, se volvió más barato importar. La industria nacional no soportó la
competencia y pronto sucumbió, mientras el capital transnacional obtenía rienda
libre. Los recortes del gasto público provocaron un grave deterioro de los
sistemas de salud y educación para la mayoría de la población.
En este marco, la investigación científica en las universidades y otras
instituciones públicas fue secuestrada por las empresas multinacionales de
biotecnología, lo que dio lugar a una orgía de experimentos transgénicos.
Pronto, la agroindustria (Monsanto, Aventis, Dow, Bayer, Cargill, entre otras
grandes empresas) controlaba libremente la política agrícola argentina.
Como resultado, Argentina produce hoy soja transgénica en casi 13 millones de
hectáreas de su territorio. Esta enorme expansión ocurrió a expensas de los
cultivos tradicionales de alta calidad y de la producción de ganado. Un país que
producía alimentos variados y saludables para el óctuplo de su población, hoy
debe importar leche, lentejas, arvejas, algodón y otros productos.
Unas 160.000 familias de pequeños agricultores argentinos abandonaron sus
tierras en la última década, incapaces de competir con los grandes hacendados.
La soja transgénica sirvió para exacerbar esta tendencia hacia la agricultura
industrial, de gran escala, acelerando la pobreza.
La soja Roundup Ready de la empresa biotecnológica Monsanto requiere claramente
más, y no menos, herbicidas que la soja convencional. En 2001, se utilizaron 9,1
millones de kilogramos más de herbicidas en plantaciones de soja transgénica que
en la convencional. Además, el uso de glifosato se duplicó al pasar de 28
millones de litros en el período 1997-98 a 56 millones en 1998-99, y llegó a 100
millones en la última temporada (2002).
La soja Roundup Ready también rinde de cinco a 10 por ciento menos que las
variedades no transgénicas cultivadas en suelos similares, como concluyeron
estudios realizados en Estados Unidos. Científicos de la Universidad de Arkansas
demostraron que el desarrollo de las raíces, la formación de nódulos y la
fijación de nitrógeno son inferiores en algunas variedades de soja Roundup Ready,
especialmente en condiciones de sequía o en campos de baja fertilidad. Esto se
debe a que la bacteria simbiótica que fija el nitrógeno en la soya, la
Bradyrhizobium japonicum, es muy sensible a la sequía y al Roundup.
Argentina comenzó a concentrarse en la exportación de soja cuando debió
rembolsar deuda externa con ingresos obtenidos mediante productos básicos de
exportación. En el último cuarto de siglo, la producción de soja aumentó a un
ritmo sin precedentes, de una superficie de 38.000 hectáreas en la década de
1970 a 13 millones de hectáreas en la actualidad. Cerca de 70 por ciento de la
soja cosechada se convierte en aceite, la mayoría del cual se exporta. Argentina
provee 81 por ciento del aceite de soja y 36 por ciento de la harina de soja
exportados mundialmente.
El mercado de la soja es floreciente, y la oferta de Monsanto de semillas de
soja Roundup Ready subsidiadas y de glifosato barato en 1996 resultó
irresistible para los agricultores argentinos.
Casi la totalidad de las 13 millones de hectáreas de cultivos de soja están
ocupadas por soja transgénica, y en particular Roundup Ready. El algodón y el
maíz transgénicos cubren otro millón de hectáreas en conjunto. Monsanto también
solicitó permiso para cultivar maíz Roundup Ready.
Argentina es actualmente el segundo productor mundial de soja transgénica. El
país ha convertido su tradicional agricultura mixta y de rotación, que aseguraba
la fertilidad del suelo y minimizaba el uso de plaguicidas, en un virtual
monocultivo de soja transgénica.
Los problemas financieros de los agricultores seguramente empeorarán ahora que
Monsanto comenzó a cobrarles regalías por sus semillas. Antes, los agricultores
podían utilizar sin cargo las semillas obtenidas en sus cosechas. Ahora, casi 10
millones de hectáreas de tierras pertenecientes a pequeños agricultores en
quiebra van a ser rematadas por bancos.
Ante el incremento de la pobreza, la superabundancia de soja y el déficit de
otros productos agrícolas, el gobierno comenzó a promover la soja como una
alternativa saludable a alimentos tradicionales como la carne y la leche. Así,
lanzó la campaña Soja Solidaria. Los comedores populares comenzaron a servir
comidas a base de soja, y los libros de cocina incluyen recetas también a base
de soja. Como resultado, muchos argentinos consumen soja a diario.
Sin embargo, abundantes pruebas científicas demuestran que una dieta con
demasiada soja puede tener efectos perjudiciales, como inhibir la absorción de
calcio, hierro, cinc y vitamina B12. Los médicos argentinos ya están observando
esos síntomas. Uno de los problemas más preocupantes es la pubertad temprana en
las niñas, posiblemente vinculada con los altos niveles de fitoestrógeno de la
soja.
Otros problemas de salud son consecuencia del uso extendido de glifosato (Roundup),
que está invadiendo el suministro de agua. Trascendió que el producto es a veces
rociado desde el aire, sobre campos, casas y personas. Los efectos más visibles
son irritaciones de la piel y los ojos, pero informes de médicos y residentes
locales sugieren también un pronunciado aumento de la incidencia de cáncer en
poblaciones cercanas a cultivos de soja Roundup Ready.
Campesinos de Santiago del Estero, en el norte de Argentina, denunciaron
amenazas de grandes terratenientes vinculados a empresas semilleras y
respaldados por fuerzas policiales y parapoliciales que pretenden sacarlos de
sus tierras para plantar soja Roundup Ready, aunque han vivido allí durante
generaciones. Uno de los métodos que utilizan para intimidarlos consiste en
prender fuego a los bosques y hacer disparos.
Estudios realizados en la Universidad de la Provincia de Formosa revelaron
graves problemas de salud en comunidades de agricultores debido a la fumigación
con pesticidas sobre campos vecinos cultivados con soja Roundup Ready. Su
producción vegetal y animal, de la que dependen para vivir, ha sido
completamente destruida. Un juez prohibió el uso de pesticidas sobre soja
Roundup Ready, pero las grandes empresas ignoran la prohibición y siguen
fumigando.
También han aparecido hierbas resistentes al Roundup, entre ellas Commelia
erecta, Convulvulus arvensis, Ipomoea purpurea, Iresine difusa, Hybanthus
parviflorus, Parietaria debilis, Viola arvensis, Petunia axillaris, Verbena sp,
Hybanthu sparviflorus, Tragopogon sp, Senecio pampeanus, Sonchu soleraceus,
Sonchu sasper y Taraxa cumofficinale.
Para combatirlas, se volvió a utilizar herbicidas altamente tóxicos, a los que el glifosato supuestamente debía reemplazar, algunos de ellos prohibidos en otros países. Se trata de 2,4 D, 2,4DB, Atrazina, Paraquat, metsulfuron-metil e Imazetapyr. También ha surgido un hongo nuevo en Argentina (Phakopsora sp.), que se está extendiendo y requiere un fungicida adicional.
Para combatir el 'complejo de insectos' que invade las
plantaciones de soja (Nezara viridula, Piezodorus guildinii, Edessa meditabunda,
Dichelops furcatus), se recomienda a los productores usar endosulfato junto con
cipermetrina, cuya mezcla es extremadamente tóxica para las abejas y los peces,
y muy tóxica para las aves. Las recomendaciones incluyen el precio de los
insecticidas, incluso de la fumigación aérea.
El equilibrio agrícola de Argentina se vio gravemente afectado por la
concentración en la exportación de soja. La producción tradicional de leche,
trigo y carne disminuyó, y ahora el país importa lo que antes exportaba. Otros
productos, como lentejas, arvejas, maíz dulce y distintas variedades de papa y
boniato han desaparecido, junto con las industrias que los procesaban.
Los productores de miel también fueron afectados por la
contaminación transgénica, la pérdida de diversidad de flora y la muerte de
abejas intoxicadas con herbicidas. Esto no sólo es malo para la economía
nacional, sino también para la salud y la nutrición de toda la población.
La plantación de soja comenzó en la Pampa argentina, una de las seis regiones de
mayor productividad agrícola del mundo, con unos nueve millones de hectáreas de
suelo alguna vez rico en nutrientes y materia orgánica. Hace 10 años, se
introdujo el método de siembra directa para reducir la erosión. Las semillas se
plantan directamente en la tierra, sin ararla antes, y se utilizan herbicidas
para eliminar las hierbas. La siembra directa es promovida como una técnica
agrícola ambientalmente sustentable.
Cuando se lanzó la soja transgénica tolerante a herbicidas, fue ampliamente
aceptada en Argentina, porque se adecuaba a la perfección al método de siembra
directa. La tasa de adopción de la soja transgénica sobrepasó incluso las
expectativas de los vendedores más optimistas de la industria, desde que los
agricultores comenzaron a usar glifosato para eliminar hierbas en combinación
con la soja transgénica, tolerante al glifosato.
Pero pronto aparecieron problemas. Aunque la siembra directa
redujo el ritmo de erosión, aparecieron nuevas pestes, y el nivel de nitrógeno y
fosfatos del suelo disminuyó de manera notable. Más recientemente, aparecieron
hierbas resistentes a herbicidas, lo que hizo necesario el uso de productos más
tóxicos, como ya se mencionó.
La conversión de tierras para plantaciones de soja Roundup Ready provocó
deforestación en Argentina, con graves efectos sobre la biodiversidad y los
recursos hídricos. 'Hemos perdido más de 130.000 hectáreas de bosques', lamentó
Javier Corcuera, director de la Fundación Vida Silvestre de Argentina. 'Si
seguimos así, sólo podremos esperar más inundaciones y menos recursos naturales
para la población'.
La técnica de la siembra directa con soja Roundup Ready, promovida como forma de
reducir las emisiones de dióxido de carbono, provoca además la compactación del
suelo, lo que exige más agroquímicos cada año.
'En Argentina, la historia de 'éxito' de la soja debe atribuirse principalmente
al marketing de las compañías semilleras involucradas, y no a razones
científicas ni a la experiencia agrícola', afirmó Walter Pengue, Ingeniero
Agrónomo especializado en mejoramiento genético de la Universidad de Buenos
Aires.
Fuente: Argenpress.